Un lugar para chicos muy listos

Adimac, la Asociación para el desarrollo integral de niños con altas capacidades, establece su sede en Gobelaurre, en Getxo

ANE ONTOSOGETXO.
Los padres y los niños ya han estrenado su nueva sede. ::
                         MITXEL ATRIO/
Los padres y los niños ya han estrenado su nueva sede. :: MITXEL ATRIO

«Mi hijo estuvo dos años con fiebre por estrés y ansiedad. Sólo se le quitó al cambiarle de colegio». Este es un ejemplo de las historias que viven muchos niños con altas capacidades. Se aburría en clase y el centro no quiso seguir las pautas que acompañan a estos casos. Desde los tres años ya destacaba. Al apuntarle al Grupo de Alto Rendimiento (GAR), extraescolar donde se fomenta el interés y las ganas de aprender, descubrió que había otros niños como él. Al mismo tiempo, sus padres acudieron a la Asociación para el desarrollo integral de menores con altas capacidades (Adimac) y fue allí donde recibieron apoyo y asesoramiento sobre la situación de su pequeño, junto con las otras 51 familias asociadas.

Con una novedad: no se requería el certificado de Coeficiente Intelectual. Esta asociación ha sido pionera en ello, ya que siempre ha sido obligatorio en el resto.

Desde que se formó en 2008, Adimac no ha parado de ayudar a padres e hijos con altas capacidades. No tenían un local físico así que se reunían en casa de alguno de los miembros de la asociación, en su despacho profesional o, incluso, en una cafetería. Donde fuese con tal de que nadie se quedase sin atención. Ayer llegó el final de esta etapa. Con gran entusiasmo, se inauguraron los nuevos locales en el Parque Gobelaurre cedidos por el Ayuntamiento. «Ahora todo estará más organizado y con un horario fijo», explicó Elisa Álvarez, vicepresidenta de ADIMAC. Tener un hijo con altas capacidades puede resultar un arma de doble filo. «Si lo encauzas bien, no habrá problema. Si no, ocurre lo contrario y puede llegar a ser fracaso escolar», advirtió la madre de Ander, un niño que a los nueve meses ya se sabía el abecedario.

«Dejó de comer en el comedor y, al no comunicármelo, llegó a tener anemia. En clase no hacía las fichas para no destacar y poder convertirse en igual o peor que los demás y así llamar la atención. Empezó a aislarse y le llevé incluso al psicólogo. El pedagogo del colegio me dijo que estaba obsesionada con que mi hijo era superdotado. Al menos, cuando demostré que tenía altas capacidades, reconoció su error».

Aprender o aburrirse

«En general los centros son reacios y te cuestionan mucho. Parece que como es muy listo tiene que aprender a aburrirse o asimilar conocimientos él sólo. Los profesores deberían estar preparados para poder detectar estos casos», apuntaron un grupo de padres. «Piensan que son raros y se tiende a hacerles más raros. Tuve que llevar al colegio un vídeo para enseñarles lo que sabía hacer mi hijo. Mi mujer y yo nos llegamos a sentir muy frustrados; pensamos que era cosa nuestra y no era así», añadió otro progenitor.«Hay gente que piensa que son bichos raros pero, en realidad, este tipo de personas van a ayudar al mundo. Son los creativos», afirmó Álvarez.