El odio a EE UU incendia el mundo árabe

La Embajada norteamericana en Yemen es asaltada en medio de las crecientes protestas por la película que se burla de Mahoma

MIKEL AYESTARAN
Los manifestantes rompen los cristales de la Embajada de EE UU en Yemen. ::                         REUTERS/
Los manifestantes rompen los cristales de la Embajada de EE UU en Yemen. :: REUTERS

Viernes de oración y viernes bajo la amenaza de nuevas protestas en todo el mundo musulmán. La película satírica sobre la vida de Mahoma fue la chispa a inicios de semana de unas movilizaciones que con el paso de los días se han convertido en ataques directos contra las legaciones de EE UU en Egipto, Libia -donde el embajador estadounidense, Christopher Stevens, murió junto a otros tres funcionarios en el asalto del martes-, y Yemen. Este es el último país en añadirse a una lista a la que ya se han sumado Irak, Irán o Argelia, donde los principales partidos religiosos han convocado marchas tras el rezo del mediodía. En Pakistán y Afganistán, donde se produjeron las respuestas más violentas por la publicación de las caricaturas de Mahoma en 2005 y la quema de los Coranes en marzo en la base de Bagram, las autoridades han blindado las sedes diplomáticas para prevenir ataques.

Después del asalto al consulado de Bengasi y de los cientos de heridos en los enfrentamientos en El Cairo, EE UU puso en alerta a todas sus legaciones y en lugares como Saná el estallido de una gran protesta era cuestión de tiempo. La capital de Yemen, donde esta embajada ha sido atacada en varias ocasiones en los últimos años, amaneció con una gran manifestación contra el filme que ridiculiza al Profeta. La protesta fue alentada por los principales clérigos salafistas, con Abdul Majid al-Zindani al frente, religioso de 70 años incluido en la lista terrorista de EE UU y considerado por Occidente el padre espiritual de Al-Qaida.

Pese a las fuertes medidas de seguridad en Saná, cientos de personas rompieron el primero de los tres anillos de seguridad de la Embajada, escalaron los muros y lograron quemar la bandera y causar daños en mobiliario y parque móvil. Fueron aproximadamente dos horas de desconcierto en las que las imágenes vividas en el consulado de Bengasi volvieron a cobrar fuerza cuando uno de los edificios fue pasto de las llamas a causa de los artefactos incendiarios. Al menos cuatro manifestantes perdieron la vida por los disparos de las fuerzas yemeníes, un balance que pudo ser mucho más sangriento si no hubiera sido por la orden del embajador de no abrir fuego, según fuentes próximas a la legación consultadas.

Durante todo el asalto, el personal diplomático permaneció en el interior del complejo, a donde no pudieron acceder los exaltados, que a diferencia de Libia no portaban armamento, solo piedras, palos y cócteles molotov. En el caso libio, la coincidencia con el aniversario de los atentados del 11-S, la agresividad de la operación y la capacidad para mantener el fuego durante más de cuatro horas hacen que cobre fuerza la teoría sobre un ataque bien planeado frente a una simple protesta por la película.

«Todo el mundo sabía que esta legación era un objetivo claro después de lo visto esta semana pero, pese al dispositivo de seguridad desplegado, los manifestantes lograron pasar y en el último momento se sumaron algunos grupos violentos», lamenta un diplomático europeo consultado por teléfono. Un error en la seguridad que algunos medios yemeníes atribuyen a los problemas internos del país por la división entre partidarios y detractores del expresidente Alí Abdula Saleh, que ocupó el poder durante 34 años. Su sucesor en el cargo, Abd Rabbo Mansour Hadi, condenó inmediatamente los incidentes y ordenó una investigación para esclarecer esta acción que «pone en peligro la buena relación entre nuestros pueblos».

La «amenaza global»

La relación entre los países de la región se ha estrechado en los últimos meses gracias a la cooperación en la lucha contra Al-Qaida en la Península Arábiga (AQPA), nombre que recibe la red terrorista tras la fusión de los grupos de Yemen y Arabia Saudí en 2009, cuyo último fruto fue la muerte del 'número dos' de la organización, Said al-Shahri, el lunes en la provincia de Hadramout, en el este del país.

«Estos altercados, así como el auge de los grupos radicales son factores que favorecen a los perdedores de los procesos revolucionarios en el mundo árabe y a los republicanos estadounidenses, que echan en cara a Obama haber retirado el apoyo a los dictadores que mantenían a los islamistas a raya», opina el analista yemení Ali Saeed, que no puede entender esta oleada de protestas fuera del contexto de la campaña electoral estadounidense, donde «están en juego los éxitos logrados por las revoluciones».

La legación española en Saná reforzó la seguridad con la llegada de nuevos efectivos de las fuerzas yemeníes y ofreció refugio en sus dependencias a la colonia hasta una mejora de la situación, aseguró el embajador Javier Hergueta, para quien «Al-Qaida está muy activa y es la mayor amenaza para la transición». Tras 30 años de dictadura una revolución que siguió el ejemplo de Egipto o Túnez puso contra las cuerdas a Saleh, que cedió el poder en febrero a cambio de inmunidad.

Desde la salida del dictador, las nuevas autoridades tratan de llevar adelante una hoja de ruta que tiene ante sí dos años clave para el futuro del país antes de la celebración de elecciones generales. Yemen es la «amenaza global», según Estados Unidos, y AQPA es el brazo internacional más activo de Al-Qaida, que se ha servido del caos político para asentar sus bases.