Intercambio de tiempo solidario

Más de una treintena de personas asociadas a Auzopolis celebraron su cumpleaños en Ermua reuniéndose en torno a una merienda

AINHOA LASUENERMUA.
El restaurador Andoni Doce ejerció de profesor voluntario en el taller celebrado el martes. ::
                         A. LASUEN/
El restaurador Andoni Doce ejerció de profesor voluntario en el taller celebrado el martes. :: A. LASUEN

Su objetivo es intercambiar su tiempo y esta vez también lo hicieron, pero en torno a un menú y una mesa. Después de pasar un lustro trocando tareas para ayudar a sus vecinos, decidieron celebrar el cumpleaños del Banco del Tiempo charlando, elaborando un estupendo menú y degustándolo posteriormente.

Más de una treintena de las alrededor de 75 personas asociadas de Auzopolis se reunieron el martes en Ermua para celebrar su quinto cumpleaños trabajando los unos con los otros. Entre ellas se encontraban Rosa Losada o Marisabel Garitagoitia, que mientras atendían a las explicaciones del restaurador ermuarra del Urkaregi, Andoni Doce, que ejercía de profesor voluntario de un taller para elaborar la merienda elegida, alababan las ventajas del Banco del Tiempo.

En estos cinco años Marisabel ha tenido la oportunidad de elaborar postres, llevar a un niño a la ikastola o ayudar a otros asociados con sus habilidades de costura y algunas de sus horas le han sido devueltas pintándole la casa al hijo o con otras tareas de costura. Ella es asociada de Auzopolis desde un comienzo «porque me gusta su filosofía que no está precisamente de moda en nuestra sociedad». «Además, otra ventaja es que economizas, porque lo que no sabes hacer te lo hacen y lo que sabes hacer lo haces para otros».

Rosa lleva dos años como asociada y ha cuidado a un niño y ha elaborado postres, a cambio de lo cual han realizado labores de fontanería en casa de su hija, que también se ha unido al colectivo. Para ella Auzopolis ha supuesto un apoyo durante este tiempo, «conoces a mucha gente y me siento bien ayudando», explicaba esta ermuarra, que ha aprovechado los diferentes talleres de cocina «porque también aprendimos a hacer Sanblases el año pasado».

Giselle Vasconcelos y Mariam Diarra tambien se acercaron a la celebración con sus hijos e hijas, (Tayná, Aisa y Cheick Omar), que de este modo pudieron disfrutar de la piñata, las caretas, las pinturas y las 'chuches' preparadas para los más pequeños.

Aprender idiomas

Giselle participa en la asociación casi desde el principio. «Cuidaron de mi niña para que pudiera hacer un curso de castellano». Ella vino de Brasil y esta ayuda fue imprescindible «porque son como mi familia, ya que desde que vine de Brasil no tengo cerca a mis padres y mi marido está trabajando, por lo que si necesito ayuda se la tengo que pedir a ellas», aclaraba. Como intercambio también ha cuidado niños.

Mariam Diarra, que lleva tres años en Auzopolis, también se encontraba en esa situación, ya que al venir de Mali no contaba con una familia cerca, por lo que «se encargaron de llevar a mi hijo al cole mientras yo estaba de parto de mi hija», explica agradecida. A cambio ella dio clases de francés.

«La asociación es una forma de aprender idiomas, como el francés o el portugués, cuando no tienes dinero para ello», afirmaba Giselle animando así a sus asociados. De hecho, el hijo de Teresa Alonso se benefició de unas clases de inglés y a ella le colocaron el parqué flotante en una habitación. Ella se había encargado también del cuidado de niños para la asociación.

Otros ejemplos de estos intercambios son el de Andrés Tirso que ayudó a colocar unas lámparas y a cambio consiguió que le llevaran al aeropuerto, o Luis Carlos Rasero, al que cortaron el pelo, aunque aún no ha tenido la oportunidad de devolver esa hora. No obstante se animó a participar en Auzopolis «porque es muy interesante que fluyan las actividades sin que medie el dinero, intercambiando únicamente el tiempo. Lo recomiendo».

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