«La imagen es lamentable»

La comunidad italiana en Euskadi asiste con hastío y preocupación al fin de la era Berlusconi

C. BARREIRO BILBAO / VITORIA.
Umberto de Marco, en Las Arenas. ::
                         P. URRESTI/
Umberto de Marco, en Las Arenas. :: P. URRESTI

«Italia es diferente, pero lo que está pasando con el Gobierno de Berlusconi es demasiado hasta para nosotros». Cinco italianos afincados en Euskadi cuentan cómo viven desde la distancia la crisis que atraviesa su país.

Sara Caliari Verona (41 años). Lleva 7 en Bermeo. Propietaria de una tienda en el Casco Viejo de Bilbao.

«Hasta que no lo vea irse, no me fío»

Sara siempre ha presumido de ser italiana, «de Verona» concretamente. Hasta hace unos años. «Antes ibas a cualquier país y todo el mundo te hacía la misma gracia. Que si las pizzas, los espagueti... Resultaba pesado, pero tenía hasta su encanto. Ahora directamente se mofan de nosotros. Dices de dónde eres y te preguntan por el 'bunga bunga' y las velinas del presidente. La imagen que transmite Berlusconi del país es lamentable», reconoce con cierta resignación.

Casada con un bermeano al que conoció en Japón, donde ambos daban clases de idiomas, y propietaria de una tienda de pasta fresca en el Casco Viejo de Bilbao, Sara Caliari ve con «preocupación» la delicada situación económica y política que atraviesa Italia. «La verdad es que nunca he sido partidaria de Berlusconi, pero reconozco que al principio parecía que tenía toda la intención de hacer cosas por el bien común. Lo que ocurre es que todas esas reformas que prometía se han convertido con el paso de los años en un chiste que ya no tiene ninguna gracia y que además puede arrastrar a todos los europeos».

Sara es de las que piensan que Silvio Berlusconi «tiene que desaparecer» de la escena política italiana «ya» para dejar paso a un Gobierno técnico que «recupere la credibilidad» del país transalpino, aunque esta italiana que lleva siete años afincada en Bermeo no las tiene todas consigo. «Hasta que no lo vea irse, no me fío».

Michele Casella Milán (35 años). Reside en Etxebarri hace 5. Vigilante

«Lo que está pasando se veía venir hace tiempo»

Michele se define como una persona «de centro» en un país de «mentalidad empresarial» donde «la izquierda prácticamente no existe» y el «compromiso social» de los ciudadanos «brilla por su ausencia». «Nos quejamos mucho, pero no hacemos nada», admite sin tapujos este vigilante de seguridad milanés de 35 años afincado en Etxebarri para explicar el cisma político y económico que sacude Italia. «Lo que está pasando con Berlusconi se veía venir. Hace tiempo que las cosas no funcionan como deberían, por eso me fui del país en octubre de 2006. Los impuestos son altísimos y aun así te ves obligado a pagar por servicios que teóricamente tendrían que ser gratuitos como la asistencia médica o la enseñanza», denuncia. Para Michele Casella, uno de los «problemas» de Italia desde el punto de vista político es la ausencia de una oposición fuerte que le plante cara al «todopoderoso» magnate de los negocios devenido en primer ministro estrella. «Hace tiempo que dejé de votar porque no me identifico con ningún partido, pero no nos engañemos, si Berlusconi sale es porque los italianos le apoyan en masa», insiste el vigilante milanés.

Michele entiende que a ojos de un extranjero todo lo que está ocurriendo en su país resulte cuando menos extraño. «Es que hay cosas que solo pasan en Italia. En cualquier otro lugar sería impensable que un presidente imputado en escándalos sexuales con menores y con un montón de juicios pendientes por soborno y malversación se mantuviese en el poder. Pero los italianos lo ven como un tema personal, no como un problema político y por lo tanto no le dan más importancia», explica.

Enzo Geraci Palermo. Hostelero afincado en Vitoria hace 30 años.

«Italia no es Grecia, saldremos adelante»

Aunque Enzo Geraci lleva más de treinta años fuera de Italia -regenta una pizzería en Vitoria-, no es ajeno al problema que vive su país. Y tiene claro quién es el responsable de que toda Europa mire con recelo a la economía italiana. «La culpa de esta presión del resto de Europa es la imagen que Berlusconi ha dado con su Gobierno, porque lo que han visto claro Merkel y Sarkozy es que Italia no puede seguir con un Ejecutivo en el que el magnate esté al frente», advierte Geraci, consciente de que la salida del presidente «va a cambiar el panorama. En cuanto salga, las cosas ya se van a arreglar un poco, porque su Gobierno ha sido un circo en el que él era el payaso», resalta.

Enzo tiene fe en la fortaleza italiana para resistir el peso de su deuda pública. «Italia no es como Grecia, tiene un tejido industrial fuerte para resistir esta crisis, pero no basta con eso, hay que limpiar el país de la gente como Berlusconi que se aprovecha de la fortaleza del país en su propio beneficio», apunta, en referencia a los excesos de la clase política, como las pensiones vitalicias de los diputados o la posibilidad de que los funcionarios se jubilen con solo 20 años de cotización. «Hay que acabar con el gasto público inútil», critica. Para Geraci la situación de la economía italiana no es nueva. «Cada cuatro u ocho años siempre se oye que Italia se está hundiendo, pero nunca lo hace, y yo creo que es difícil que lo haga, porque si se hunde se lleva gran parte de Europa con ella», opina.

Umberto de Marco Nápoles (34 años). Vive en Getxo desde hace una década. Director de Casa Italia.

«Muchos italianos ven en Berlusconi un ejemplo»

Pese a que Silvio Berlusconi nunca ha sido santo de su devoción, al napolitano Umberto de Marco no le sorprende el arrollador éxito del magnate entre el electorado de su país. «A diferencia de lo que se piensa, el gran semillero de votos de la derecha italiana no se encuentra en el norte sino en el sur, donde una parte muy importante de la población -especialmente la masculina- lo ve como una persona a la que admirar, un hombre de éxito hecho a sí mismo que pasó de vender aspiradoras y cantar en cruceros a convertirse en el hombre más poderoso de Italia. Y por eso le votan. De alguna manera, representa el sueño de miles de italianos que no solo justifican sus excesos sino que además envidian su vida», explica el director de Casa Italia, el Instituto Oficial de la Lengua y Cultura Italianas en Euskadi.

Umberto no esconde que estuvo a punto de votarle hace años, «pero el bolígrafo falló justo cuando iba a marcar la cruz sobre su casilla», circunstancia que este profesor de 34 años interpretó como una señal del destino. Anécdotas al margen, Umberto también es de los que cree que el suyo es un «país un tanto 'sui generis'» con un entramado político «muy complejo», difícil de entender fuera de sus fronteras. «Estamos acostumbrados a vivir en la cuerda floja. Siempre lo hemos hecho, pero ahora la cosa va más allá de las gracietas de un presidente encantado de conocerse. La cosa se ha puesto seria y hay que tomar medidas». Umberto está convencido de que el país «saldrá adelante, como hemos hecho siempre», pero también de que Berlusconi «morirá en batalla».

Remigio Piloni Macherata (45 años). Hostelero. 20 años en Bilbao.

«Este elemento es un impresentable»

«Elemento», «impresentable», «sinvergüenza». Al empresario hostelero Remigio Piloni no le entra en la cabeza cómo sus compatriotas han permitido que un «jeta» como Silvio Berlusconi llevase las riendas de la República. Muy crítico con la gestión y la imagen que el magnate transmite de los italianos -a su juicio, «lamentable»-, Piloni no duda en echar la culpa de todo lo que ocurre en el país transalpino al hasta ahora primer ministro. «Nos tiene al borde del desastre económico y no hace más que hacer el ridículo», denuncia.

Remigio sigue «con mucho interés» la actualidad de su país a pesar de llevar dos décadas viviendo en Bilbao, donde dirige el restaurante Hostalería Marchese del Porto, en pleno centro de la capital vizcaína. «Italia es el país de la eterna crisis, pero esto es demasiado hasta para nosotros», asegura. El empresario está convencido de que una parte importante de los votantes apoyan a Berlusconi «por interés», no por convicción sobre todo en el sur, donde las familias se votan unas a otras para pagar favores debidos.