Un padre decapita a su hija de dos años en Girona porque se lo ordenó «el demonio»

El hombre, que estaba en casa junto con su otra hija de seis años y que no sufrió daños, llamó a los servicios de emergencia para contar el crimen

CRISTIAN REINOBARCELONA.
Marcelo R.O., de 34 años y en paro, tuvo que ser reducido por seis agentes después de que se negara a poner las esposas y comenzase a emitir sonidos guturales. ::                         EFE/
Marcelo R.O., de 34 años y en paro, tuvo que ser reducido por seis agentes después de que se negara a poner las esposas y comenzase a emitir sonidos guturales. :: EFE

Consternación y dolor en Girona por el macabro asesinato de una niña de dos años a manos de su padre. El progenitor decapitó a la criatura con un cuchillo. La hermana de la niña, de seis años, veía en esos momentos la televisión en el salón de la vivienda, ajena a lo que estaba pasando. Eran las doce del mediodía y fue el propio Marcelo R.O., de 34 años y nacionalidad colombiana, el que llamó a los servicios de emergencia para relatar lo que acababa de hacer. Su explicación no pudo ser más macabra: «El demonio me ha dicho que mate a mi hija», declaró también a los policías después de ser detenido. Varios vecinos de la calle Oviedo de Girona, donde se produjo el crimen, ratificaron la siniestra versión. «¡El diablo!, ¡el diablo está aquí!», escucharon por el balcón por espacio de diez eternos minutos.

Varias patrullas de los Mossos d'Esquadra se presentaron en el domicilio familiar. El padre les abrió la puerta y les alertó de que el demonio seguía en el interior del piso. Cuando iba a ser esposado, Marcelo R.O. comenzó a emitir sonidos guturales y opuso una fuerte resistencia. Presa de los nervios, fue necesaria la actuación de seis policías y una inyección de calmantes para reducirle. La escena que se encontraron los agentes en la casa les revolvió el estómago: el cuerpo de la pequeña yacía decapitado sobre su cama. El padre participó posteriormente en la reconstrucción del crimen con el cadáver de su hija presente, hecho poco habitual, ya que por norma general este tipo de protocolos tienen lugar una vez el cuerpo ha sido retirado.

Poco después, la madre de las criaturas, que en el momento del trágico suceso se encontraba trabajando, tuvo que ser atendida de un ataque de nervios cuando fue reclamada para que se dirigiera a casa. Los servicios sociales se hicieron cargo de la hermana de la víctima, mientras que el padre fue ingresado en el hospital psiquiátrico de Salt (Girona), donde le practicaron unas pruebas y posteriormente fue conducido a la comisaría de los Mossos.

Según relataron los vecinos, la pareja llevaba dos años viviendo de alquiler en el barrio. El hombre estaba en el paro y se ocupaba de las niñas -recogía a la mayor en el colegio a las 12 horas-, mientras que la mujer trabaja en el sector sanitario. El matrimonio llevaba una vida normal e, incluso, los vecinos habían jugado alguna vez en un parque cercano con las dos hijas de la pareja. Como suele ocurrir en estos casos, había disparidad de opiniones entre el vecindario: había quien no había sospechado nunca nada y los que ya barruntaban algo. «Era gente muy normal. Nunca, nunca, nunca, he oído gritos ni discusiones, y hubiera puesto la mano en el fuego por él, incluso le hubiera ayudado en cualquier cosa que me hubiera pedido», relataba una residente en el inmueble. «Este hombre no estaba bien», dijo otra.

El alcalde de Girona, Carles Puigdemont, calificó el crimen «de tal monstruosidad que es imposible comprender la verdadera dimensión del hecho». El regidor añadió que la noticia causó un «gran impacto» entre los ciudadanos, que están llamados a concentrarse hoy a las puertas del Ayuntamiento para condenar el asesinato. «Cuando me ha llamado el jefe de la Policía para informarme he sentido un estremecimiento que todavía me dura y he pensado enseguida en la madre y la hermana de la víctima, a las que ayudaremos en todo lo posible».