Pobre, pero honrada

Una granadina con tres hijos en el paro y una prima discapacitada a su cargo encuentra una cartera con 16.000 euros y la devuelve

ANDRÉS CÁRDENASGRANADA.
María Palma quería demostrarse a sí misma que era una persona honrada./ Alfredo Aguilar/
María Palma quería demostrarse a sí misma que era una persona honrada./ Alfredo Aguilar

Es curioso, pero cuando la mala conciencia, esa que impide dormir, gana en un debate interior, surge la buena acción. Esta fue precisamente la que atacó a una mujer que se encontró una cartera con 16.000 euros (9.000 en metálico y un cheque al portador de 7.884) y le obligó a devolvérsela a su dueño. «Pensé en quedarme con la cartera», confiesa, «pero sabía que la mala conciencia no me iba a dejar en paz hasta que la devolviera».

Un día del mes pasado, María Palma y su prima, Pepa Cabra, discapacitada y de la que es tutora legal, viajaron a la capital desde Albuñuelas, la localidad granadina donde viven, para una revisión médica. Al salir del ambulatorio, María desvió la mirada hacia el suelo y… «allí estaba. Miré para todos lados antes de cogerla, buscando a su dueño, pero no había nadie. La abrí un poco y vi que había muchos billetes de 500 euros. Me puse muy nerviosa», explica la granadina.

Tras serenarse un poco, María entró en una cafetería para rumiar con calma lo que le había sucedido. Nueve mil euros en metálico, dos carnés de identidad, un cheque al portador de 7.884 euros y la dirección de un domicilio. ¿Qué hacer? Por un lado, le atraía la idea de quedarse con el dinero. María tiene tres hijos en el paro y una hija a punto de dar a luz. Pero, por otro, si entregaba aquel tesoro, se demostraría a sí misma y a su pueblo que es una persona honrada. Sobre todo porque, debido a un malentendido, su reputación estaba en entredicho desde que le acusaron de la desaparición de 3.000 euros. Si devolvía la cartera, se redimiría moralmente ante sus vecinos.

Al ver que nadie contestaba en la dirección que figuraba en la documentación de la cartera, María deslizó un papel bajo la puerta con sus datos. Les decía que tenía una buena noticia que darles. Cuando se pusieron en contacto con ella, el diálogo estuvo lleno de suspicacias e incómodos silencios, hasta que surgió el grito de alegría. «¡Dios se lo pague!», exclamó la voz anónima, sorprendida y emocionada.

El encuentro entre María y los propietarios de la cartera fue de lo más efusivo. «La mujer no paraba de abrazarme y darme las gracias», asegura María. La pareja había viajado desde Canarias para cerrar un negocio en Granada y por eso su billetera rebosaba de dinero. La señora aclaró que debió de perderla cuando intentó meterla en el bolso. Cuando se dio cuenta de que no la tenía, le dijo, estuvo a punto de volverse loca.

El agradecimiento del matrimonio se materializó en los 200 euros que le regalaron por su buena acción. «Me dijeron que ellos también eran de condición humilde y que no podían darme más», señala María.

La benefactora no oculta la reprimenda que recibió de su yerno, que espera un hijo, al conocer su buena acción: «¡Con la de pañales que hubiéramos comprado con ese dinero!», le reprochó.

Según pasan los días, María se siente cada vez más convencida de que hizo lo correcto, a pesar de tener a sus tres hijos en el paro y de disponer sólo del subsidio de su prima discapacitada y de su pensión para «dar de comer a nueve personas y mandarle algún dinero a mi hijo que está en Mallorca».

Abrumada de ver su acción reflejada en los periódicos desde que el matrimonio que recuperó la cartera escribió una carta al director del diario 'Ideal' de Granada, asegura que no se siente una heroína y que lo que hizo no tiene ningún mérito. Pero pocos la creen.

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