«Cualquier niño vería a Mozart como su tío el gracioso»

La voz más experta y popular para hablar de niños y música clásica cree que oírla desarrolla la sensibilidad

ROCÍO MENDOZAMADRID.
Fernando Argenta, presentador de El Conciertazo y Clásicos Populares. :: L. A. GÓMEZ/
Fernando Argenta, presentador de El Conciertazo y Clásicos Populares. :: L. A. GÓMEZ

El rostro y la voz de El Conciertazo y Clásicos Populares requiere de poca presentación. Con estos programas en RTVE, Fernando Argenta (Madrid, 1945) logró lo inédito: librar al género de aires elitistas y hacer que los niños disfrutasen con él. Tras jubilarse, sigue acercando la música a los pequeños de toda España en conciertos que llenan teatros. ¿Su secreto? Divertirse con lo que hace.

- ¿Qué aporta a un niño conocer el género clásico? ¿Por qué es bueno?

- Actualmente el pop es el único género que se oye. ¿Y qué aporta? Ganas de bailar, diversión... Todos nos hemos enamorado con alguna canción ligera. Pero en realidad es una música tan básica que no desarrolla la sensibilidad del niño. Se podría decir que el pop es a la música lo que el tebeo a la literatura. Si se empieza a leer novelas adaptadas para niños, la mente se desarrollará mejor. Es el ejemplo de Harry Potter: los niños son niños, pero no tontos. En términos de nutrición el pop es la hamburguesa. Si alimentas a un niño solo con esto, tendrá deficiencias nutricionales tremendas. La música clásica es el pescado, la verdura... Este género abre el paladar y los sentidos a sabores diferentes y sofisticados. Y además afecta a la parte del cerebro encargado de desarrollar la sensibilidad. Eso sí, siempre diré que hay que oír de todo. Yo, por ejemplo, pongo Green Day en el coche.

- ¿Qué recuerdo infantil tiene asociado a qué pieza?

- Tengo muy presente la 5ª de Beethoven cuando a los 6 años poníamos los discos de pizarra en la gramola. Es algo que me conmocionó y aún recuerdo la impresión que me causó. Junto con Elvis Presley, a los 9 años, ¡claro! (Ríe).

- Influye el género clásico en el carácter futuro de la persona.

- No lo creo, en el carácter no. Pero sí aporta un disfrute que si no lo conoces no contribuye a tu desarrollo personal. Por ejemplo, se dice que la música amansa a las fieras. En cierto sentido sí, pero no. Hay autores como Wagner o Bach que escuchaban con auténtico deleite los nazis. La música no cambia a las personas, pero sí potencia su sensibilidad.

- Ha dicho en alguna ocasión que la música clásica debería enseñarse en las escuelas, pero de otro modo. ¿Cómo lo haría Argenta?

- Pues poniéndoles música clásica a los niños y nada más. El programa del curso incluye asignaturas de lenguaje musical, solfeo básico, tocar un instrumento (como la flauta), expresión corporal, Historia&hellip Creo que no se les puede meter de golpe y porrazo todo eso. Sobre todo cuando les preguntas a los 14 años y te dicen que no les gusta la música clásica y que no han oído nada. Esto no es cierto. Hay melodías populares que las reconocen cuando se las tarareas, pero no saben asociarlas a un compositor o a una época. Y esto es un fracaso del sistema. Hay que ponerles música... Está para oírla y sentirla, no para explicarla.

- ¿Y el papel de los padres?

- Fundamental. La responsabilidad de los padres es toda. Si en casa no se oye música clásica y el pequeño no concibe esto como algo normal, tampoco le puedes pedir que disfrute de ella. Como otras tantas cosas -el amor a la naturaleza, el sentimiento de justicia, el respeto, etc.- se aprende en casa.

- ¿Cree que es importante que conozcan las vidas de los compositores? ¿Cuál les gustaría más?

- Claro, porque así humanizas la música. Se trata de hacer ver que no es obra de extraterrestres o genios, sino de gente muy normal que ha tenido incluso vidas aventureras, con experiencias graciosas y dramáticas. En cuanto al que más les gustaría, aunque suene a tópico, diría que Mozart. Era tan infantil que cualquier niño vería en él a su tío el gracioso.

- Además de escribir libros, colaborar con editoriales y llevar El Conciertazo a los teatros de media España, es el director artístico de la Fundación Magistralia. ¿Cómo es la experiencia?

- Es una de las cosas más bonitas que me han podido suceder. La Fundación está volcada en enseñar música, en dar cursos y montar campamentos para niños, pero también llevan a cabo terapias con música para incapacitados. En este campo están desarrollando una labor fantástica y estar dentro de ese mundo realmente me satisface. Ojalá hubiese muchas fundaciones como Magistralia.

- Veo que cuando traslada a los teatros el Conciertazo, su exprograma de televisión para niños, siempre llena. ¿Le sorprende?

- Sí, además, con la crisis siempre dudamos de si venderemos las entradas, pero lo cierto es que siempre acaban los teatros abarrotados. Me sigue sorprendiendo y, fíjate, cuando veo a los chavales participando con una sonrisa de oreja a oreja, realmente me emociono.

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