Adiós a la casa natal de Zarra

Euskotren derriba la estación de Asua donde nació el mítico jugador del Athletic debido a su estado ruinoso

IÑIGO SÁNCHEZ DE LUNAERANDIO.
Los grafiteros se habían adueñado del apeadero./ Ayuntamiento de Erandio/
Los grafiteros se habían adueñado del apeadero./ Ayuntamiento de Erandio

Euskotren ha derribado la estación de tren de Asua, en Erandio, debido a su pésimo estado de conservación tras más de una década de abandono. El edificio, aunque centenario, carecía de protección por parte de las instituciones, aunque si tenía un importante valor sentimental para muchos seguidores del Athletic. Entre sus paredes nació, el 20 de enero de 1921, uno de los mejores futbolistas de la historia: Telmo Zarraonandia. Su padre era el jefe de estación.

Juan, de 84 años y uno de los nueve hermanos de Zarra, recuerda aquellos tiempos. «No teníamos otra cosa para entretenernos, así que todos le dábamos al balón o a las canicas». Usaban la carretera anexa al andén como campo de fútbol, porque apenas pasaban coches por allí «y no teníamos peligro».

Fruto de esta dedicación, dos de los hermanos despuntaron pronto con el balón: Tomás y Domingo, que falleció en la Guerra Civil. «Uno de los recuerdos más duros que vivimos en aquella casa», rememora Juan. Telmo, por su parte, no tardó en destacar a pesar de la oposición del cabeza de familia para quien, «con dos hijos futbolistas ya era suficiente». Haciendo oídos sordos a la negativa paterna, el fino delantero comenzó a jugar sin federar en el Asua, el equipo del barrio, hasta que obtuvo su primera ficha profesional en 1937 con el Erandio, año en que toda la familia se trasladó a Mungia. Tres años más tarde dio el salto al Athletic, el equipo de su vida, en el que militó durante 16 temporadas plagadas de éxitos .

«Oro bajo las baldosas»

A Juan la noticia del derribo, ejecutado hace menos de dos semanas, le cayó como un jarro de agua fría: «Vivo cerca de allí y estaba paseando con mi esposa cuando me avisaron», recuerda. Fue a toda prisa pero apenas quedaban ya unos pilares por tirar. Los operarios le preguntaron qué hacía allí y, embargado por la pena, contestó: «Ver cómo derriban la casa donde nací». Aunque pronto se repuso y empezó a bromear. «He venido por si mi padre había escondido algunas monedas de oro bajo las baldosas».

Ahora ya solo queda un andén desolado que vivió años felices pero sin uso desde mediados de los 90, cuando Euskotren cerró la línea Lutxana-Sondika ante la falta de usuarios. La empresa ferroviaria reconoce que la decisión del derribo se ha tomado ante el «grave estado de ruina que presentaba» el edificio. Según un portavoz de la sociedad, el temor a que se produjese algún accidente en su interior o a que el vetusto edificio se convirtiese en cobijo de 'okupas' fue determinante. Las mismas fuentes consideran el solar como un emplazamiento «óptimo» para acopio de material ferroviario.

Por su parte, el Ayuntamiento de Erandio ha mostrado su malestar por no habérsele notificado la demolición. «Nos enteramos al pasar por allí», asegura el concejal de Gestión Urbanística y Planeamiento, Asier San Nicolás. El Ayuntamiento, en cualquier caso, le reclamará la reapertura de la línea de pasajeros entre Lutxana y Sondika, debido a que la futura edificación de polígonos industriales generará un tráfico de usuarios «que hará necesario este servicio». Sin embargo, la empresa «no baraja esta posibilidad en ninguno de nuestros estudios de futuro».

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