El tinto gana bajo el mar

La primera añada de la estación submarina de Plentzia avala una mejor evolución de estos caldos frente a su hermano blanco

IÑIGO SÁNCHEZ DE LUNAPLENTZIA.
Los enólogos aseguran que el vino sumergido «da un mayor placer al paladar». ::
                             BORJA AGUDO/
Los enólogos aseguran que el vino sumergido «da un mayor placer al paladar». :: BORJA AGUDO

Un año de reposo a merced de las mareas a 16 metros de profundidad en la bodega submarina de Plentzia da para mucho. Y, sobre todo, ha permitido obtener grandes resultados. El principal se hizo público ayer en la cata con motivo de la primera añada del Laboratorio Submarino de Envejecimiento de Bebidas: la evolución de los tintos ha sido muy superior respecto a los blancos.

El mayor especial mejora de estos caldos se debe a que «su estructura ha permitido preservar su juventud» respecto al 'hermano' terrestre, según el enólogo independiente, Antonio Tomás Palacios. Esta opinión era corroborada por Iñaki Murillo, de Bodegas Murillo-Viteri, que definió el nuevo producto como «más armónico; da un mayor placer al paladar».

Este especialista optó por realizar la cata a ciegas y tapando las botellas con aluminio «para no estar sometido a ningún elemento subjetivo». El resultado final viene a confirmar «la tendencia de anteriores catas que nos daban indicios para pensar que estamos ante un producto revolucionario».

El responsable de la Bodega Los Bermejos de Lanzarote, Ignacio Valdés, se desplazó ayer por primera vez a la villa marinera atraído por la emoción de conocer el resultado de sus vinos blancos de denominación de origen Malvasía. Y, a su juicio, «existe una diferencia clara» con el tradicional. «El que ha descansado bajo el agua se ha pulido un poco más», aseveró.

Tapones naturales

La 'revolución' también ha llegado al mundo de los corchos que preservan el contenido de las botellas. Después de probar diversas opciones, se ha llegado a la conclusión de que debe ser «totalmente natural» debido a que los de conglomerado «no han resistido la presión y han permitido que el agua entre dentro de los recipientes arruinando su contenido», según Juan Vigas, propietario de la empresa J. Vigas, que lleva 124 años dedicada a la producción de tapones.

El LSB de Plentzia explotado por la empresa Bajoelagua Factory comenzó a funcionar el mes de septiembre de 2010 con un total de 800 botellas sumergidas en los dos módulos de envejecimiento y control construidos con un hormigón especial resistencia para aguantar los envites de las corrientes.