Diez meses de espera para una colonoscopia hasta ser atendido en euskera

EA lleva al Parlamento vasco la historia de un vecino de Oñati que, desde hace años, pelea con Osakidetza para reivindicar médicos y enfermeras bilingües

MARÍA JOSÉ CARREROBILBAO.
Kepa Elortza. ::                             E. C./
Kepa Elortza. :: E. C.

6 de junio de 2010. El médico de familia de Kepa Elortza Odriozola, un vecino de Oñati, le da un volante para que acuda cuanto antes al especialista de Digestivo, tras haberle detectado sangre en las heces. Diez meses después, el 13 de abril de 2011, el paciente se somete a una colonoscopia en el hospital Alto Deba, que atiende a la población de la comarca de Arrasate-Mondragón.

No es un caso de demora incomprensible por colapso de la lista de espera, ni se debe a que se traspapelara la petición. Nada de eso. La única razón que explica los diez largos meses que Kepa estuvo sin ser visto por un especialista es que exigía comunicarse en euskera con el facultativo. Al no haber ninguno bilingüe en su centro de referencia, los meses fueron pasando. «El 5 de noviembre, el hospital le envía dos opciones de consulta: una para el día 8 en Mondragón con un médico castellanoparlante y otra para el 15, en Vitoria, con uno euskaldun», relata el diputado de EA Juanjo Agirrezabala, quien ha trasladado esta historia al Parlamento vasco con el fin de pedir al consejero de Sanidad que explique «cómo va garantizar los derechos lingüísticos de este y otros muchos ciudadanos».

«Me negué a ir a Vitoria. Si mi hospital es el de Mondragón, ir al de Txagorritxu me parecía aceptar un chantaje», comenta el propio Elortza a EL CORREO. Así que respondió a Osakidetza con un doble escrito. De un lado, denunciaba que las dos citaciones se hubieran redactado solo en castellano y, además, insistía otra vez en ser visto por un especialista euskaldun y en Mondragón.

El 17 de enero de este año, Osakidetza le vuelve a dar cita en este hospital comarcal con un médico no bilingüe, lo que originó una nueva queja del vecino oñatiarra. Ya en marzo, su médico de cabecera demanda con urgencia una consulta. Por fin, el 4 de abril, Kepa acudió al especialista de Mondragón porque antes le garantizaron que habría servicio de traducción. Eso sí, por vía telefónica.

«Fue tremendo. A un lado de la mesa, el médico; al otro yo. En medio un teléfono móvil y un cable con dos auriculares, uno para cada uno. Yo hablaba y alguien traducía al castellano; hablaba el médico y traducía al euskera, pero el traductor lo hacía fatal, con continuos errores en los dos idiomas. Continuamente yo le tenía que corregir», comenta Kepa, quien salió de la consulta con dos cosas muy claras. La primera, que tenía que hacerse una colonoscopia cuanto antes. El 13 de abril se la realizó con resultado satisfactorio. La causa de la sangre en las heces no era un tumor, sino hemorroides internas.

La segunda, superada la prueba médica, Elorza escribió una nueva reclamación -«la decimonovena» que envía a Osakidetza desde 2005- para reiterar su derecho a ser atendido por médicos y enfermeras vascoparlantes, «y que en el caso de que no lo sean -y solo si es imprescindible el uso de un sistema de traducción- que el traductor o traductora se encuentre física y personalmente en la consulta».

«Iba a la huelga de hambre»

Y es que este guipuzcoano no ceja en su empeño. «No entiendo que en una comarca como el Alto Deba, en el que el 61% de la población es euskaldun, la gente no pueda dirigirse en su lengua a los médicos. No entiendo que el plan de euskaldunización de Osakidetza sea muy voluntario después de un cuarto de siglo. No entiendo que los inmigrantes tengan derecho a que les atiendan con traductores y no se haga lo mismo con los euskaldunes, cuando la lengua vasca es oficial», se lamenta.

Por todo lo anterior, no parece dispuesto a tirar la toalla y, además, porque «siempre he sido muy peleón». Por eso, estuvo incluso dispuesto a ponerse en huelga de hambre para conseguir ser atendido en Mondragón y en euskera. «La víspera de empezar la huelga me llamaron para decirme que me pondrían traducción».

- Kepa, la gente puede pensar que usted es un cabezota.

- Lo que soy es euskaldun. Nada más. Hasta los cinco años, cuando fui a la escuela, no sabía ni una palabra en castellano.

- ¿Y en su entorno qué le dicen?

- Me suelen decir : «vaya cojones que tienes»... pero no es eso. Soy euskaldun y la ley me reconoce el derecho a que me atiendan en mi lengua materna, que es oficial. Pero la ley se incumple.