Un gran desconocido

Cerca de 2.000 personas visitan anualmente las instalaciones del Jardín Botánico

MARÍA ÁNGELES CRESPO
Después de subir hasta la última terraza se puede disfrutar con la visión de la ciudad desde un lugar privilegiado. ::
                             AVELINO GÓMEZ/
Después de subir hasta la última terraza se puede disfrutar con la visión de la ciudad desde un lugar privilegiado. :: AVELINO GÓMEZ

Una, dos, tres, y así hasta sietes, porque esas son las terrazas que pueden visitarse en el Jardín Botánico; algo lógico si se tiene en cuenta que su característica por ser del conocido como estilo babilónico, es la superposición de espacios en los que se encuentran especies autóctonas y también procedentes de los lugares más remotos. Puede suponer para algunos un esfuerzo añadido, pero lo cierto es que ir ascendiendo a ritmo de paseo «merece la pena», es eso al menos lo que apuntan los que aprovechan la tarde para acercarse y «disfrutar de un espacio que tenemos aquí mismo y quizás no valoramos como debiéramos».

Plantas bien cuidadas y estratégicamente colocadas según familias, -debidamente rotuladas para que se sepa lo que se está observando- eso es lo que pueden apreciar quienes se acercan a lo largo de todo el año a este espacio municipal que aunque es visitado por más o menos 2.000 personas a lo largo de todo el año, «sigue siendo uno de los lugares más desconocidos de la ciudad». Así lo apunta al menos el concejal Gustavo Modino.

De todos cuantos estuvieron en algún momento en este Jardín Botánico 1.213 fueron mirandeses; muchos niños puesto que conocer las interioridades del lugar es una actividad escolar. Recorrieron también las terrazas y todos los rincones 547 personas procedentes de otras ciudades del país, y registraron su entrada, además, 47 extranjeros.

Bien es cierto que, como todo, hay épocas en las que el número de visitantes también florece y, aunque no coincide exactamente con el tiempo en el que el regalo de las especies se hace más presente, sí es reseñable que la primavera, pero sobre todo el verano son las épocas en las que mirandeses y forasteros -estos cada día en una mayor medida-, se acercan hasta la Parte Vieja y, una vez allí, llegan hasta la calle La Fuente y se adentran en el mundo de las flores y las plantas.

«Hay veces que me dirijo a los que veo que dudan sobre si entrar o no para decirles que la puerta está abierta y que la visita es gratuita», argumenta el encargado de mantener las distintas terrazas en orden.

José Antonio Salinas tiene «mucho trabajo si quieres tenerlo todo bien», pero reconoce que merece la pena porque «quienes se acercan acaban sorprendiéndose con lo que encuentran».

Y aunque él no se encarga de hacer visitas guiadas nada más que cuando los que llegan son un grupo que previamente ha concertado el paseo por el Jardín, no se cansa de recomendar a quienes llegan que «se impregnen de las fragancias de las plantas aromáticas, que las toquen, que no pasa nada», porque en este Jardín se conjugan bien los colores, las formas y los olores.

Desde 1990

La casa de los Encío, y el que en sus orígenes fue su huerto se legó en 1925 a la congregación de la Siervas de Jesús. Las monjas dejaron sus labores en el hospital mirandés en 1989 y abandonaron también la ciudad. Y fue entonces cuando el Ayuntamiento adquirió todo el inmueble del que destinó su edificio a Servicios Sociales -unas dependencias que pronto pasarán a un espacio más funcional y accesible-, y el huerto a Jardín Botánico.

Se abrió al público en el año 1990 con una superficie de 2.400 metros cuadrados, espacio que tras algunas modificaciones ha llegado a disponer de 6.000.

El concejal de Obras, que tiene también competencias en Medio Ambiente, Gustavo Modino, espera que las distintas obras que se están realizando y que concluirán en breve con la consecución de una «accesibilidad mucho mejor», sirvan para que «sean todavía más los mirandeses que se animen a disfrutar de este especial entorno».

La colocación del ascensor que «no tardará en estar disponible», podría convertirse en un atractivo más. Por otra parte considera Modino que cuando se consiga dotar de contenido al centro de interpretación «tendrá un atractivo aún mayor», que también se irá incrementando cuando todos los mirandeses y visitantes puedan disfrutar del castillo.

Va a ser a través del Jardín Botánico uno de los lugares por los que se podrá acceder a sus ruinas y esto «favorecerá, sin duda, que sean más los que acaben visitando el propio jardín».

Recorrer este espacio plagado de naturaleza «ya es en sí mismo muy interesante», pero si eso se puede complementar con el conocimiento y la visión de las ruinas «toda esta zona tendrá un mayor atractivo».

También estará muy cerca el museo de la ciudad y el objetivo es consolidar un punto de atracción tanto para el ocio como para «el conocimiento y la cultura».

En cualquier caso, y a la espera de que todas esas actividades puedan ir complementándose, en estos momentos se puede visitar el Jardín, cuyo acceso es totalmente gratuito. Desde abril y hasta septiembre sus puertas están abiertas, por la mañana desde las once y hasta las dos, y por las tardes entre las cinco y las ocho. Entre los meses de octubre y marzo, las visitas sólo pueden realizarse por la mañana que, curiosamente «es el momento en el que más gente viene».

Así pues, con ánimo de adquirir conocimiento, o por el mero placer de pasar un rato disfrutando del ambiente relajado, acercarse hasta el Botánico «es una buena opción». Eso es lo que recomiendan todos cuantos se acercan, ya sea con intención o porque al pasear por la calle La Fuente se topan con la puerta de acceso.

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