«Lo peor de vivir en la calle es la noche, hay muchos depredadores»

Un portugalujo 'sin techo' de 53 años participa en el Mundial de Fútbol Calle que se celebrará en París a finales de agosto

AINHOA DE LAS HERASBILBAO.
Salva simula un 'cabezazo' en el campo de Zorroza. ::                             LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
Salva simula un 'cabezazo' en el campo de Zorroza. :: LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Salvador Manuel Durán, Salva, ha dormido esta noche «bajo techo», aunque prefiere no decir dónde «por respeto al sitio y a la persona» con la que estaba; «su familia no sabe que está en la calle». Y ha comido en el comedor social de Irala. Después de trabajar durante casi 30 años como albañil y cantero -«tengo 28 años cotizados a la Seguridad Social»-, se quedó en el paro hace seis años y ahí empezó su declive. «Llevo cuatro años durmiendo en albergues o al raso, con un saco de dormir en Rekalde, en un sitio en el que no me ve nadie y yo veo a todo el mundo, o en la caravana de unos amigos». Con 28 grados a la sombra, viste camisa negra de manga larga y vaqueros. Está «asfixiado, pero a la mañana hacía fresquito; los que dormís en casa no os dais cuenta de esas cosas».

Salva cree que su vida cambió cuando se separó, hace diez años, después de 25 de matrimonio y dos hijos, de 33 y 28 años. «Una casa sin mujer es como un barco sin capitán», compara. Sus problemas se agravaron con el alcohol y las depresiones. «He intentado suicidarme dos veces», confiesa. Sin embargo, ahora se siente «ilusionado» y «orgulloso» de sí mismo. A sus 53 años, que cumplirá el próximo 22 de agosto, en pleno campeonato, ha sido seleccionado por la Fundación Rais (Red de apoyo a la Inserción Sociolaboral) para integrar el equipo español de personas sin hogar que participarán en el Mundial de Fútbol Calle que se celebra este año en París, entre los días 21 y 29 de agosto. Hoy mismo emprende viaje a Madrid y el próximo jueves «volaremos» a la ciudad del Sena. Salva ya estuvo en París hace 32 años, en su luna de miel.

Una paliza o un navajazo

Pese a que fuma un paquete de tabaco al día «si tengo», se siente «en forma». «Nunca he fumado un porro, no sé ni lo que es una raya, soy más de café completo y purito». Ha participado ya en otros tres campeonatos y lleva entrenando con otros 'sin techo' desde el pasado mes de abril todos los miércoles en el polideportivo de Zorroza. Aficionado al Athletic «a muerte», luce orgulloso la equipación rojiblanca que el club bilbaíno les ha cedido. «Lo que más ilusión me haría sería poder regalar a mi hija, también forofa, una camiseta de Llorente firmada por él, es su ídolo». Lleva el número 23 a la espalda, se considera «centrocampista», «se me da mejor pasar que meter goles, aunque casi todos los partidos 'mojo', caen uno o dos goles». Su mayor virtud futbolística es la velocidad y advierte: «No me da miedo enfrentarme con chavales de 20 años, pueden ser más rápidos, pero no tendrán más picardía».

Su asentada vida cambió «de la noche a la mañana», algo que «nos puede pasar a todos por circunstancias de la vida», avisa. «Tienes tu trabajo, tu vida resuelta, nunca se me había pasado por la cabeza estar en la calle, me ha pillado de sopetón». Ahora, echa de menos la rutina de levantarse para ir a trabajar y las charlas con los compañeros después de la jornada». Al principio, pasó muchas horas sentado en parques y desde un banco escuchó «muchas conversaciones». Así se enteró de que en Irala había un comedor y allí encontró a Alberto, un voluntario a quien hoy considera su salvador.

Si algo ha aprendido en estos años es que «en la vida hay muy pocos amigos de verdad, o ninguno. Cuando tienes trabajo y dinero se te arrima mucha gente, pero si eso falla la cosa cambia, aunque yo nunca he sido así». «Lo peor de vivir en la calle -dice- es la noche, hay mucho depredador». Salva ha visto cómo «te roban unos pantalones sudados, unas zapatillas que no valen nada, pero que son tus únicas pertenencias». Asegura que para sobrevivir siendo indigente «hay que tener un ojo en la nuca» y «no fiarse de nadie». «Lo que más me dolería sería que me dieran una paliza o un navajazo para nada, como he visto en Rekalde o en La Casilla. Me he metido a defender a la persona y he salido trasquilado».

Pese a la necesidad, «nunca se me ha pasado por la cabeza robar ni pedir, prefiero recoger colillas del suelo que pedir un cigarro, no sé si por orgullo o por miedo a que me digan que no». Salva ha tenido que «buscarse la vida para seguir siendo una persona legal: la vida de la calle es más de catedrático que de universitario», concluye.