Una mujer muere acuchillada en plena calle a manos de su exnovio en Hernani

La víctima no contaba con orden de alejamiento, aunque en alguna ocasión fue agredida El agresor, de 42 años, también hirió de gravedad a una hija de la víctima y se entregó horas más tarde

JAVIER PEÑALBAHERNANI.
La Ertzaintza acordonó la zona en la que ocurrió el crimen. ::                             JAVIER PEÑALBA/
La Ertzaintza acordonó la zona en la que ocurrió el crimen. :: JAVIER PEÑALBA

Txaro Román de la Fuente tenía 55 años. Ayer, esta vecina de Hernani se convirtió en la víctima número 31 de la violencia machista en 2011. La mujer recibió varias cuchilladas mortales, mientras que su hija, Yolanda, de 30 años, que le acompañaba en el momento de los hechos, resultó también herida de gravedad. El agresor, conocido como Fredy Apolo, de 42 años y nacionalidad ecuatoriana, había sido su pareja durante un tiempo, pero habían roto. El hombre se entregó al cabo de unas horas a la Guardia Municipal.

Los hechos ocurrieron sobre las cinco y media de la mañana, en pleno corazón de Hernani, cuando madre e hija regresaban a su domicilio. Al parecer, ambas se disponían a coger un taxi. Habían permanecido durante la noche en casa de unos amigos, así como en varios establecimientos de la localidad; entre ellos, el bar Txema, lugar de reunión para las comunidades de inmigrantes, donde estos toman unas copas, bailan y se divierten.

Fredy Apolo abordó a Txaro Román en la calle Urbieta, a escasos treinta metros de la plaza Berria, y le asestó varias cuchilladas, algunas en el cuello. La Policía autonómica trataba ayer de determinar si la agresión se produjo por sorpresa o si previamente hubo algún altercado entre ambos, extremo confirmado por varios amigos de la víctima.

Estos relataron que unas tres horas antes del crimen, Txaro había discutido en la plaza Berria con su expareja. «Fredy estaba dormido o tumbado en un banco y en aquel instante ella le dijo que se levantara, lo que provocó una reacción airada de Fredy. Se agarró un 'rebote'. Le dijo que le dejara en paz y que le devolviera todo el dinero que le debía», relató una amiga de la mujer asesinada.

Se escabulló entre las calles

Cuando se produjo la agresión, las llamadas de auxilio de la hija alertaron a los vecinos que a esas horas dormían en sus casas y a varias personas que estaban sentadas en unos bancos situados frente a la parada de taxis, a unos cincuenta metros. Fue precisamente una de ellas la que acudió en auxilio de las mujeres. Al aproximarse, vio cómo Txaro recibía varias cuchilladas. Una vez llegó a la altura de Fredy, le cogió de la mano y le detuvo. Al darse cuenta éste último de que llegaba más gente, salió huyendo, siendo perseguido por varios vecinos y por un guardia municipal. No obstante, logró burlarles y se escabulló entre las calles.

Mientras tanto, los efectivos de Osakidetza asistieron a las víctimas, aunque los esfuerzos para reanimar a Txaro Román resultaron infructuosos. La mujer falleció en la misma ambulancia, antes de llegar al hospital Donosti, donde su hija, Yolanda Sánchez Román, ingresó en estado grave.

El escenario del crimen fue acordonado para los agentes de la Policía Científica de la Ertzaintza que, desplazados desde la base de Erandio, marcaron cada una de las gotas de sangre que había en el suelo y después tomaron muestras para ser analizadas. Debajo de un banco situado en la plaza Berria hallaron un cuchillo de cocina. Aunque existían dudas de que se tratara del arma homicida, fue recogida e introducida en una bolsa para ser examinada en el laboratorio. Entre tanto, el cadáver de Txaro Román fue trasladado al Instituto de Medicinal Legal de Donostia para que le practicaran la autopsia.

La Ertzaintza desplegó una operación especial para detener a Fredy Apolo. Varios agentes recorrieron durante toda la mañana los lugares que frecuentaba y también conversaron con conocidos por si había tratado de ponerse en contacto con ellos.

A primera hora de la tarde, un ertzaina consiguió hablar por teléfono con el agresor y le convenció para que se entregara. Según el Departamento de Interior, el policía se citó con él en una calle del barrio de Portu, donde efectivos de la Ertzaintza y de la Policía local le arrestaron sobre las dos y media de la tarde. Después, fue trasladado a la comisaría de Hernani.

Personas próximas a las víctimas relataron que Txaro San Román y Fredy Apolo habían mantenido una relación afectiva durante cerca de siete años. «Habían sido novios, pero ya habían roto. Últimamente, él se había mostrado agresivo con ella y no sé si no llegó a denunciarle».

La directora de Atención a las Víctimas de Violencia de Género del Gobierno vasco, Mariola Serrano, confirmó que la víctima tenía un expediente previo de malos tratos, aunque aclaró que no se había dictado ninguna orden de alejamiento. «Tenía expedientes de violencia de género desde 2007 -indicó-; y desde ese año hasta ahora se habían cerrado por ausencia de incidentes». No obstante, Serrano precisó que hace un par de meses se volvió a reabrir uno «por un episodio de insultos».

La fallecida tenía tres hijos de anteriores relaciones. El mayor, de unos 35 años, reside en Andalucía, comunidad donde también nació la madre. Le siguen por edad Yolanda, la que resultó herida, y un chico de unos 27 años. Txaro Román residía desde hace más de dos décadas en la casa Leku Eder, situada en el barrio hernaniarra de La Florida.

En el momento de los hechos, ella y Yolanda se encontraban juntas, una circunstancia que en modo alguno causa extrañeza entre sus amistades. «Era muy frecuente verles juntas, incluso por la noche, cuando salían de fiesta o a dar una vuelta. Lo normal es que donde fuera una, estuviera también la otra», precisaron conocidos de la hija. Txaro Román trabajaba en la cocina de Policlínica Gipuzkoa. Este fin de semana tenía fiesta y hoy debía incorporarse nuevamente a su puesto. La noticia de su asesinato causó una honda conmoción entre sus compañeros.

Las instituciones vascas y partidos políticos condenaron ayer el asesinato sexista. «La erradicación de la violencia de género de raíz machista debe ser una prioridad absoluta para los poderes públicos», enfatizó el Ararteko, Íñigo Lamarca. El Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde, recordó que la violencia contra las mujeres «es el símbolo más brutal de la desigualdad entre mujeres y hombres en nuestra sociedad»; y destacó «la responsabilidad de toda la sociedad» en la lucha contra esta lacra.