El público le sienta mal a Contador

Una espectadora provoca la caída que cuesta al pinteño y a Samuel más de un minuto con Schleck

J. GÓMEZ PEÑA ENVIADO ESPECIALMONT DES ALOUETTES.
El pelotón del Tour rueda compacto por el Paso de Gois, una carretera al nivel del mar, accesible sólo cuando hay marea baja. ::
                             EFE/
El pelotón del Tour rueda compacto por el Paso de Gois, una carretera al nivel del mar, accesible sólo cuando hay marea baja. :: EFE

Al entrar, Alberto Contador dobló el cuello. Cabizbajo. Sacó la lengua, seca, disecada por el esfuerzo y el disgusto. Y cuando se le arrimó el primer micrófono, lo apartó. Se le notaba acribillado. Ni siquiera había dado un relevo cuando se vio cortado, perdido. Como asumiendo lo inevitable, como si se le hubiera incrustado el desánimo en el pecho. Se limitó a colocarse tras Samuel Sánchez, el otro derrotado del primer día del Tour, el favorito que al menos intentó mitigar la pérdida. En ocho kilómetros, por culpa de una caída y de su mala colocación, habían cedido un minuto y 14 segundos al resto de los candidatos; a los Schleck, a Evans... Comienzan la Grande Boucle con deudas. Y lo peor, con dudas y a contrapié: hoy, en la contrarreloj por equipos, el Saxo Bank de Contador saldrá el primero porque es ya el último de la clasificación; justo después lo hará el Euskaltel-Euskadi, el penúltimo. Su Tour está del revés. «Mal balance», resumió el madrileño. No habló. Tecleó en su 'twitter' un mensaje digital: «Perder tiempo es duro. Cuesta mucho ganar cada segundo, pero... El Tour es largo». Y más si se empieza con retraso.

Esta Grande Boucle no se ve; se lee. En la pantalla de televisión entran juntos en la meta Contador y Andy Schleck, pero es mentira. Hay que ir a la clasificación y hojearla. Los dos vienen de caídas. La de Contador, a ocho kilómetros; la de Schleck, a dos. A leer. Una lectura clara del reglamento distancia a los dos favoritos de este Tour: cuando el accidente se produce en los tres últimos kilómetros de la etapa, al perjudicado se le da el tiempo del grupo en el que iba. Y Schleck estaba con los mejores, con el invencible Gilbert, el ganador de la etapa. Contador, no. Venía detrás, preso de un corte anterior provocado por el despiste de una espectadora. Por eso, aunque se les vio juntos bajo la pancarta final, aparecían distanciados al repasar la clasificación: Andy ocupa el puesto 33, a apenas seis segundos de Gilbert, y Contador, el 82, a un minuto y 20 segundos. A la misma distancia que Samuel Sánchez, el otro favorito amputado desde la etapa inicial.

Contador se gastaba la paga infantil en alpiste para sus jilgueros. Los cazaba con liga y los cuidaba y criaba. Ayer, la primera etapa del Tour le llevó hasta una colina de nombre amigo, el Monte de las Alondras. Y el cazado fue él. A ocho kilómetros del repecho final y mientras el pelotón, ancho y tenso, se miraba entre jadeos, una espectadora vestida de amarillo se arrimó demasiado a la calzada. Miraba hacia delante, hacia los primeros del grupo, y se olvidó de los de detrás. Se inclinó. Gesto fatal. Dividió el Mar Rojo, como Moisés. Un ciclista del Astana (Iglinskiy) se enganchó con ella. Y el Tour quedó bombardeado. Cráter. Caída total en el corazón del grupo.

Barricada de bicicletas

Tajo. En seco. Delante, todos los ilustres. Detrás, sólo dos favoritos: Contador y Samuel Sánchez, que pie a tierra esperaban a que se desenredara la barricada de bicicletas, piernas, cascos y gritos que les taponaban. Tic, tac. En la meta, Gilbert, les sacó un minuto y veinte segundos. A tres segundos del belga entró Evans, feliz. Y a seis, Frank Schleck, Van den Broeck, Martin y los viejos francotiradores del RadioShack, siempre atentos: Horner, Kloden y Leipheimer. A Andy Schleck, Wiggins y Gesink les dieron su tiempo. Su ventaja sobre Contador. En 2010, el madrileño le sacó 39 segundos al menor de los Schleck, que ya le distancia en 1.14. No le sienta bien el público francés. Le silbó con ganas en la ceremonia inaugural de este Tour y ayer le tumbó una espectadora con una camiseta del color sagrado de la carrera, el amarillo. ¿Una señal?

¿El destino? Empezar un Tour en el Paso de Gois es como convocar al caos. Esa carretera salada, llena de algas y crustáceos que se sumerge con cada marea alta, acabó con Zulle en 1999. De allí salió ayer la primera etapa. «Ha habido caídas hasta en los kilómetros neutralizados», contó Garate, quejoso por lo de siempre en el Tour: carreteras estrechas que obligan al pelotón a desabotonarse en cada rotonda. Stress. «Yo me he caído al principio y ya no quería más líos, así que he ido en la cola del pelotón -dijo Arroyo-. Ya no quería caerme más». Y por eso evitó el corte que a ocho kilómetros lastró a Contador y Samuel. Arroyo se limitó a sobrevivir, a esquivar heridas como la que su compañero en el Movistar Beñat Intxausti llevaba clavada en el codo. El vizcaíno acabó en el hospital. Allí le hicieron la radiografía de su debut en el Tour.

No era etapa para ellos. Era de Gilbert, el ciclista que no pierde una carrera desde abril: agarró de un puñado las clásicas de primavera (Flecha Valona, Lieja-Bastogne-Lieja y Amstel Gold Race). Y se presentó en la salida de este Tour con el pelo oxigenado. Amarillo. Sabía lo que iba a pasar y se maquilló a juego con el maillot que quería. El Monte de las Alondras, un repecho de dos kilómetros, estaba recién pintado para él. «En una llegada así sólo Sagan puede disputarme la victoria», declaró. Y Sagan no está en el Tour. Y Vinokourov, que lo intentó en el kilómetro final, ya no parece lo que fue. Y ni siquiera Cancellara, la fuerza, pudo teñirle el cabello a Gilbert. Amarillo total. «Puede que pierda el liderato en la crono por equipos, pero también puede que lo recupere el martes en el Muro de Bretaña. Es mi cumpleaños». Algo sabe.

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