«No vamos a renunciar a la mezquita de Pablo Alzola, lucharemos por ella»

Los promotores del espacio de rezo de Basurto dicen que Azkuna «se contradice» al impedir su apertura

EVA MOLANOBILBAO.
Vista exterior de la lonja donde está previsto construir el espacio de rezo. ::                             LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
Vista exterior de la lonja donde está previsto construir el espacio de rezo. :: LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Onda Euskadi, la asociación para la integración que agrupa a la comunidad impulsora de la mezquita proyectada en el barrio de Basurto, no se amilana ante la oposición vecinal y política que ha encontrado por el camino. Pese a la polémica suscitada, su idea sigue siendo construir otro espacio de rezo que alivie la saturación que sufren los templos emplazados en la capital vizcaína. «No vamos a renunciar al local de Pablo Alzola», advirtieron ayer sus portavoces.

Defienden que la comunidad musulmana en Euskadi ha crecido. Hithem Abdulhaleem, profesor colaborador de la Universidad de Deusto y autor de un estudio sobre la comunidad islámica en Euskadi, explica que el número de musulmanes se ha incrementado y que, debido a este repunte demográfico, las necesidades sociales y espirituales también, por lógica, han aumentado. «Es normal que se promuevan nuevos espacios de culto siempre que cumplan la legislación establecida y que cuenten con un consenso social», manifiesta. La comunidad vasco-musulmana está integrada en la actualidad por 30.000 personas, de las cuales casi la mitad residen en Bizkaia. En Bilbao, tienen tres espacios de rezo y ya existe un proyecto de traslado de uno de esos templos, la mezquita Alforkan situada en la calle Cortes, a un local más grande para lograr así ampliar su aforo y albergar a 800 fieles.

La asociación Onda Euskadi lidera el proyecto para crear una cuarta mezquita y argumenta que no pueden renunciar al derecho de culto previsto en la legislación. «Es un derecho, pero también una necesidad», explica el secretario de la organización, Redouan El Farah. «El local de rezo ubicado en la calle Fika estaba tan lleno que una vez la gente tuvo que orar fuera y los vecinos llamaron a la Policía», ilustra. El alcalde, Iñaki Azkuna, defiende sin embargo que ya existen «suficientes» locales de rezo para musulmanes en la capital vizcaína y anunció el jueves que hará todo lo «legalmente posible» para impedir nuevas aperturas de culto al Corán.

Sus declaraciones no han sentado nada bien en el seno de la comunidad musulmana. «El alcalde se contradice. Antes nos decía que podríamos instalar la mezquita si cumplíamos con los requisitos y ahora afirma que si puede hacerlo, lo impedirá», explica el portavoz de Onda Euskadi. «No vamos a tirar la toalla. Vamos a seguir luchando por hacer realidad esta mezquita. No queremos renunciar a ella», asegura El Farah.

Llena, «sólo los viernes»

El representante de la asociación que promueve la mezquita de Basurto insiste en que «no sólo será un templo». Habrá una biblioteca y unas aulas con ordenadores donde se impartirán cursillos de informática. En principio, el aforo máximo será de 180 personas «y sólo se alcanzará los viernes, entre las 15.00 y las 15.30 horas». El resto de la semana, «apenas acudirán a rezar una quincena de personas a alguna de las cinco oraciones diarias», calcula.

Onda Euskadi presentó a finales del pasado año el primer proyecto para obtener la licencia de apertura, pero el Consistorio «cada vez nos hace más requerimientos». Los cambios en la obra se han sucedido: nuevos cálculos de aforo, reubicación de la entrada principal y ampliación del aislamiento acústico en las instalaciones. «Antes pedían que no superásemos los 70 decibelios y ahora insonorizar totalmente. Allí no vamos a cantar, vamos a rezar», lamentan los promotores. Ahora les piden la justificación técnica de que el suelo soportará el peso de los fieles que se congreguen en el interior.

Respecto a la oposición vecinal, la comunidad islámica cree que se está generando un alarmismo innecesario. «Queremos demostrar que no tienen por qué preocuparse. Los vecinos nos conocerán y estamos seguros de que cambiarán su actitud», explican. «Una mezquita no trae problemas, entendemos que la inmigración ha generado delincuencia pero no es justo que generalicen». Un ejemplo: «los problemas de botellón en la calle Fika están desapareciendo desde que se instaló la mezquita».