Las Cortes dan luz verde a los nombres en euskera de las provincias vascas

Solo el PP se opuso a una modificación que, a su juicio, persigue «eliminar el castellano en cualquier relación con el País Vasco»

E. C.MADRID.
Iñaki Anasagasti./
Iñaki Anasagasti.

A la sexta fue la vencida. Tras intentar hasta en cinco ocasiones en las últimas dos décadas que los nombres de las tres provincias vascas aprobados por las respectivas Juntas Generales a mediados de los años ochenta fueran oficiales para toda España, el PNV consiguió por fin ayer llevarse el gato al agua. El Senado dio el visto bueno definitivo, con el único voto en contra del PP, al cambio de denominación oficial de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava, que a partir de ahora tendrán que escribirse en cualquier parte del país y por cualquier administración con las grafías Bizkaia, Gipuzkoa y Araba/Álava. La modificación entrará en vigor una vez que la ley se publique en el Boletín Oficial del Estado, previsiblemente antes de dos semanas.

La votación en el Pleno del Senado, una vez superados todos los trámites previos en el Congreso, se saldó con 130 votos a favor y 110 en contra. El mismo resultado, pero a la inversa, cosecharon las enmiendas del PP para que los tres territorios históricos se denominaran en las dos lenguas oficiales de la comunidad autónoma; esto es, en castellano y en euskera. «Defender la pluralidad lingüística del País Vasco, como así se contempla en el propio Estatuto de Autonomía» era el objetivo de dichas enmiendas, según el encargado de exponerlas, el senador Ramón Rabanera.

Quien fuera diputado general de Álava añadió que «la sociedad vasca está harta de crispación y falta de entendimiento político», situación a la que contrapuso la apuesta por la pluralidad, la convivencia y la no exclusión contenida, a su entender, en las propuestas de modificación presentadas por los populares. Rabanera expresó su rechazo a «crear un problema que no existe» y espetó a los impulsores del cambio: «Lo que ustedes están intentando hacer es eliminar el castellano en cualquier relación con el País Vasco».

Estos argumentos fueron rechazados por el resto de los grupos parlamentarios, y en especial por el PNV. Su portavoz, Iñaki Anasagasti, pidió que «no se dramatice algo que debería ser normal». «Se trata de hacer normal lo que es normal a nivel de calle y a nivel lingüístico», alegó el senador jeltzale, quien enfatizó que la modificación apenas supone novedades fonéticas «de importancia» y que es una cuestión «de grafía». En este sentido, recordó que en euskera no existe la 'v': «Usted se llama Rabanera con 'b'», le hizo ver al representante popular. «No se empecine, es Rabanera con 'b' y no Mayor Oreja», agregó jocoso más tarde, tras elogiar el carácter conciliador del senador del PP. Anasagasti se preguntó además por qué los conservadores niegan a las provincias vascas algo que sí aprobaron para las catalanas y las gallegas. Lo hicieron en 1992 y 1998, respectivamente. En relación con A Coruña y Ourense, el PP justificó entonces su apoyo al cambio de nomenclatura porque lo había solicitado el Parlamento gallego.

Contradicción

Esta contradicción fue destacada también por la senadora socialista Lentxu Rubial, quien observó que también en este caso existe una decisión de las Juntas Generales que el PSOE ha venido a respaldar. Un apoyo en el que ha tenido no poco que ver la debilidad del Gobierno de Rodríguez Zapatero, que después de años oponiéndose al cambio toponímico tuvo que comprometerse a aceptarlo a cambio del respaldo jeltzale a los Presupuestos del año en curso. Rubial abogó, en todo caso, por conservar «la gran riqueza lingüística» de España y no utilizar las diferentes lenguas como «un arma arrojadiza».

CiU, Entesa Catalana del Progrés y el Grupo Mixto enmarcaron dentro de la «normalidad» el cambio ayer aprobado. «Lo excepcional», destacaron, es que no se haya producido antes.