Sudaron por una camiseta

Diez exjugadores y un exentrenador, leyendas en albiazul, atienden la llamada de EL CORREO y desgranan los muchos recuerdos de un equipo que les rompe el corazón y les devuelve la ilusión Once legendarios que fueron y siguen siendo del Alavés se citan en Mendizorroza para 'jugar' otro partido por el ascenso

JOSÉ ÁNGEL MARTÍNEZ VIGURIVITORIA.
Fieles. Las viejas glorias albiazules reunidas por EL CORREO posan en Mendizorroza sobre un mensaje inequívoco. :: FOTOS: IGOR AIZPURU/
Fieles. Las viejas glorias albiazules reunidas por EL CORREO posan en Mendizorroza sobre un mensaje inequívoco. :: FOTOS: IGOR AIZPURU

¿Qué sería del Alavés sin pasado? Pues que carecería de presente y renunciaría a un futuro mejor. El 'Glorioso' es glorioso por lo que fue, por lo que es y por lo que será, seguro. Ayer, hoy y siempre. Para siempre. BETI ALAVÉS!, el lema más vigente que nunca, ahora en tiempos de penuria en el bolsillo y en la caja fuerte. EL CORREO rebobina la película de una hermosa historia en albiazul, de engaños y desengaños, de épica en Ametza o en el Bernabéu, de compra de partidos en Getafe y Vigo, de la recordada 'General', de 'Compa', de la 'Paca' y de don Juan Arregui. De cuando no había hierba o la cubría la nieve que alcanzaba el marcador de Donato Díaz Villaluenga, el notario de 'Mendi'. Una tarde se posó un buitre frente al estadio.

El Alavés de cuando lo entrenaba Manolo Echazarreta, Puskas o los brebajes de Naya, supersticioso como buen gallego. O de aquel crío llamado Jorge y apellidado Valdano que coincidió un buen día con Adorno, con bromas en la ducha, hasta que se hizo grande y famoso. De las máquinas tragaperras que trajo Julián Ortiz Gil para sacar perras y hacer un Alavés grande que se desmoró a la mañana siguiente. De aquella maldita caída en 1986 se levantó y vino mucho después la final de la UEFA. ¡Vaya historia! ¡Qué 90 años! 'x90+'.

Era cuestión de llamar a once personajes del Alavés, viejas y queridas glorias, para que los revivieran en dos tonalidades y entre ellos. Mejor. Para que jugaran de nuevo, porque es lo que hicieron y lo que saben hacer, aunque les delate el peso y el paso de los años. Era preciso comprobar si se les había olvidado la profesión que les distinguió, a pesar de que ninguno se hizo rico pegando a la pelota. Se coló en la historieta, a propósito, un entrenador (Luis Astorga). Porque sin un míster serio, hoy adorable abuelo, no hay equipo, y se trataba de esto, de confeccionar el mejor posible, aunque faltaran futbolistas.

De vuelta a casa

Han sido cientos, miles los que han defendido y sudado desde 1921 una camiseta, un sentimiento, un orgullo, una ciudad y por Álava. Han ondeado la bandera y bajado al pozo de las ánimas. El Alavés es todo y más... para ellos. Pero a todos no se les podía citar. Se reclamó la presencia de un once, de todas las épocas, hasta la de uno (Alfredo Contrasta) que actuó en Primera a mediados del siglo pasado con Berasaluce, Sanz, Erezuma, Primi, Barcina... El mayor del grupo, que no el viejo. Lo hicieron gustoso.

Vamos con ellos. Astorga, el que sacó al Alavés de Tercera hace veinte años, hoy comentarista radiofónico, se presentó feliz a la cita procedente de Burgos. En Vitoria hizo parada en su camino hacia Bilbao para tratar un asunto familiar. Una satisfacción contar con él. Desde que marchó no había vuelto al que fue su hogar, no había visto el nuevo teatro albiazul. Todo nuevo para él. «¡Qué bonito!», exclamó, acostumbrado a aquellos pastizales donde su tropa triunfó con los Biota, Txosa y demás... Abrazó al goleador de goleadores, Jesús Arambarri, su ayudante entonces, un amigo en la distancia pero cercano en el latido. Y se reencontró con ellos, con algunos de los que fueron sus pupilos.

Como con los cuarentones Iñaki Ocenda, Alberto Roth, Javi Muro y Carlos Martínez, que se ven casi a diario por la calle Dato o en Mendizorroza. Así que el saludo fue rutina para estos cuatro. Y el de Contrasta -con la entrada para el encuentro de hoy contra el Lugo recién comprada- frente al incansable Baroja y el de este con Iturrospe: uno, 'Pío', como el escritor; el otro, 'Lorito'. O el de todos con Español, para quien los años no parecen pasar por su innata elegancia y el cabello canoso.

El reloj se debió parar en la muñeca de ¿Benito Alonso? ¿Eh? En la de Frechilla, sí, Frechilla, aquel que corría pegado a la banda o fuera de ella, «con un pie en la raya», recuerda. Está delgadito. Puro nervio. «Si yo hubiera pillado este campo entonces, me lo como...», le dice a Ángel Benito, el jardinero, un chaval cuando todos estos entrenaban en el campito de arena pegado a la vivienda de su familia, en los bajos de Cervantes, donde hoy se levanta el museo del Alavés.

'Frechi' llegó el último al encuentro entre exalbiazules propiciado por este periódico el jueves. Con mucho retraso, pero llegó. Venía de Pola de Laviana (Asturias), donde reside tras dejar Vitoria y muchos recuerdos y amigos hace tres años. Ayer se casó aquí su hijo varón. Con Frechilla se rompió el protocolo y empezaron las bromas. «No te puedes callar un momento», le recriminó Iturrospe mientras el fotógrafo ponía en orden a la gloriosa pandilla albiazul para inmortalizar tan irrepetible imagen.

Perejil a San Pancracio

A cada uno de los once se le asignó una letra bien grande, para que se vea y conste en acta. A Astorga la B; Ocenda sujetó la E... y así hasta Arambarri, a quien le correspondió la exclamación final. Había que escribir en mayúscula BETI ALAVÉS! Fue posible, no fácil, porque el de siempre, Frechilla, se cargó la tilde de la É nada más tomarla entre sus manos. Posaron a pie de campo, en un córner -hay que preservar el tapete para esta tarde, porque si no Benito se enfada- y después repitieron sobre los asientos de Cervantes. Donde se sientan los que antes les aclamaban. Cambio de papeles.

Mientras, Arambarri fijaba su mirada en esa portería de abajo. «Era para mí», bramó el de Arrasate. Y lo sigue siendo. Y también lo es de Frechilla, que metió cinco goles en el 9-1 al Ejea de los Caballeros, entre las goleadas históricas del Alavés. Se le ha quedado en la mala memoria aquel año que se proclamó máximo realizador del equipo y el clásico Trofeo Poliki no fue a sus manos. ¿Por qué? Sin respuesta.

Una hora larga salpicada de bromas, risas, complicidad... Ni un mal gesto ni una mala cara. Por el Alavés, lo que sea. Como si hay que plantar perejil alrededor de San Pancracio. A Baroja, el chico de los recados, Naya le traía por la calle de la amargura con el capricho del santo. Cada vez que había que ganar, o sea todos los domingos, verde para la figura. El mártir de la suerte hoy estará con el Alavés, aunque a ver quién le pone el perejil, para derrotar al Lugo y dar otro pasito hacia el ascenso. Lo que desean todas estas viejas glorias que el otro día, en su despedida, ni siquiera miraron hacia atrás al salir del campo. Porque vuelven a él. Hoy mismo. A la grada para jugar desde ella y sobre la hierba. Se pondrán la camiseta, no para sudarla, porque ya dieron todo por ella, pero sí para sentirla en lo más hondo. BETI ALAVÉS!

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