G-8 VS Internet

JUAN VARELA

Nicolas Sarkozy ha convocado una cumbre previa al G-8 para decirle a internet que no está al margen de los gobiernos. Pero la red ha vuelto a enarbolar la Declaración de Independencia del Ciberespacio para reivindicar su autonomía. Una nueva brecha geopolítica entre países deseosos de gobernar internet con más regulación, los anglosajones que rechazan leyes internacionales y perder su control fáctico de la tecnología, China y los que censuran la red intramuros y explotan sus libertades globales, y la de las empresas de internet y usuarios que volvieron a aplaudir a John Perry Barlow, uno de los redactores de aquella vindicación, al enfrentarse a la propiedad intelectual explotada por los grandes de los contenidos. Eric Schmidt, presidente de Google, defendió los algoritmos y la creación de robots para identificar y proteger los contenidos. Reivindicó una mínima regulación contra el mal frente a los impulsores de la ley de los tres avisos o de nuestra ley Sinde contra las descargas. Pero los dueños de los contenidos reclaman control y Michel Barnier, comisario europeo, exige la colaboración de los servidores y las telecomunicaciones.

Internet ya no es independiente. Es nuestra realidad, gran parte de la economía y los negocios, el nuevo espacio público, la política como el #15m ha demostrado. No puede ser ajena a la sociedad, pero necesita otras reglas: las de la participación, la colaboración, los estándares y sistemas abiertos. Garantías para preservar que todos podamos estar, hacer, expresarnos, conocer e innovar. A un lado, el intervencionismo gubernamental a menudo disfrazado de gobernanza. De otro el neofeudalismo de las tribus digitales y de las empresas dueñas de las plataformas donde los usuarios comparten datos, identidad, contenidos y relaciones. El vasallaje de la servidumbre de la vida y la actividad digital, empleadas por las empresas de internet para su negocio. En el centro, la gente y sus libertades y oportunidades, el derecho a preservar.