Sanidad pide a 46 colegios que cambien sus tuberías al hallar plomo en el agua

Asegura que no supone un riesgo para la salud de los escolares, pero recomienda «dejarla correr» antes de beber

LUIS LÓPEZBILBAO.
Una niña bebe agua en el baño de un colegio vitoriano. ::                             BLANCA CASTILLO/
Una niña bebe agua en el baño de un colegio vitoriano. :: BLANCA CASTILLO

El plomo, en cantidades relevantes, puede dañar el sistema nervioso, el cerebro y los riñones, provocar infertilidad o disparar la presión sanguínea. Hay estudios que relacionan este metal pesado con el aumento de la agresividad y la disminución de la capacidad intelectual. Es un veneno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece un límite máximo en sangre para niños de 10 microgramos por decilitro, un nivel que algunos estados aplican también a adultos. En Euskadi podemos estar tranquilos; no es que haya muchos estudios, pero el último, de 2006, aunque sólo se refiere a Vizcaya, establece que los vascos tienen un valor medio de 2,68 microgramos.

¿Cómo llega este metal a nuestro organismo? Durante décadas el principal peligro era el aire, la polución, porque en los carburantes se utilizaba el plomo como antidetonante, explican fuentes del Departamento de Sanidad. Pero desde que se sustituyó por otros compuestos su incidencia ha caído en picado en todo el mundo. Por ejemplo, en Estados Unidos el porcentaje de niños con más de 10 microgramos por decilitro de sangre pasó del 7% en 1997 al 1% en 2006. También dejó de usarse en pinturas y redes de abastecimiento de agua.

Es aquí donde continúa el riesgo. Muchos edificios mantienen instalaciones antiguas que aportan plomo. Como la población más frágil y sensible a cualquier tipo de contaminación son los niños, el Gobierno vasco ha elaborado un estudio sobre este fenómeno en los colegios. De los 740 centros analizados entre los años 2007 y 2008, cuyos datos han sido publicados recientemente, 35 -con una población escolar de 3.476 niños- arrojaron niveles de plomo de entre 10 y 25 microgramos por litro de agua, y otros 11 -que acogen a 1.208 alumnos- estuvieron por encima de los 25 microgramos. En ambos casos se trata de escuelas que superan el límite recomendado por la OMS, de 10 microgramos, que será aplicable por ley en España a partir de de enero de 2014 -ahora es 25-.

Pero desde Sanidad llaman a la calma. Expertos de Salud Pública redactores del estudio aseguran que no hay peligro. En primer lugar, señalan que «se forzó» la toma de muestras. Se refieren a que cogieron agua de los grifos y fuentes a primera hora de la mañana, sin dejarla correr, de manera que, tras toda la noche en las tuberías, se alcanzaría la mayor concentración de plomo posible. «Lo que pretendíamos es saber si existía algún elemento de este metal en la fontanería, no la calidad del agua de consumo. Si las muestras se tomasen en otro momento a lo largo del día, el nivel de plomo sería casi indetectable» y pasaría todos los controles sanitarios, aseguran los expertos.

Pero también es cierto que lo ideal sería que el organismo humano no acumulase ninguna cantidad de plomo. O, cuanto menos, mejor. Así que el Departamento de Sanidad envió una carta a todos los colegios en la que les detallaban su situación. Para el 95% de ellos no había problema alguno. Y para el restante 5%, la conclusión era clara: les animan a revisar sus instalaciones, detectar las partes con plomo y sustituirlas por otras no problemáticas. Mientras tanto, los especialistas de Salud Pública señalan que «debe dejarse correr el agua antes de consumirla, pues de esta manera se reduce o elimina el problema».

Fue el año pasado cuando los centros escolares recibieron las cartas. ¿Ya se han identificado y sustituido los elementos plúmbeos de las tuberías? Es el Departamento de Educación quien debe pronunciarse. Fuentes de esta consejería comienzan recordando que «no hay riesgo para la salud» ya que el objetivo del estudio realizado por Sanidad no era medir la calidad del agua de consumo, sino identificar posibles componentes de plomo en las tuberías. A renglón seguido, los mismos medios admiten que en este asunto la política que se sigue es «riesgo cero», de manera que los elementos sospechosos «se están retirando de manera progresiva a medida que se sustituyen las instalaciones».

Peor en Álava

Es decir, la decisión de actuar o no queda en manos de cada colegio y, por lo general, aprovechan las actuaciones de mantenimiento para eliminar totalmente el plomo de las tuberías. Es lo mismo que ocurre con los pisos particulares: la Administración tiene competencia sobre la calidad del agua y el estado de las conducciones generales. La instalación desde ese punto hasta el grifo particular es asunto de cada cual. En el caso de los colegios, ellos deben encargarse. En el caso de las viviendas, son sus propietarios quienes deben hacerlo.

En cualquier caso, hay que señalar que el 5% de colegios que superaron los 10 microgramos en la muestra se reparten de forma equitativa. No hay diferencias entre centros públicos y privados, ni entre urbanos o rurales. Aunque sí cambian mucho las cosas en según qué territorio. Mientras en Vizcaya y Guipúzcoa sólo se estuvo por encima de ese valor en el 2,4% y 2,2% de los casos, respectivamente, en Álava se elevó hasta el 9,7%.

¿Por qué? Un factor a tener en cuenta es la antigüedad de las instalaciones: a más obsoletas, más posibilidades de que haya algún elemento de plomo que haga cesiones al agua. Pero también es importante la composición del agua, que cambia en algunas zonas. «Un agua blanda, con pocas sales y un ph bajo tiene más acidez, es más agresiva», de modo que 'disuelve' el plomo de las tuberías con más facilidad, explica Varela. Sin embargo, cuando es más dura, con más ph y sales, éstas se depositan en las canalizaciones y forman una película que actúa como barrera para las cesiones de plomo. La influencia del agua es fundamental. Se comprobó en Washington en 2004: un cambio en su composición provocó la conocida como crisis del plomo, que causó una alerta sanitaria sin precedentes.

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