La etapa que Cavendish no debió ganar

Ventoso, segundo ayer, acusa al británico de haber subido el Etna remolcado

J. GÓMEZ PEÑA ENVIADO ESPECIALTERAMO.
Cavendish, de blanco, supera a Petacchi, de rojo a la derecha de la imagen, y a un tapado Ventoso. ::                             EFE/
Cavendish, de blanco, supera a Petacchi, de rojo a la derecha de la imagen, y a un tapado Ventoso. :: EFE

¡La de cosas que caben en una etapa de este trepidante Giro!

Cabe una bicicleta, la de Mark Cavendish, ganador ayer al sprint. Es una 'Specialized' negra carbono con tiras rojas. Preciosa. Una obra de orfebrería pulida durante nueve meses, como un embarazo, por ingenieros de McLaren. La fórmula 1 hecha ciclismo. El cuadro de la bici tiene peso pluma: 950 gramos. Y cuesta cerca de 10.000 euros.

Cavendish compite sobre un McLaren. Y de eso le acusó ayer Fran Ventoso, segundo en la meta de Teramo: de haber subido remolcado por un coche de su equipo el domingo en la cuesta del Etna. Cavendish se salvó ese día del fuera de control por apenas 25 segundos. Ventoso bramaba: «Es una vergüenza. Cavendish tendría que estar ya en su casa y no aquí». Ventoso y los que penaron a chepazos en el Etna lanzaban lava por la boca. A uno se le oyó: «Remolcarse es peor que doparse». Luego le preguntaron a Cavendish por el asunto. Sonrió y lo negó. También le cuestionaron sobre ello a Petacchi, tercero en la meta. Y el italiano ironizó: «Yo hago el Giro en bicicleta». Cavendish, en su 'McLaren'.

En este Giro cabe la indignación de muchos. De Ventoso, en especial. «Fran sufrió mucho para subir el Etna sin que le cerraran el control», repetían en su equipo, el Movistar. Cada ciclista necesita su paisaje. Y el de Ventoso no es la montaña. El domingo reptó como pudo hacia el Etna. Iba en el asiento de atrás de la carrera, allí donde sólo los jueces la ven. «Si llega fuera de control y luego le repescan, no digo nada. Pero por lo menos que dé pedales». Dardo lanzado contra Cavendish. «Para mí, el ganador de la etapa ha sido Ventoso», juzgó Pasamontes, compañero en el Movistar. Otro corredor español, a media voz, declaró: «El domingo, Cavendish descansó y bastante».

Ese día, el británico y tres de sus lanzadores alcanzaron el volcán en el último grupo, a 26 minutos, con el cierre de control a punto de guillotinarles. Ventoso había entrado un par de minutos antes. Unos en coche y otros en bici. «Tendrían que haberle descalificado», repetía el cántabro, que dijo haber visto imágenes de la 'trampa' en youtube. El ojo de la red que todo lo ve.

En el Giro cabe, además, el miedo. A toneladas. El lunes por la noche, durante la jornada de descanso, el Adriático sopló con ganas sobre los hoteles de los corredores. Silbaba. Viento norte. Pesadillas. Ayer, en la salida, la playa de Térmoli era coto para el wild surf y los cometas. No soplaba tanto. Pero todos temían su latigazo. El cielo andaba en dudas y la etapa iba ceñida al mar. Aire de costa. Freno para los tres escapados del día: el vascofrancés Cazaux (Euskaltel), el japonés Beppu y Krivstov.

Ellos recorrieron primero esta zona aletargada a la espera del verano y los turistas. Urbanizaciones de persianas bajadas y sillas boca arriba. El trío resistió hasta que faltaban sólo diez kilómetros. Hasta que el miedo al viento fue sustituido por el miedo a caerse en los estrechamientos de la carretera. Ahí, el Saxo Bank de Contador y el Euskaltel de Antón escudaron a sus líderes. A salvo. Arrancaron otra etapa peligrosa del calendario.

Cavendish se enciende

En este Giro cabe un sprint en ligera subida. De los difíciles para calcular el punto exacto del disparo. Petacchi quiso adelantarse y se suicidó. Tampoco Ventoso, bien lanzado por Lastras, atinó. Los dos pisaban la huella equivocada. Mejor era la que seguía Cavendish. La de Teramo fue otra de esas metas que a él le saben a champán. Ganó como si nada. Tan fácil. Fresco. Con tiempo de sobra para sacar su sonrisa dentífrica.

Y para replicar a Ventoso: «Le reto a que venga conmigo y vea qué pasa cuando pincho o tengo una avería. Que vea cómo me vigilan los jueces. Todo el mundo está pendiente de mí por críticas como éstas». Ya no se reía. Se fue encendiendo: «Si con tantos jueces encima fuera capaz de remolcarme, sería un mago, un David Copperfield». Más fuego: «Yo podría acusar a Ventoso, pero no lo hago». Su 'Specialized McLaren' lucía al lado. ¿Una bici o un coche? Dicen los que le acusan que Cavendish comenzó a subir el Etna con 25 minutos de retraso y que llegó con 26, casi al ritmo de Contador. O de un McLaren.

Y en este Giro cabe, por último, una declaración de Thomas Lövkvist, ciclista del Sky: «Contador no debería estar corriendo esta carrera». El madrileño sigue pendiente de la sentencia del Tribunal de Arbitraje sobre su positivo en el Tour. Contador, que parece inmune a la polémica, no habla de eso; sólo del Giro: «¿Cómo correré en los Alpes? Como me diga el corazón». Tras la etapa no dijo ni mú. No acudió a la rueda de prensa obligatoria para el líder de la ronda y la organización le multó con 600 euros. ¡Lo que cabe en el Giro!

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