«He muerto, este es mi último post»

Ocho millones de personas han leído el mensaje de despedida de un bloguero canadiense que falleció de cáncer

CARLOS BENITO
Derek K. MIller, en uno de los autorretratos./
Derek K. MIller, en uno de los autorretratos.

Derek K. Miller sabía que iba a morir pronto. Así que un día, no sabemos cuándo, escribió estas palabras para que un amigo las colgase en su blog después de que ocurriese lo inevitable, como un mensaje llegado misteriosamente desde el otro lado: «Aquí está. Estoy muerto y este es mi último post en el blog». Con esas dos frases arranca una larga despedida del mundo, de las personas queridas y también de esa familia extensa que son los seguidores de un blog, que en la semana transcurrida desde el fallecimiento de Derek ha sido leída por más de ocho millones de personas. El bloguero canadiense, que creó la primera versión de Penmachine.com en 1997, repasa en el texto la relación con su mujer, Airdrie, y con sus hijas Marina y Lauren, de 13 y 11 años, y medita serenamente sobre el final de la vida desde una postura atea: «No he ido a un lugar mejor, ni a uno peor. No he ido a ningún sitio, porque Derek ya no existe. Tan pronto como mi cuerpo dejó de funcionar y las neuronas de mi cerebro cesaron de estimularse, experimenté una notable transformación: de organismo vivo a cadáver, como una flor o un ratón que no superan una noche particularmente gélida».

Al fin y al cabo, Derek era biólogo, especializado en invertebrados marinos, aunque en su perfil de internet se describiese como «escritor, editor, chico de la red, batería y papá». Hasta que la enfermedad irrumpió en su vida y en el espejo de su blog, sus textos se dedicaban sobre todo a la tecnología, una de sus grandes pasiones, pero sin desaprovechar ninguna ocasión para intercalar historias de su experiencia cotidiana. El punto de inflexión llegó el 31 de enero de 2007, bautizado por él como Día Cero, cuando le diagnosticaron el cáncer de colon que acabaría con él. «Todos corremos el peligro de que nos atropelle en cualquier momento el proverbial autobús. Pero, ahora mismo, me siento como si cada día tuviese que atravesar corriendo una autopista llena de autobuses que circulan a toda velocidad, y tengo que confiar en mis médicos y en mi suerte para ver si soy capaz de sortearlos a todos», escribió aquella terrible jornada.

A partir de ahí, lo relacionado con el tratamiento y el deterioro físico fue ganando presencia en sus escritos, pero con ese particular sentido del humor que le permitía colgar un día la 'Canción de la cirugía colorrectal', encontrada en YouTube, o incluso ironizar sobre su incontinencia: «En 2001, cuando mi hija más pequeña aprendió a usar el baño a los 18 meses, creí que íbamos a ser una casa libre de pañales durante décadas. Nos imaginábamos que no compraríamos más pañales hasta que llegasen los nietos», comentó. También supo mantener el interés por lo que ocurría fuera de su organismo: los solos de guitarra de B.B. King, los viajes espaciales o dos de sus productos favoritos, la Diet Cherry Coke y el Kraft Easy Cheese (una especie de queso en spray), ambos imposibles de conseguir en Canadá: «Si eres de Vancouver y viajas a Estados Unidos, o si eres un residente de Estados Unidos que visita Vancouver, estaré feliz de reembolsarte el coste de algunas Diet Cherry Coke, un poco de Kraft Easy Cheese o los dos. Y si me dices que estas sustancias horribles con apariencia de comida me van a provocar cáncer, me reiré». Él era el primero en sorprenderse de que lloraba menos de lo esperado y, a menudo, con detonantes «imprevisibles y raros».

¿Cómo será el mundo?

Poco a poco, la perspectiva cambió: «Ya no escribo sobre vivir con cáncer, escribo sobre morir de cáncer». Derek saludó las navidades de 2010 como las últimas para él: «En 2011, mi familia se reunirá de nuevo por Navidad. Pero, para entonces, lo más probable es que yo esté muerto. No quiero que esta noche se convierta en un acontecimiento sensiblero por eso, pero es la verdad». A mediados de abril, parecía claro que el desenlace era inminente: «El coche se ha salido del asfalto y circulamos sobre grava. El final de la carretera está en algún sitio, ahí delante, no demasiado lejos, y ya nunca volveré a viajar de forma suave y rápida».

El miércoles pasado, los habituales de Penmachine se toparon con el mensaje de despedida. Derek había muerto la víspera, con 41 años. «Sucederán muchas cosas sin mí. ¿Cómo será el mundo en un año tan cercano como 2021, o tan lejano como 2060, en el que yo habría tenido 91 años, la edad que alcanzó mi abuela? ¿Qué cosas nuevas sabremos? ¿Cómo habrán cambiado los países y las personas? ¿Cómo nos comunicaremos y nos moveremos? ¿A quién admiraremos o despreciaremos? ¿Qué hará mi mujer, Air? ¿Y mis hijas, Marina y Lolo? ¿Qué habrán estudiado, cómo pasarán el tiempo, en qué trabajarán? ¿Tendrán sus propios hijos? ¿Nietos? ¿Habrá partes de sus vidas que yo encontraría difíciles de entender? Quién sabe, ahora que estoy muerto». Su esposa, que ve el blog como la reconfortante posibilidad de guardar para siempre «un trocito de él», es la destinataria de las últimas palabras, las más importantes, en ese doloroso tiempo pretérito: «Te quise profundamente, te quise, te quise, te quise».

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