«Hemos tenido que coger vacaciones»

Las familias afectadas por la reducción de la jornada escolar ante las continuas huelgas en los comedores denuncian la situación por «insostenible»

M. F. VALLEJOBILBAO/GETXO.
Madres aguardan a sus hijos a las dos de la tarde en el colegio Andra Mari de Getxo al suspenderse las clases por la tarde. ::                             GABRIELA BARNUEVO/
Madres aguardan a sus hijos a las dos de la tarde en el colegio Andra Mari de Getxo al suspenderse las clases por la tarde. :: GABRIELA BARNUEVO

La huelga de comedores en la escuela pública cumplió ayer su jornada 22, en la que el 33% de los monitores no acudió a su puesto de trabajo. En un intento de poner fin al largo conflicto que está complicando la vida a miles de familias vascas, las empresas lanzaron una nueva oferta a los sindicatos que convocan los paros, LAB, ELA y UGT. Les ofrecen una paga extra en función del nivel de absentismo, junto con alcanzar el 95% del sueldo que reciben los empleados del Gobierno vasco que realizan su misma labor.

A los representantes de los trabajadores les pareció una propuesta «negociable» y que desbloquea el diálogo con la patronal, pero optaron por continuar con la huelga hasta que tomen una decisión definitiva. Hoy celebrarán una asamblea en la que estudiarán la oferta.

Mientras se suceden las reuniones, las consecuencias de estos paros -que comenzaron hace dos cursos y ahora son continuos desde el lunes 2 de mayo-, están acabando con la paciencia de las familias afectadas. Colectivos de padres de algunos centros han lanzado la propuesta de devolver los recibos del comedor. «Les están dando bocadillos, un 'picnic' que envían las empresas de una calidad pésima, y a otros niños les mandan a casa sin comer. No tenemos por qué pagar», comentaba ayer, harta, la madre de un alumno de un centro vizcaíno.

El colegio público Andra Mari de Getxo es uno de los que más están sufriendo los efectos de la batalla que mantienen los monitores de comedor para mejorar sus condiciones laborales y sus sueldos. El 70% de los trabajadores están de huelga, lo que ha motivado que se suspenda el jantoki y los niños, el 95% se quedaba a almorzar, solo tengan clase por la mañana. La dirección ha optado por concentrar las clases hasta las 14 horas y suspender las extraescolares del mediodía y de la tarde. «La decisión de hacer jornada continua es el único remedio porque solo había dos monitores para servir la comida a 480 niños», explicó el director, Patxi Lasa. Antes de esa medida habían recurrido a varias fórmulas, incluso a servir un 'picnic' bajo la supervisión de los padres. Pero tampoco en ese caso quedaba garantizada la calidad de alimentación ni la higiene.

Con aitites y amigos

La agrupación de padres de Andra Mari hizo público ayer un documento en el que exigían una solución inmediata «tras dos años de huelgas», porque la situación les resulta ya insostenible. Destacan que hay padres que se han visto obligados a cogerse vacaciones, contratar cuidadoras o recurrir a familiares y amigos.

Rafael Andrés, de 69 años, explicaba ayer a su nieta el conflicto de los comedores cuando acudió a buscarla a la escuela. «¿Que qué pasa? Pues pasa que aitite y amama tenemos que sacar las castañas del fuego. ¡No tenemos tregua! Es que ama y aita están trabajando y andamos a vueltas sin parar». Este abuelo indignado describía la situación sin paños calientes. «Es que hay unos que están metidos a dedo y esos se suman a la huelga porque quieren que les suban el sueldo al mismo nivel que a otros. Así que los paganos de todo esto somos los aitites y los niños. Y también los padres que, con la preocupación, están venga a llamar por teléfono», se quejaba.

Las familias hacen encaje de bolillos con su agenda diaria. «Conozco gente que ha tenido que sacrificar las vacaciones. Yo estoy llegando tarde al trabajo, aunque tengo suerte porque me comprenden», explica Mari Mar Masa. Lo que sucede, dice, «viene a romperte todos los planes» y tampoco le parece justo que hagan una huelga. «Se quieren equiparar a gente que trabaja en Gobierno vasco, pero para eso deben tener los mismos méritos».

Otra madre, Karmele Andrés, ya ha perdido un día de trabajo y ha recurrido a su madre varios días. «Esto nos pilla de pena, porque estamos llevándonos a niños que no son nuestros, tirando de las amamas, pidiendo vacaciones… Están tardando mucho en llegar a un acuerdo. No veo disposición de arreglar el conflicto entre todas las partes implicadas», protestó.

Muy cerca de ella, Cristian González escrutaba el patio preocupado en busca de un alumno. «Me han encargado tres niños y hay uno que no encuentro», explicó, antes de avistarlo y opinar que «es una vergüenza lo que están haciendo con la huelga». Para Jon Arredondo y Zuleika Serrano la situación era ayer ya muy complicada. «Podemos arreglarnos porque estoy sin trabajar, lo demás estaríamos perdidos. Entiendo que luchen, ¡pero es que ya llevamos dos años de huelga de comedor!», protestaron.