Pinotti honra la fiesta nacional italiana

El campeón transalpino de crono se coloca como líder tras ganar el HTC por equipos, donde Nibali le arañó 8 segundos a Contador

J. GÓMEZ PEÑA ENVIADO ESPECIALTURÍN.
Marco Pinotti, con el maillot tricolor, lidera al HTC en la crono por equipos. ::
                             EFE/
Marco Pinotti, con el maillot tricolor, lidera al HTC en la crono por equipos. :: EFE

En italiano, 'atasco' se dice 'casino'. Así estaba ayer la elegante Turín, colapsada por el corte de calles para el paso del Giro y por la invasión de medio millón de 'Alpini', esa especie de soldados en la reserva llegados hasta la capital del Piamonte para celebrar la unificación italiana. Es una fiesta de estética militar. Los 'Alpini' desfilan en batallones, cerveza en mano. Así, por escuadras, fue ayer la técnica contrarreloj inicial el Giro. Algo más de 19 kilómetros callejeando entre Venaria Real y el centro barroco de Turín. Con la ciudad abarrotada de atascos, gente y ruido.

De Italia dicen que es un país que a diario bordea el precipicio, aunque sin caer nunca. Una especie de casino donde la bola puede caer en cualquier casilla. Ya. De eso nada. Ayer ganó el favorito, el HTC de Cavendish, el equipo de los obuses. Y, entre ellos, el primero en cruzar la meta fue un ingeniero italiano de nariz antigua, Marco Pinotti. Claro. Es el campeón de Italia y pedalea con el maillot tricolor. Su bandera. La de todos ayer en un lugar, Turín, que volvió a demostrar que nadie como los italianos son capaces de darle sentido al desorden.

A los 'Alpini' los distingue la pluma que llevan en el sombrero: de cuervo para la tropa; de oca para los generales. A los ciclistas los ordena el reloj. Aunque Pinotti sea el líder festejado, el líder real es ya Nibali. Su equipo, el Liquigas, acabó cuarto, a 22 segundos del HTC. Nibali marca el paso: le sacó dos segundos a Scarponi, ocho a Contador, 16 a Arroyo, 17 a Sella y Rujano, 28 a Kreuziger, 31 a Menchov y Sastre, 45 a Joaquín Rodríguez y 53 segundos al Euskaltel-Euskadi de Igor Antón, último equipo ayer.

Sólo el portugués Machado (RadioShack) le quitó tiempo a Nibali: apenas 12 segundos. Nibali, Scarponi y Contador abren el Giro reforzados; Menchov, Joaquín Rodríguez, Kreuziger y Antón, reducidos. Aunque a los derrotados ayer les consuela el mapa desplegado de este tremendo Giro: tienen montaña de sobra para soplar y borrar los dígitos de la lista redactada ayer.

Circuito peligroso

«Lo importante era no perder mucho y evitar las caídas. El circuito era peligroso», resumió Contador, «contento» con el comportamiento de su «gente». El Saxo Bank respondió. Ocho segundos de demora ante Nibali no son nada en semejante Giro. A la mayoría de los candidatos ya los tiene detrás. De Pinotti no se preocupa. Ayer era un día reservado en este 'casino' italiano para la fiesta nacional de los 'Alpini'. Tenía que ondear la tricolor. Y el abanderado elegido fue el italiano del HTC: Pinotti. Un ciclista de aspecto retro y de estudios superiores. Uno de los pocos que ha levantado la voz contra el dopaje. De los que maldijo, por ejemplo, a Riccó, el loco de la tranfusión casera con sangre de la nevera. Dicen en Italia que Pinotti es un ciclista de verdad.

Lo parece. Nariz prominente y curvada, de viejo gregario o de campeones legendarios como Geminiani. Pinotti es la demostración de que se puede ser italiano de otra manera: sin gafas de sol, gomina, ni ropa de marca. Pinotti es callado, le gusta escribir y compartir su ciclismo. Es de los que no tira bidones a la cuneta a no ser que un niño se lo pida. Al llegar a la meta, en los bolsillos de su maillot están los envoltorios de los alimentos que ha comido. Ecociclista. Pinotti no mancha. Insisten en Italia en que es un ciclista limpio. Por fuera y por dentro.

Tampoco es como el tráfico de Turín: un corcierto de claxon, juramentos y maniobras indescriptibles. Pinotti, en cambio, siempre llega puntual: es un contrarrelojista que ha ganado un par de etapas en la Vuelta al País Vasco y que ya fue cuatro días líder del Giro en 2007. Ayer se vistió de rosa por quinta vez. La mejor. La más simbólica. Mezcló los dos colores de este, en apariencia, caótico país: el rosa y el rojo-blanco-verde de la enseña nacional. En el 'casino' de Turín salió la bola más esperada. Y la primera capital de Italia se descorchó eufórica. «Es un honor», se inclinó Pinotti.

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