No hay derecho

XABIER GURRUTXAGA

Uno tenía anoche la esperanza de que en el Constitucional se impusiera la razón jurídica frente al juicio arbitrario que, a mi entender, representa la sentencia del Supremo sobre Bildu. Una esperanza fundada en razones jurídicas, que resultan del examen de la sentencia y de las alegaciones expuestas en los votos particulares. Deseo que se restablezca la confianza en la aplicación del Derecho por las máximas instancias judiciales, pues a la vista del auto y de la sentencia de la Sala 61 sobre Sortu y Bildu se encuentra en mi caso muy debilitada.

No planteo como condición para la recuperación de la confianza que se le de la razón a uno en las cuestiones examinadas, sino sencillamente que la resolución judicial sea resultado de la aplicación de los principios básicos del Derecho y particularmente de los criterios legales y jurisprudenciales para la valoración de la prueba y la declaración de hechos probados. Es decir, que se imponga el criterio de seguridad jurídica y los ciudadanos tengan la certeza aproximada de que los tribunales por imperativo legal van a enjuiciar el caso según la convicción formada en Sala a la vista de las pruebas practicadas y nunca en razón a la convicción, la creencia o la opinión que pudieran tener a título personal sobre la cuestión sometida a enjuiciamiento.

Las personas que ejercen de jueces y magistrados tienen la obligación moral y legal de hacer todo lo necesariamente exigible para que en su convicción judicial influya el mínimo posible su convicción subjetiva y personal, y que aquélla resulte ser una conclusión lógica y razonable a la vista de los hechos que realmente han sido probados. Tiene que ser duro para los magistrados que aún siguen apreciando la dignidad de su actuación profesional tener que constatar cómo sus compañeros de Sala son los que les formulan la mayor enmienda a la totalidad que se puede formular a una sentencia sancionadora, cuando afirman que la teoría de la trama sobre el montaje de Bildu, diseñado por ETA, como una especie de 'deus ex machina', no se deduce de una interpretación objetiva de los documentos analizados, sino como fruto de una lectura sesgada y obligada para confirmar la hipótesis de partida. Es un reproche muy grave, pues en dicha censura hay una advertencia clara de que la mayoría no ha enjuiciado según la convicción judicial formulada en Sala, sino en razón al 'prejuicio' que tenían tales magistrados en virtud de la hipótesis previa.

Sería bueno que las resoluciones judiciales dejaran de ser 'deus ex machina' para resolver las necesidades del guión político. A lo que no hay derecho es al juego sucio que representa la última actuación de la Fiscalía y de la Guardia Civil de introducir extemporáneamente, con indefensión para los recurrentes, un documento no adverado por nadie que supuestamente da cuenta de un encuentro entre EA y ETA en febrero de 2009. Es inadmisible esta actuación, cuya finalidad no es aclarar, sino contaminar y condicionar la decisión de los magistrados.