«El Giro me enseñó que el ser humano no tiene límites»

Aprendió a ser ciclista en el Giro 2005 y el sábado regresará a la ronda italiana en busca de una gran etapa de montaña

J. GÓMEZ PEÑABILBAO.
Igor Antón, en la tienda de ropa Inside de Galdakao. ::                             BORJA AGUDO/
Igor Antón, en la tienda de ropa Inside de Galdakao. :: BORJA AGUDO

A su primer Giro, el de 2005, Igor Antón (Galdakao, 28 años) acudió como uno de aquellos jóvenes reclutas estadounidenses que se alistaron eufóricos a la guerra de Vietnam. Luego, ya en la selva, descubrieron el horror, el 'corazón de las tinieblas'. Hace seis años, Antón era un «turista con dorsal» en el Giro. Cámara de fotos en mano. Todo ojos e ilusión. Hasta atacó en el primer puerto que vio. El recluta feliz. Pero eso duró poco: el Giro es una carrera despiadada; la más cruel. El Stelvio, los Alpes, los Dolomitas... Se le vinieron encima. Tan mal le vieron que en su equipo le recomendaron la retirada. Y él se negó. Asumió su odisea privada. «La más intensa de mi carrera deportiva». Se arrastró, dudó, bordeó sus límites físicos y llegó hasta el final, a Milán. Salió vivo de la jungla. Hecho un hombre: «El Giro me hizo ciclista». A esa escuela de sufrimiento volverá el sábado. Aunque con condecoraciones: ahora tiene rango de oficial y un catálogo de cicatrices. De turista a francotirador de élite. Ya no lleva cámara; sólo busca una foto: la que retrata al vencedor de cada etapa.

- Parece en forma. En la Lieja-Bastogne-Lieja arrancó en busca de los Schleck y Gilbert, el trío que se jugó la clásica.

- Cometí un error a la hora de colocarme. Por no sufrir la tensión de ir siempre delante, me descuidé. Empecé mal colocado la cuesta en la que atacaron los Schleck. Fui remontando, pero no pude cogerles. De todas formas, ellos tenían mejores piernas que yo. Aunque sí me vi con capacidad para estar entre los diez primeros. Me fui de esa carrera contento. Sé que estoy bien. Lo comprobé también en la Vuelta a Castilla y León. Acabé tercero y con buenas sensaciones.

- Llega a punto a un Giro que tiene un final terrible, con seis etapas llenas de puertos. Hay que ahorrar fuerzas.

- Es verdad. Hay corredores como Scarponi o Nibali que ya han demostrado estar muy bien. Quizá se les haga largo el Giro. Mi idea es ir a por todas. Así saldré, a disfrutar de la carrera.

- Le esperan el Crostis, el Zoncolan, etapas maratonianas en los Alpes...

- Da respeto, aunque yo sea un escalador. Va a haber sorpresas. En jornadas como ésas, un líder puede hundirse. Hay una etapa que llega a los 6.500 metros de desnivel acumulado. Yo nunca he corrido una etapa así, y, además, ese día viene después de la jornada del Zoncolan. Es excesivo, casi inhumano. Por eso me tomo este Giro como un reto, como una aventura, como cuando debuté en 2005. Con la misma ilusión.

- ¿Partirá sin pensar en la clasificación general?

- No dejaré nada de lado, pero sí que intentaré no gastar fuerzas. Me tomaré con calma los momentos de estrés. No pasa nada si un día pierdo un minuto. No renuncio, pero iré relajado a este inicio del Giro. Mi ilusión es la parte final. Para mí, ganar una etapa sería un gran paso.

«La carrera más bonita»

- En eso, el Giro, una carrera más controlada, es más asequible que el Tour.

- Eso dicen. Corrí el Giro en 2005 y esa experiencia me ha venido muy bien. Aquel Giro me hizo ciclista. Es una carrera que te deja más aire que el Tour. No hay tanta tensión, ni esas etapas de llano o de viento que tan mal nos van a los escaladores. El Giro tiene otro estilo y creo que me puede beneficiar.

- Habla con cariño del Giro 2005.

- Sí. Fue duro. Primero piensas en lo mal que lo has pasado y no quieres volver. Pero luego guardas un buen recuerdo. Para mí es la carrera más bonita.

- Aquel debut fue una aventura: ni siquiera estaba en la lista oficial de participantes.

- Es que yo no iba a ir. Acababa de venir del Tour de Romandía. Era mi primera temporada y estaba descubriendo carreras importantes. Recuerdo que aquel año iba con una cámara de fotos a las carreras. Era como un turista en el pelotón. Ahora, por vergüenza, no la llevo. Tengo fotos de aquel Tour de Romandía. Al poco de llegar a a casa, tres días antes del Giro, me llamó Julián Gorospe (entonces director del Euskaltel-Euskadi) y me dijo que si quería ir a Italia. Me sorprendió. ¿Al Giro? Menuda ilusión me hizo. Como un niño con zapatos nuevos. Fui lleno de ilusión.

- ¿Y qué encontró?

- Una carrera fantástica, pero que cada día era más dura. La acabé por cabezonería. Y me sirvió para conocerme mejor. No he vivido otra experiencia como aquélla.

- Incluso en su propio equipo le recomendaron retirarse.

- Sí, lo que pasa es que tuvieron que abandonar por caída varios compañeros (Muniain, David López...) y como quedábamos pocos... Además, yo quería acabarla. Quería llegar a Milán.

- ¿Por qué dice que ha sido su experiencia más intensa?

- Porque era la primera vez que corría una vuelta grande, por la dureza de aquella edición... Ahora sé que va a ser muy duro, pero ya conozco carreras como el Tour o la Vuelta. Entonces, lo máximo que había hecho eran los diez días del Tour del Porvenir.

- Aquel Giro se le vino encima.

- Vi la otra cara del deporte, su peligro. Viví la caída de Muniain, que luego no volvió a correr. Te das cuenta d e que todo se puede ir abajo en un momento. Y hubo etapas en las que me tocó llegar a 45 minutos del primero. Me dolía todo el cuerpo. El día del Stelvio casi no llego a la meta. Recuerdo que cuando crucé la cima de Sestrieres, que era ya el último puerto de aquel Giro, me vino una alegría inmensa. Lo demás fue sufrir y sufrir. En esa carrera me di cuenta de que el cuerpo humano no tiene límites. Siempre se puede sufrir un poco más. Pensaba en las historias de los alpinistas, en lo mal que lo pasan para llegar a la cima de un 'ochomil'.

- ¿Y aquel descaro, cuando al poco de empezar el Giro salió en un puerto tras Bettini y Di Luca?

- Fue en la primera semana. Salí y estuve ahí. Eso me dio mucha moral, pero luego vinieron días muy malos, sufriendo desde la salida. Tuve que buscarme las castañas para acabar la carrera. No tenía fuerzas y me quedaban dos semanas de carrera. Ufff.

- Ahora regresa como un ciclista hecho, capaz de disputar una Vuelta a España, aunque a la sombra de candidatos como Contador, Menchov o Nibali. ¿Es eso una ventaja?

- No me quita el sueño la general. Buscaré mi etapa. El día a día dirá quién va a luchar por la carrera.

- Sobran candidatos.

- Es que la participación es la mejor de los últimos años. Incluso, hasta mejor que la del Tour. Están Contador, Menchov, Sastre, Nibali, Scarponi y Kreuziger, al que tengo muy en cuenta.

La primera del Euskaltel

- Su equipo ya tiene etapas en el Tour y la Vuelta. Usted puede ser el primero en el Giro.

- Ojalá. Sería bonito. Y no lo veo imposible. Está a mi alcance. Me motiva.

- Elija: ¿Puertos del Giro o del Tour?

- Me gustan más los del Giro. A los del Tour nunca he llegado bien. Los puertos del Giro, con las rampas que tienen, me benefician si estoy bien. Además, son míticos. Y eso me motiva. Supone un plus pasar por mitos como el Stelvio, la Marmolada...

- ¿Cómo es Contador de cerca, en plena rampa?

- Pues a veces le he visto humano. No es inalcanzable. Le he ganado sólo una vez, pero no es imposible batirle. Desde cerca se le ve siempre muy concentrado. Se nota que es perfeccionista. Siempre va bien colocado en el pelotón. Y cuando se pone un objetivo, es de los que acierta. Por físico y por cabezonería. Siempre va al máximo. Cuando vas a su lado te da la sensación de que nunca se relaja, de que está siempre pensando en qué hacer para ganar. No es de los que echan risas en el pelotón.

- Del Giro 2005 a éste, ¿en qué ha cambiado Igor Antón?

- He dado muchos pasos adelante y alguno hacia atrás. La de 2010 ha sido mi mejor temporada hasta ahora y eso me da confianza. Sé que estoy bien, como el año pasado. Estar disputando la general de la pasada Vuelta a España me ha reforzado.

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