Arte y ensayos

PABLO MARTÍNEZ ZARRACINA

La realidad deja a veces resquicios por los que pueden colarse las buenas ideas. Algo de eso ocurre en Zorrozaurre, el nuevo Manhattan bilbaíno, sea esto dicho con mucho respeto hacia la isla de Manhattan en general. La última reinvención de la ciudad avanza con las dificultades propias de los grandes proyectos. Bueno, también con algunas otras; pero esa es otra historia. El caso es que a la gente de la Hacería se le ha ocurrido que, mientras va saliendo lo del milagro urbanístico, bien podría hacerse allí alguna cosa imaginativa que le otorgue una utilidad postrera al entrañable y previsiblemente efímero páramo posindustrial.

Dicho y hecho. Con la inestimable ayuda del Gobierno vasco, los hacendosos agitadores de La Hacería van a transformar las naves del viejo Zorrozaurre en laboratorios artísticos, gabinetes de alta invención y cosas por el estilo. La idea consiste, por ejemplo, en instalar en los pabellones estructuras prefabricadas que sirvan como oficinas y estudios para diseñadores, fotógrafos, pintores, músicos y demás gentes de temperamentos artísticos y minuciosos estilismos descuidados.

Todo suena bien. El alquiler de los «espacios» es barato y puede que en el lugar termine dándose un gran ambiente creativo, algo entre la Atenas de Pericles, el Gaztetxe 2.0 y la Container City londinense. Lo que habría que hacer es ampliar el abanico de inquilinos. Es un error limitarse a las actividades molonas. Lo digo porque la modernidad es un concepto cambiante y hoy lo 'cool' es dedicarse a la mímica feminista y a la piromanía, pero mañana quizá lo sea ser podólogo, notario o tertuliano de las cadenas raras del TDT. A favor de permitir que los tertulianos también puedan ensayar en Zorrozaurre, una razón de peso: los gritos. Son tenores de la indignación, los tertulianos, y sus trinos retumbarían de miedo. Llámenme romántico, pero casi puedo oírles practicando sus escalas: inaudito, inaudito; kafkiano; no puedo consentir; democracia, democracia; ver-gon-zo-so; ¡franquismo!; inmoral, inmoral.