Ciencia y 'Sábana Santa'

JOSÉ AGUSTÍN ARREGUI INGENIERO

El año 1988 los laboratorios de Oxford, Tucson y Zurich publicaron los resultados de los análisis efectuados con el método del carbono 14 a unas muestras de la sábana de lino que, según la tradición, habría envuelto el cuerpo de Jesús. El experimento dató el tejido entre 1260 y 1390. No ha sido el único estudio científico. Hematólogos, médicos forenses, patólogos, químicos, físicos y otros especialistas han realizado pruebas sobre la tela y han llegado también a sus propias conclusiones.

Los forenses han concluido que la sábana envolvió el cadáver de un hombre. El doctor Baima Bollone ha logrado demostrar que la sangre es sangre humana del tipo AB. Tiene además los signos de la rigidez cadavérica, el 'rigor mortis' que se inicia sobre las tres horas del fallecimiento. Y ha observado que la reacción provocada por la herida sufrida en el costado por el hombre de la sábana es característica de un tejido muerto. Es una herida 'post-mortem'. Del estudio de las llagas, el historiador Gino Zaninotto concluye que fue flagelado con un instrumento llamado 'flagrum taxillatum', látigo que empleaban los romanos y que se componía de dos cintas enganchadas a un mango de cuyos extremos colgaban dos bolas metálicas unidas mediante un alambre. Las bolas son los causantes de los hematomas y el alambre de los desgarramientos de la piel. En total ha contabilizado 120 latigazos repartidos por todo el cuerpo.

Y el doctor Sebastiano Rodante ha localizado 51 lesiones puntiformes en la cabeza como si le hubieran clavado una especie de casco perforador. Además, la imagen muestra a un hombre que fue crucificado mediante clavos que atravesaron las muñecas y el dorso de los pies. Las heridas en la región supraorbital parecen indicar que sufrió caídas en las que no pudo protegerse con las manos.

En 1978 científicos de la Nasa detectaron trazas de objetos sobre los ojos del hombre de la sábana. El profesor Francis Fillas identificó el objeto del ojo derecho como un 'leptum', una moneda acuñada en Judea en tiempos de Poncio Pilato. Y el año 1996 los profesores Bollone y Ballosino localizaron otro 'leptum' junto al ojo izquierdo en el que se podía leer el año de acuñación de la moneda: XVI de Tiberio Cesar. Es decir, el 29 después de Cristo. Estos descubrimientos han sido confirmados por especialistas en la numismática.

En los 23 años transcurridos desde la publicación de los resultados del carbono 14 se ha progresado en el conocimiento de este método. Algunos errores clamorosos han servido para mejorar los protocolos con los que se deben extraer las muestras de tal manera que sean representativas del objeto a datar y no estén contaminadas por factores que desvirtúen la datación. Remiendos, exposición al fuego, agentes químicos o radiactivos pueden falsear los resultados. Y la tela de Turín los ha sufrido a lo largo de la historia. Especialmente grave fue el incendio de 1.532 que obligó a retejer algunas partes de la sábana. El doctor Adler ha analizado 15 fibras de las muestras usadas por los laboratorios del carbono 14 y las ha comparado con 19 fibras extraídas de otras partes de la sábana. Resultaron que las muestras empleadas por los laboratorios pertenecían a zonas retejidas y pesaban el doble de las otras. Según estimaciones de Beta Analytic, una mezcla con un 60% de material del año 1.500 y un 40% del siglo I daría un resultado al carbono 14 en torno a 1.200. Por otra parte, los físicos de la Nasa Jackson y Jumper estudiando las quemaduras de las fibras han llegado a la conclusión de que la sábana sufrió una radiación electromagnética. Las palabras de Willard Frank Libby, descubridor del método del Carbono 14, son contundentes: «En la sábana existen fuentes radiactivas que han recargado el carbono y que hacen que este método no se le pueda aplicar».

En la sábana no hay rastro de putrefacción. El experimento llevado a cabo por el doctor Rodante, que aplicó a un cadáver una sustancia compuesta de mirra y áloe, reveló la aparición de los primeros signos de putrefacción antes de las 36-40 horas del fallecimiento. Si la sábana no presenta ningún signo de putrefacción, necesariamente tuvo que dejar de envolver el cuerpo antes de ese tiempo.

Por otra parte, el especialista en medicina nuclear Jean Baptiste Rinaudo ha analizado la oxidación de las fibras de la imagen y tras una serie de experimentos sobre tejidos de lino ha llegado a la conclusión de que la imagen se ha formado como consecuencia de una radiación de protones de átomos de deuterio, elemento que se encuentra presente en la materia orgánica y que por tanto podría provenir del cadáver. Los físicos Jackson y Jumper, analizando el grado de superficialidad de las quemaduras, creen que la radiación debió de durar una fracción de segundo. Pero para arrancar un protón del núcleo de un átomo hace falta un aporte de energía. ¿Quién pudo aportarla si en el interior yacía un cadáver? Algo inexplicable sucedió el 'tercer día'.