Las torres se van de Galdames

La compañía quiere rematar en 2013 el trazado, por el que discurrirá el 40% de la energía producida en Euskadi

JOSU GARCÍA
Foto: Fernando Gómez/
Foto: Fernando Gómez

Y a hay fecha. Será el próximo 16 de agosto. Ese día, los operarios de Red Eléctrica de España (REE) comenzarán a desmantelar las 24 colosales torretas de alta tensión que fueron instaladas a lo largo del año pasado en los Montes de Triano. La empresa cumplirá así la reciente sentencia del Tribunal Supremo que declaraba ilegal el tendido por atravesar el corazón del futuro Biotopo de Galdames, un entorno de alto valor natural y paisajístico. El desmontaje de los apoyos metálicos, cuya colocación despertó las iras de los grupos ecologistas y montañeros, permitirá a la compañía iniciar los trámites para que la línea pueda variar su trazado y soslayar el espacio protegido. La operación no es baladí: REE necesita resolver «cuanto antes» este asunto si quiere cerrar de forma definitiva el anillo Penagos-Güeñes. Una pieza «clave» que permitirá gestionar «con garantías» el 40% de la energía que se produce en Euskadi.

Tras el fallo del Supremo, REE se juega mucho en el proyecto de Triano. Solo en material y en mano de obra, la compañía estima que, hasta el momento, ha tirado a la basura más de 3 millones de euros. Y lo que es más importante: el mazazo judicial le ha hecho perder un tiempo precioso. Ahora mismo, el fluido que producen los ciclos combinados de Iberdrola en Santurtzi y Bahía Bizkaia en Zierbena pende de un único hilo: la línea de circuito simple que canaliza en exclusiva su transporte. La ausencia de alternativa hace que una incidencia grave pueda incluso paralizar la producción de ambas centrales. Si todo va bien, REE estima que la alternativa a la línea de Galdames estaría lista para verano de 2013. «Nuestra prioridad es acabar la obra lo antes posible», asegura Antorio González Urquijo, director de la compañía en la zona norte.

El primer paso en este cronograma pasa ineludiblemente por desarbolar las torretas que se enraizaron a lo largo de un pasillo de 9 kilómetros de longitud, en 2010, sobre unas montañas con sabor y herencia minera. La fecha de arranque del plan -el 16 de agosto- no es un capricho. Los expertos consideran que, en esa época del año, el periodo de cría de tres rapaces que habitan en la zona ya ha concluido y no hay posibilidad de perturbar su reproducción. En concreto, la parada biológica se ha tenido en cuenta para proteger al águila culebrera, al halcón peregrino y, sobre todo, al alimoche, un animal en peligro de extinción en Euskadi. Existe un nido del pequeño carroñero de pelaje blanco en el barranco de Aranaga, junto a una de las estructuras metálicas que será desarmada. El año pasado hubo puesta de huevos, según los datos de REE.

Directas a la chatarra

Las 24 torres -algunas de ellas alcanzan los 40 metros de altura- no podrán ser reutilizadas. Seguramente irán directamente a la chatarra. «Están hechas de decenas de piezas de hierro y cuando se ensamblan se producen unas tensiones que deforman los diferentes segmentos que dan rigidez al conjunto. No merece la pena enderezarlos», valora González Urquijo. El mismo destino le aguarda a los cientos de metros de cable que se llegaron a tender en los alrededores de Güeñes. «Es casi imposible desmontarlo sin que toque el suelo. Si se posa en el firme se corre el riesgo de que se produzcan daños irreversibles porque es muy sensible al rozamiento», añade el experto.

Por último, los ingenieros deberán esforzarse al máximo para limitar el impacto que tendrá la eliminación de las zapatas de hormigón que sustentan los colosos de metal. Los ecologistas denunciaron que, pese a su retirada, la huella sobre el firme pétreo del karst de los Montes de Galdames será ya imborrable. REE tiene escasa experiencia en el desmantelamiento de líneas de alta tensión. «Somos especialistas en construirlas, pero ésta será seguramente la segunda vez que hagamos algo así». Por ello, no hay una estimación exacta de un proceso que durará varios meses en esta primera etapa. La segunda fase prevé restaurar las pistas que se han abierto en la zona para permitir el acceso a las cumbres de la maquinaria pesada. Este proceso deberá ser objeto de un estudio ambiental detallado. Además, Red Eléctrica ha iniciado contactos con los ayuntamientos y la Diputación para sondear la posibilidad de dejar abiertos algunos de estos caminos. Hay cierto interés en algunos sectores productivos; madereros y ganaderos, por ejemplo. No obstante, este es uno de los aspectos más criticados por los ecologistas y otros usuarios de los montes, que desean que «las heridas sean cerradas totalmente».

De forma paralela a las labores de desmantelamiento, REE tramitará los permisos para desviar la línea y evitar así tocar el biotopo. La compañía propone cuatro alternativas, con un coste de unos 8 millones de euros aproximadamente y un recorrido de entre 8 y 10 kilómetros. Todas ellas discurrirían al Este de los Montes de Galdames. Se alejarían entre 1.000 y 3.000 metros del trazado que ahora se va a desarmar. Las torretas aprovecharían las faldas de las montañas, en lugar de las cumbres, y discurrirían a media ladera de los montes Pico Mayor, Ganeran y Gazteran, en la vertiente del valle que mira a La Arboleda, no muy lejos del Centro de Interpretación de Peñas Negras. En este entorno hay un buen número de hectáreas dedicadas a la extracción de madera de pino. Ahora se abre un largo proceso administrativo en el que los diferentes agentes podrán presentar alegaciones al proyecto. Finalmente, serán las autoridades ambientales las que elijan una u otra de las opciones o, por el contrario, rechacen todas ellas. Las espadas siguen en todo lo alto.