S.O.S. Arenas de Bilbao

Se llama 'Arenas' y se apellida 'de Bilbao'. Les hablo de una calle situada, a unos 670 kilómetros del Botxo, en la hermosa isla de Palma de Mallorca

JON URIARTE
S.O.S. Arenas de Bilbao

Se llama 'Arenas' y se apellida 'de Bilbao'. O mejor dicho, así era. Les hablo de una calle situada, a unos 670 kilómetros del Botxo, en la hermosa isla de Palma de Mallorca. «¿Te interesa la historia?», me preguntaron los compañeros de EL CORREO. Me conocen bien. Caí atrapado como una nécora en una nasa. Todo se inició con un mensaje enviado por María, una vecina de Palma, y un objetivo: devolver a su calle el nombre que siempre llevó. Arenas de Bilbao. María y un servidor hemos cruzado correos desde entonces. Y en ellos me acerca una historia que merece ser contada.

En 1947 don Luis Bejarano Murga, hombre emprendedor y paisano nuestro, inicia su andadura como fabricante de motocicletas en Lutxana-Barakaldo. Fue la primera fábrica de motos del Estado junto con Montesa, así que hablamos de un pionero. Y no de cualquiera. Su firma Lube, logró ser número uno del sector al vender, en 1948, nada menos que 816 motocicletas. Hablamos del rey de las motos en los 40 y 50. Él mismo probaba sus máquinas. Para ello, viajaba hasta Palma. En concreto, a la antigua carretera que bordeaba la playa de dunas. Una recta de 7 km. La parte central de la zona, constituida básicamente de arena, pinares y algunos tamarindos, le gustó tanto que decidió comprar los terrenos. Y, junto a un constructor y un arquitecto, creó una urbanización. 'Los Sometimes'. A su calle principal la llamaron Las Arenas de Bilbao. En un momento dado perdió el artículo, pero no su nombre. El resto de las calles recuerdan lugares como Algorta, Veracruz, S'Agaró, Vilagarcia de Arousa, Santander, Guadalajara, Acapulco o Marbella. Las Arenas de Bilbao, lo puso en honor a Las Arenas, su lugar habitual de veraneo.

María me lleva con su relato por esa calle y recorro la urbanización en la que vive desde hace 50 años. Me parece ver a Bejarano probando sus motos y a todos los niños de la zona dando sus primeras pedaladas sobre una bicicleta. María entre ellos. En Sometimes todos se conocían entonces. Las fiestas en agosto eran mágicas. Vecinos disfrazados, concursos culinarios, carreras de sacos... En aquella arena, construyeron cabañas y sueños. Y en los pinares, vivencias y secretos. Era el espíritu 'sometimero'. Un sentimiento de identidad muy fuerte. Ahora, algunos ya abuelos, ven que para homenajear a un hotelero, y a instancias de un partido que ha tenido que desaparecer por el número de imputados que tiene, la calle pierde su nombre. María me recuerda que hay parques cercanos y calles a falta de bautismo y que no hace falta desvestir a un santo para vestir a otro. Por eso me pide que lo escriba y que se lo haga llegar a la alcaldesa de Palma. Quizá no haga falta. Los artículos son como los granos de arena. Una vez los lanzas, el viento los lleva a lugares insospechados. Estoy seguro de que la Sra. Aina Calvo recibirá el mensaje. Así que este bilbainito le pide que salga del Ayuntamiento y visite la calle. Que sus pies recorran las rodadas de aquellas desaparecidas motos Lube. Quizá no las vea. Pero están ahí. Y ese es un capítulo de la historia de Bilbao, Barakaldo y Lutxana. Pero también de Palma. Una tierra que supo ser auténtica, siendo plural. Que ofreció abrazo y oportunidades en tiempos de carencias y soledades. Y que dejó hacer, sin preguntar ni juzgar. Porque, siendo isla, es continente. Saben sus gentes que la Tierra es redonda y más pequeña de lo que parece. Por eso, los vecinos de Sometimes, han creado una plataforma para pedir que la calle recupere su verdadero nombre. Aquél que unió dos tierras lejanas, pero unidas por un pionero. Tras esas pancartas, colgadas en ventanas y balcones, y el 'S.O.S. Arenas de Bilbao', están los que quedan, pero también los que se fueron y los que vendrán. Es hora de que se devuelva la placa a la calle. Y digo placa porque el nombre, alcaldesa, es y será Arenas de Bilbao. Siempre. Al menos, hasta que desaparezca el último grano de arena o el viento borre los ecos de las motos, la memoria de los sometimeros y el orgullo de una calle llena de historia.

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