Mujeres y democracia en el mundo árabe

Sin la participación de las mujeres en condiciones de igualdad, las estructuras salidas de la 'primavera árabe' nacerán viciadas

MARÍA JOSÉ FARIÑAS DULCEPROFESORA DE FILOSOFÍA DEL DERECHO. UNIVERSIDAD CARLOS III DE MADRID
::
                             JOSE IBARROLA/
:: JOSE IBARROLA

En las sociedades árabe-musulmanas está comenzando una revolución social, religiosa y política que adquiere por su intensidad carácter fundacional. Las mujeres han ocupado las portadas de los diarios de todo el mundo encabezando las manifestaciones que se suceden desde febrero en diferentes países árabe-musulmanes. Han aparecido tras las pancartas, con altavoces, con o sin velo, con vaqueros o con túnicas negras, como en Bahréin, en las redes sociales, en los blogs… Por primera vez, en las plazas y calles árabes, las mujeres y los hombres fueron iguales. Pero esto no es coyuntural. Es el resultado de una larga actividad de mujeres árabe-musulmanas, formadas, defensoras de los derechos humanos, de la democracia y de los derechos civiles y políticos, atentas a lo que ocurre en el mundo. Mujeres que acceden cada vez en mayor número a las universidades, que participan en los movimientos cívicos, que defienden un feminismo islámico, laico o religioso, y que demandan una mayor presencia en todos los ámbitos de la sociedad. Luchan contra regímenes dictatoriales, pero luchan también por alcanzar un verdadero cambio social en sistemas fuertemente patriarcales.

Tras la caída de Mubarak, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se registró una amplia manifestación de mujeres en la plaza Tahrir de El Cairo, a la que los activistas llamaron la Marcha del Millón de Mujeres, en la que demandaban: «justicia e igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos egipcios, más allá del género, la religión y la clase social». Son muchos los casos en los que la defensa de la libertad y los derechos humanos está en manos de mujeres, y no solo de mujeres relevantes conocidas por todos (escritoras, como Fátima Mernissi, Nawal al-Saadawi o Wassyla Tamzali, y premios Nobel, como la abogada Shirín Ebadi), sino de mujeres anónimas, que en su vida cotidiana promueven en sus países la democracia, el desarrollo, la alfabetización... a través de ONG, movimientos cívicos o redes sociales, mediante el empoderamiento y la capacitación de las mujeres y de las organizaciones.

La cuestión está en saber si los grupos islamistas y fundamentalistas -especialmente en Túnez y Egipto, países abanderados de la 'primavera árabe'-, que en el pasado no eran partidarios de los derechos de las mujeres, lo van a ser ahora. Evidentemente, la situación de las mujeres en estas sociedades no tiene que ver sólo con la cuestión religiosa, aunque sí bastante con el conservadurismo religioso. La dominación intelectual del hombre es algo más profundo y persistente: tiene una dimensión cultural, política, social y económica. Pero la asfixiante presencia de la religión, o al menos de una lectura masculina y fundamentalista del islam, junto con el sexismo y el patriarcalismo imperante en esas sociedades hace que las mujeres musulmanas vivan, por el hecho de ser mujeres, en una constante contradicción entre la represión y la necesidad de oxígeno y de emancipación.

Esta presencia inicial de las mujeres en las revueltas de la 'primavera árabe' no ha tenido reflejo de momento en los diferentes órganos surgidos de las mismas, que están pilotando las transiciones hacia la democracia. Ellas han sido portada de diarios en el mundo entero, pero siguen excluidas de los comités u órganos de gobiernos y, en la mayoría de los casos, siguen siendo discriminadas y excluidas. Por ejemplo, en Egipto han sido marginadas del Comité para la Reforma de la Constitución.

Su presencia no ha de ser simplemente como víctimas, sino como partes activas de la sociedad en la construcción de la democracia y la paz. El reto más difícil está en el reparto del poder con los hombres y en ser identificadas como sujetos en pie de igualdad que tienen algo que decir en los cambios sociales que se avecinan. La cuestión ahora es, si serán sancionadas por su activismo inicial en la petición de cambios sociales o integradas en los mismos. De lo que no cabe duda, es que la apertura democrática en los países árabes debería incluir a las mujeres y los derechos de estas deberían desarrollarse a la par que las estructuras democráticas. De lo contrario, faltará algo y, si no participan también las mujeres en igualdad de derechos y condiciones, serán las propias estructuras democráticas las que nacerán viciadas. Porque lo que demandan las mujeres árabes no es sólo la transición a una democracia más o menos formal, ni siquiera la consecución de algún tipo de libertad o derecho, sino una verdadera revolución social, cultural, jurídica y religiosa que tenga como objetivo la emancipación frente a todas las formas de opresión y dominación.

Se necesitarán, por ejemplo, la puesta en práctica de leyes de cuotas en los órganos de representación política, para que las demandas de las mujeres sean escuchadas en unos países en los que política, cultural, económica y religiosamente hablando, los hombres están al mando. Se necesitará reducir el analfabetismo femenino, las leyes que permiten los 'crímenes de honor' el acoso sexual, la violencia de género, reformar leyes de familia y condiciones de matrimonio, incorporar a la mujer al mercado laboral, así como incorporar estructuras laicas y políticas de igualdad… El proceso será largo, pero las mujeres árabes han comenzado a tomar la palabra. De nuevo, al igual que ha sucedido en otras épocas y sociedades, la clave principal del cambio iniciado en la 'primavera árabe' estará en las mujeres. Apoyémosles.