Eguiguren: «Se trataba de engañar a ETA, de mentir de forma descarada»

El líder del PSE dice al juez que las promesas de no arrestar terroristas durante la tregua eran «invenciones» que se hacían en la negociación

MELCHOR SÁIZ-PARDOMADRID.
José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Manuel Chaves, durante una intervención de la oposición, ayer, en la sesión del Congreso. ::                             REUTERS/
José Luis Rodríguez Zapatero, Alfredo Pérez Rubalcaba y Manuel Chaves, durante una intervención de la oposición, ayer, en la sesión del Congreso. :: REUTERS

Por separado y en secreto. El 31 de enero, el 2 y el 3 de febrero, en un despacho de la segunda planta de la Audiencia Nacional, los tres mediadores del Gobierno en las negociaciones con ETA en 2006 aseguraron al juez Pablo Ruz que su objetivo primordial era «engañar a ETA» y que aquellos encuentros estaban marcados por los «reproches e insultos». El exfiscal general del Estado y exministro Javier Moscoso, el vocal del Poder Judicial José Manuel Gómez Benítez y el presidente del PSE, Jesús Eguiguren, aseguraron ante el instructor que las garantías a los terroristas de que las fuerzas de seguridad iban a bajar el pistón y que el Gobierno prometiera que frenaría operaciones con la connivencia de la Fiscalía eran simples tretas para ganar tiempo, según consta en las declaraciones judiciales a las que ha tenido acceso este periódico.

Eguiguren, durante su declaración, muestra «sus prevenciones en cuanto a hacer públicas mis manifestaciones» porque, dice, «supondrían mi sentencia de muerte» por «violar los principios básicos de una negociación». Aun así, reconoce que en los encuentros tanto unos como otros «mentíamos de forma descarada» en un ambiente de crispación con «insultos y reproches».

Acto seguido detalla a Ruz que las reuniones a las que él asistió tuvieron lugar en Ginebra y Zurich y que en algunas «no siempre había representantes del Gobierno». A veces solo del PSOE. Cuando el magistrado le pregunta directamente por los compromisos de los que habla ETA en sus actas en el sentido de que el Gobierno «no tenia voluntad de detener», el jefe de los socialistas vascos se muestra tajante: «Eso eran invenciones que se hacían en el marco de la negociación».

La declaración de Moscoso ante el instructor de la Audiencia Nacional fue más corta. Reconoció que estuvo presente en el encuentro del 22 de junio de 2006 en el que ETA reprochó al Gobierno las detenciones de la 'operación Faisán'. Al otro lado de la mesa se sentaba José Antonio Urrutikoetxea, 'Josu Ternera', aunque se hacía llamar 'George'. Moscoso asegura que en las reuniones solo había «notas» y no se «levantaban actas formales». Y quien llevaba la voz cantante era 'Josu Ternera'. Habitualmente «se iba tratando lo que iba saliendo», aunque 'George' «llevaba un índice al inicio de la reunión».

Gómez Benítez, por su parte, centra su declaración judicial en las exigencias de los terroristas. Asegura que los etarras les presionaron poco antes del atentado de la T-4 con un listado con «nombres y apellidos» de 58 activistas que habían sido detenidos entre marzo y septiembre de 2006. Según su versión, su mensaje a los terroristas siempre fue que «el proceso debía seguir, aunque siguieran las detenciones».

Como Eguiguren, el vocal del Poder Judicial asegura al juez que los encuentros con los terroristas eran una «juego de apariencias y mentiras». Gómez, a pesar de la insistencia del juez, se niega a dar los nombres de los etarras que se sentaron a la mesa. «No quiero identificar a nadie porque no creo que aporten nada a la causa». Sólo «aumentaría el riesgo de muerte», se justifica.

La segunda reunión por la que los tres mediadores fueron interrogados se produjo poco después de que el juez Baltasar Garzón judicializara la investigación por el 'chivatazo' policial a ETA. Según las actas, uno de ellos, supuestamente Gómez Benítez, afirmó: «En relación a la operación llevada a cabo por Marlaska y en relación a lo que os manifestamos en septiembre, os diré que por el aviso está encausado un alto policía de San Sebastián y casi el jefe de seguridad del PSOE». Los enviados no confirmaron ante Ruz esas palabras y aseguraron que jamás alegaron que el soplo fue un gesto de buena voluntad hacia ETA.

Por otro lado, Eguiguren introdujo ayer un nuevo matiz sobre el aplazamiento de la operación del Faisán. En una entrevista en la Ser, insinuó que la redada no se pospuso por el soplo sino porque entre el grupo de extorsionadores había un infiltrado policial. «La Policía detiene cuando le conviene detener y no cuando localiza a los terroristas. Todos sabemos, parece ser, que ahí había gente infiltrada», explicó, antes de sostener que los propios terroristas creían que tenían un confidente en sus filas y que a ETA «le hubiera gustado que los hubieran detenido inmediatamente para saber quién era».

No se negoció tras la T-4

El dirigente socialista afirmó que las actas de la banda están «revisadas», «preparadas para convencer a su gente». También negó que hubiera negociaciones con ETA tras el atentado de la T-4 en diciembre de 2006. «Se les comunicó que acababa la historia, aunque todavía ni se había comenzado a negociar», recordó antes de aclarar que acudieron a un encuentro posterior al ataque -que mató a dos personas- a petición de determinados presidentes europeos y del líder irlandés Gerry Adams, que «transmitieron que ETA tenía algo muy importante que decir», aunque luego no «hubo nada especial. Fuimos a escuchar y nos fuimos. Después de la T-4, aseguro que no se negoció».