Qué quieren

Queremos que no sean millares las mujeres violadas, que no se mutile a una niña más en ningún lugar del mundo...

BLANCA ÁLVAREZ

Nunca han pensado, escuchado, reído, incluso aplaudido, semejante pregunta? Referida a las mujeres, naturalmente, que no paramos de pedir, exigir y protestar, mientras ocupamos, ¡oh cielos!, el poder, el trabajo y el honor debido a los varones. Primero, y duró siglos, nos dejaron sin alma, puros animales lujuriosos, portadores de todos los pecados en nuestras melenas: ni derecho a pensar, mucho menos a expresar. Lo nuestro era parir, ya lo decía Lutero, aunque se agoten y se mueran de tanto parir, no importa, que se mueran de parir, para eso existen. También lo habían parido a él. Existíamos por pura necesidad fisiológica, fue necesario crear a la hembra como compañera del hombre, pero como compañera en la única tarea de la procreación, asegura Tomás de Aquino. Varios siglos y mujeres quemadas más tarde, tras la Revolución Francesa que, en realidad, generó derechos para hombres porque eso era lo urgente, los románticos intercambiaron la vieja sumisión por el 'encanto'. Pasamos a ser brujas del erotismo, durmientes a la espera del príncipe y otros similares prototipos. Eso sí, un poco menos sumisas, pero bellas, encantadoras, de linda sonrisa en el salón, rubor trémulo y bocas deliciosas (siempre que no las abriéramos en exceso).

Nos han quemado, silenciado, mutilado, asesinado, violado y ninguneado hasta la extenuación. Nos daban trabajo cuando enviaban a nuestros compañeros a las trincheras; nos devolvían a casa cuando ellos regresaban; hemos realizado jornadas triples durante toda nuestra historia. Miles de mujeres han apoyado las revoluciones y pagado altísimos precios; hemos sostenido las retaguardias de las guerras, de las huelgas, de las revueltas… Y cuando, inocentes de nosotras, solicitábamos alguno de los derechos peleados, nos recordaban que nuestro lugar estaba en los fogones, en la cama del dueño y en el paritorio. Siempre, nos dijeron y nos dicen, existen asuntos mucho más urgentes. ¿Qué rayos querían las mujeres egipcias manifestándose en la plaza de Tahrir? ¡Con la de asuntos urgentes que han de resolver ellos! No importa que Egipto sea el país donde mayor número de ablaciones infantiles se practica; no importa que ellas, como ellos, estuvieran jugándose el tipo en los mismos lugares: se acabó la necesidad, las mujeres a casa. En nuestro democrático Occidente, cuando llegan las vacas flacas, lo primero que se cierra es el Ministerio para la Igualdad. ¿Casualidad?

¿Qué queremos? Que no sean millares las mujeres violadas, seis por cada hora, en América. Que no salgan impunes los asesinos de mujeres (eso aquí, en África, en Guatemala, México…). Que no se mutile a una niña más en ningún lugar del mundo. Que no se fuerce, en realidad se viole, a ninguna niña de doce o catorce años, a un matrimonio indeseado e indeseable… ¿Sigo? También, que nunca más nos repitan el estribillo de aquella canción interpretada por Eva León: Margarita, no seas golfa y vuelve a casa.