Si te llaman payaso

Uno de nuestros "vecinos geográficos" soltó en una reunión que a San Mamés le llaman el circo porque dentro hay once leones y 40.000 payasos

JON URIARTE
La vida de Pepe Villa, Tonetti, no siempre fue alegre. ::                             E. C./
La vida de Pepe Villa, Tonetti, no siempre fue alegre. :: E. C.

No revelaré su procedencia porque no se trata de entrar al trapo, sino de situar el asunto. Dejémoslo en que uno de nuestros «vecinos geográficos» soltó en una reunión que a San Mamés le llaman el circo porque dentro hay once leones y 40.000 payasos. Más allá de que sea chiste viejo y que lo contara sin arte, sentí la necesidad de responderle «Bueno, nosotros siempre hemos sido muy payasos». Y añadí «No es casualidad que Bilbao les haya levantado estatuas. Lo consideramos motivo de orgullo. Ahí está la de Tonetti».

Existen páginas tan hermosas sobre él, su hermano y su familia, que no seré yo quien ose mejorarlas. Como dice K-Toño Frade, los Tonetti nacieron en Cantabria con la sonrisa puesta en Bilbao. Y tiene razón. El día de Todos los Santos, esta columna incluyó la fotografía de su familia arrojando sus cenizas a nuestra ría. Significativo que los compañeros de EL CORREO eligieran su adiós para ilustrar tal fecha. No es casualidad. Risa y llanto. Las dos caras de la vida.

Tonetti se llamaba Pepe Villa. La última vez que le vi fue en unos premios del Hotel Ercilla, con Agustín Martínez Bueno como testigo. Compartía noche con otros galardonados. Entre ellos, Zarra. No hablaban de nada importante. Por eso fue una conversación interesante. Casi tanta, como la vida de Tonetti, que, por cierto, no siempre fue alegre.

Tampoco es un caso aislado. Recuerdo que siendo niño, fuimos al circo invitados por los Hermanos Bilbao. Eran amigos de la familia y payasos botxeros. Ingredientes suficientes como para levantar expectación. Tras la función y los aplausos, visitamos las caravanas. Si alguna vez tuve ganas de vivir en una, desaparecieron de golpe. El olor a fiera, mezclado con el de lejía y ropa colgada, lo ponía difícil.

Pero había algo más. En aquella casa con ruedas, el payaso se confesó ante mi padre. El circo era cada, vez más, un asunto para equilibristas. No del alambre, sino de los libros de cuentas. Intente distraer la mente, inspeccionando las desgastadas fotografías de las paredes. Pero resultaba imposible esquivar la tristeza reinante. Era como si al borrar la pintura de su cara, hiciera lo propio con su ánimo. No fue ésta la última vez que vi un payaso triste. Antes de que Alex de la Iglesia los pusiera en un brete, en la lavadora primero y en una guerra después, tuve ocasión de comprobarlo.

Fue en el parque de Etxebarria y el payaso era Miliki. Mi favorito. Una gorra escocesa y un pelo rojo le bastan para pasar de hombre a superpayaso. Emilio Aragón Bermúdez es tan grande que su nariz payasa no necesita prótesis. Miliki cantó, actuó y nos regaló sonrisas. Pero, terminada la entrevista y apagada la cámara, llegó otro relato. El de su intento por salvar el mundo de la carpa y la arena. Había gastado una fortuna en ello. He tenido el honor de verle más veces. Y siempre me encuentro con dos payasos en uno. El triste y el alegre.

Dirán que es una deprimente experiencia. Como la vivida siendo niño. Nada más lejos de la realidad. Con esos payasos comprendí que la vida es así. Un circo ambulante. Donde una cosa es la pista y otra los bastidores. Ejemplo de que la procesión va por dentro. Que de la risa al llanto, apenas hay un suspiro. Circo y mundo no paran de girar. Por eso, no hay más remedio que pintarse la cara y salir a la pista. Y por eso me siento orgulloso de ser de un lugar que levanta estatuas a payasos.

Cada vez que atravieso el parque de los patos, no puedo evitar devolver el saludo a Tonetti. Porque no es lo mismo hacer el payaso que ser payaso. Para lo primero basta con ser torpe. Para lo segundo hay que ser muy grande. La de Tonetti no es sólo la estatua a un payaso, sino a una filosofía de vida. La de un Bilbao que siempre supo poner, ante los problemas y las adversidades, buena cara y mejor sonrisa.