Un negocio cogido por los pelos

Vizcaya está saturada de peluquerías y centros de belleza. Hay casi 3.000, pero el 88% trabaja «sólo al 50% de la capacidad productiva»

LUIS GÓMEZLGOMEZ@ELCORREO.COM
Peluquería latina. Raquel atiende a una clienta en el establecimiento que abrió hace casi diez años en Bilbao. ::                             LUIS ÁNGEL GÓMEZ/
Peluquería latina. Raquel atiende a una clienta en el establecimiento que abrió hace casi diez años en Bilbao. :: LUIS ÁNGEL GÓMEZ

Un cartel colgado de la puerta de Gala, una de esas peluquerías con encanto de barrio, recuerda a los vecinos de Santutxu que abre todos los días festivos del año para bodas, bautizos y comuniones con cita previa. En el otro extremo de la ciudad, en el arranque de la calle Iturriza, Raquel, una joven de la República Dominicana, lleva más de diez años haciendo trencitas y desrizando el pelo de su clientas. «Casi todas latinas. De forma esporádica viene alguna chica de 'aquí', pero muy pocas», reconoce. Con varios peines en la mano, recuerda que fue una de las primeras estilistas caribeñas en abrir un negocio «latino» en la ciudad. En Multiestética Bilbao, de Ercilla, preparan ya la 'operación bikini' del próximo verano de las clientas. Mientras, su directora, Vicky Manzano, controla una sesión de 'mesoterapia virtual', un nombre que suena a ciencia ficción y que con tanta frecuencia se maneja en los salones de belleza de lujo para combatir la celulitis mediante infiltraciones intradérmicas. Y el Palacio Euskalduna acogió la semana pasada uno de los mayores congresos de peluquería celebrados hasta la fecha en España. La firma L'Oréal reunió a más de 400 estilistas vizcaínos para presentar el primer servicio de coloración antiedad sin amoníaco. La marca francesa no escogió por casualidad la capital bilbaína para abordar un asunto tan complejo como el tratamiento de las temidas canas.

Bien porque a la gente le gusta cuidarse y porque aún hay muchos empresarios que ven El Dorado en este sector, los negocios de imagen personal viven una nueva edad de oro en Vizcaya. Pese a la crisis, es una de las provincias españolas con mayor número de establecimientos de estética por habitante. Aunque en 2009 sufrió un ligero estancamiento, estas empresas han vuelto a despuntar de forma espectacular. Sólo en lo que llevamos de año el número de peluquerías -2009- ha crecido más de un 10%- y los salones de belleza -810- se «han multiplicado por 30», asegura Manuel Perales, presidente de la Asociación de Imagen Personal de Bizkaia (IPB).

«Situación dramática»

Y, sin embargo, los empresarios viven en una encrucijada. La situación, «verdaderamente dramática», amenaza ruina para muchos comercios. El 88% de la mitad de los locales homologados trabaja «al 50% de su capacidad productiva. No hay trabajo para todos. Más de la mitad del tiempo estamos sin trabajo y de brazos cruzados. Esto es lamentable», confiesa Perales, especialista en prótesis capilares. El futuro se cierne, pues, bastante feo sobre las 12.800 personas -el 88% mujeres- que viven de una industria que cuenta con una ventaja a su favor. El último Estudio de Hábitos de Consumo de la Cámara de Comercio de Bilbao revelaba que el 59% de los vizcaínos cada vez da más importancia al cuidado de su imagen, casi quince puntos más de los que ensalzaban el valor de la presencia física en 2004. «Es un negocio con futuro pero debe regularse», apunta Manzano. Entre el intrusismo, al que las instituciones persiguen cada vez con mayor celo, y la 'guerra de precios' desatada en los últimos años -en muchos municipios se ofrecen cortes de pelo a 10 euros y se hacen peinados por sólo seis- los profesionales creen que ha llegado la hora de poner orden en el gremio. «Es una barbaridad ver cómo se están tirando los precios cuando en 1982 se cobraban 3.200 pesetas por los cortes de mujer», recuerda Perales.

Para avanzar en el desarrollo de este objetivo, el IPB, con el apoyo de la Cámara y la Diputación vizcaína, ha elaborado una norma profesional de imagen personal pionera en España. La implantación de esta ordenanza persigue elevar el nivel profesional, mejorar la gestión empresarial e imagen del sector, fomentar la innovación continua y apoyar la «captación y fidelización de la clientela». Hay un hecho que no se debe pasar por alto: el 74% de los clientes acude siempre a la misma peluquería o salón de belleza.

Pero para mantener mantener la confianza es «necesario» mejorar la cualificación. Quince establecimientos han recibido ya las primeras certificaciones profesionales. Para Perales, los problemas que sufre el gremio no son nuevos. Se remontan, al menos, a hace «ya diez años». Si no se arreglan, «será tarde» y, entonces, advierte, «no habrá solución». Las primeras alarmas ya han saltado. Por primera vez en muchos años, el sector genera empleo. Un 22% de las peluquerías y centros de belleza se han visto obligados a prescindir de empleados. Perales se queja también de que los titulares de los comercios, con una media de entre 3 y 4 trabajadores, tienen que hacer cabriolas para obtener un sueldo digno. «La mayoría se lleva a casa un salario que oscila entre los 1.000 y los 1.200 euros. De ahí no se pasa».

Pese a las dificultades para cuadrar las cuentas -el 24% de la población reconoce que nunca se pone en manos de profesionales para cortarse y arreglarse el pelo- el ritmo de empresas que surgen crece a un ritmo «trepidante». ¿Resultado? «Hay una saturación y muchos locales apenas aguantan un año en activo. Existe la creencia de que las peluquerías son un buen negocio pero bastantes se ven obligadas a cerrar a los cuatro meses y perder entre 90.000 y 120.000 euros, que es el coste medio de la inversión».

La saturación del mercado ha acarreado una consecuencia «gravísima» durante los últimos cinco años: la facturación de las empresas ha caído un 35%. «Para dar calidad hay que cobrar», insiste. El problema es que los profesionales, remarca Perales, deben enfrentarse a la competencia de «un ejército invisible» que «no paga impuestos de ningún tipo y ofrece servicios a domicilio a precios totalmente irrisorios y sin ninguna garantía higiénica y sanitaria», remata.