El sorprendente calero de Nanclares

El Gobierno vasco otorga categoría de monumento al horno donde se fabricaba cal hasta inicios del siglo XX

FRANCISCO GÓNGORAVITORIA.
Dos jóvenes pasean junto al calero de Nanclares, declarado monumento. ::
                             BLANCA CASTILLO/
Dos jóvenes pasean junto al calero de Nanclares, declarado monumento. :: BLANCA CASTILLO

Ahora es una honorable ruina en el centro de Nanclares de la Oca. Una extraña torre de 15 metros de altura y unos edificios anexos rodeados de zarzas. Pero el Ayuntamiento de Iruña ya piensa en recuperar el entorno para incorporarlo como un icono de la memoria fabril y trabajadora del pueblo. «Es una zona descuidada que tiene gran cantidad de elementos diferentes que vale la pena restaurar, como el molino y sus instalaciones, los dos ríos y este conjunto de horno de cal. Ya hemos construido una plaza a la que incorporaremos el horno y un nuevo jardín detrás del centro de salud», explica el alcalde, Javier Martínez.

El primer paso para rescatar de la ruina esta arqueología industrial ha sido incorporarlo al inventario general del patrimonio cultural vasco con la categoría de monumento, una resolución que firmó el viceconsejero de Cultura el 7 de febrero.

Se calcula que fue construido en la segunda mitad del siglo XIX y funcionó hasta principios del XX. A diferencia de los caleros artesanales que trabajaban de forma intermitente y para un uso determinado, el horno de Nanclares era continuo; se iba cargando con la piedra caliza y, a medida que la cal descendía, se podían echar nuevas capas. En otoño se realizaban las labores de molienda y calcinado, para lo cual se introducía el combustible, seguramente carbón, en la parte inferior del horno, mientras que el material de piedra se subía en cestos a la parte superior y se depositaba en el agujero.

Tras encender el horno la piedra se iba quemando para lo que se requería una temperatura de 900 o 1.000 grados y el polvo resultante de la cocción se recogía en la parte inferior de la instalación. El proceso de fabricación de la cal duraba más o menos una semana.

En este tipo de horno, su mayor altura y tamaño, respecto a los artesanales, mejoraba la eficiencia del proceso y aumentaba la capacidad de carga. El diseño de la cámara interior posibilitaba el descenso del material desde la zona de calentamiento a la de calcinación. La cal hidráulica, producto final, se utilizaba para la construcción.

Las actuaciones para su conservación deberán ir dirigidas a recuperar el carácter exento de la instalación, consolidación de muros y limpieza y reparación de la cámara de cocción y boca inferior, y mantenimiento de la escalera.

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