Un desesperado Gadafi llama a negociar

El dictador libio intenta frenar el avance rebelde con ataques para recuperar ciudades, mientras insiste en que el pueblo «morirá para protegerme»

PAULA ROSASRABAT.
Soldados tunecinos intentan calmar los ánimos de refugiados egipcios que protestan en un campamento situado cerca de la frontera con Libia. ::                             REUTERS/
Soldados tunecinos intentan calmar los ánimos de refugiados egipcios que protestan en un campamento situado cerca de la frontera con Libia. :: REUTERS

Las fuerzas leales a Muamar Gadafi intentaron ayer por tierra y aire recuperar el control de varias ciudades de la periferia de Trípoli, así como el de la tercera localidad del país libio, Misrata, en poder de los rebeldes, que cada vez se encuentran más cerca de la capital. Pese a la presión internacional y el avance de los opositores, que día a día ganan más terreno al régimen, el coronel no se da por vencido y parece que tampoco por aludido: «Todo mi pueblo me quiere. Morirían para protegerme», manifestó ayer en una entrevista con medios internacionales.

El dictador norteafricano también acusó a Occidente de haberle abandonado pese a la alianza existente para luchar contra el terrorismo de Al-Qaida y auguró que su objetivo podría ser ocupar el país. El dirigente del país magrebí inmerso en una paranoia que no le deja ver la realidad también señaló que «las declaraciones que he oído de Barack Obama -el presidente de EE UU les instaba a dejar el poder- deben proceder de otra persona».

Gadafi podría haber intentado ayer abrir un canal de contacto con los rebeldes para negociar una salida a la crisis que ha tomado ya tintes de guerra civil. Según Al-Yasira, el coronel habría encargado al responsable de servicios secretos en el exterior, Buzid Durda, que inicie un diálogo con los opositores, para lo que habrían contactado también a los líderes tribales, que han rechazado, según la cadena, cualquier tipo de negociación.

Los rebeldes consolidaron ayer varios de las ciudades que controlan en el oeste del país, y aseguraron que habían conseguido derribar dos helicópteros de las fuerzas oficialistas cerca de Misrata, a unos 200 kilómetros de Trípoli. La ciudad lleva varios días bajo el control de los opositores, pero el régimen envió el domingo tanques y fuerzas terrestres para intentar recuperarla. Según testigos, los enfrentamientos tuvieron lugar durante toda la noche principalmente en los alrededores del aeropuerto, donde se habrían producido varias muertes, aunque los rebeldes consiguieron mantener su posición.

Al parecer los helicópteros pretendían bombardear la sede de una emisora de radio local utilizada por las fuerzas antigubernamentales para difundir mensajes contra Gadafi, aunque fueron derribados antes de que lo lograran, según declaró un portavoz de la oposición a la cadena Al-Arabiya. La tripulación de uno de los aparatos fue capturada. El mismo testigo aseguró que las brigadas comandadas por Jamis Gadafi, hijo del dictador, también habrían ocupado una escuela de la aviación militar al sudoeste de la ciudad y secuestrando a más de cuatrocientos estudiantes, que corren el riesgo de ser ejecutados si se niegan a colaborar.

Arsenal bombardeado

Otro avión de las fuerzas afines al régimen sí habría conseguido ayer bombardear un depósito de armas a las afueras de Ajdabiya, en el este del país norteafricano, que también se encuentra en manos de los rebeldes. El control de los arsenales ha sido una de las obsesiones de Gadafi desde el principio de las revueltas, y no es la primera vez que sus aviones los tienen como objetivo. Los rebeldes han conseguido hacerse con el armamento que los leales al coronel dejaron atrás en ciudades como Bengasi, aunque las milicias están peor pertrechadas que su enemigo.

El ataque al polvorín también pone en duda las afirmaciones de los opositores y militares que han desertado, cuando aseguraron la semana pasada que todos los miembros de las Fuerzas Aéreas habían abandonado al presidente después de que dos pilotos saltaran en paracaídas tras negarse a bombardear Bengasi. El entusiasmo de los rebeldes también choca con informaciones que aseguran que tanto Misrata como Zauiya, a unos cincuenta kilómetros al oeste de la capital, estarían sitiadas por fuerzas leales al dictador, aunque no habrían conseguido hacerse con el control de las estratégicas localidades.