El 'cambio' cumple la mitad de su mandato
Dos años después de las elecciones que llevaron a López a Ajuria Enea, el Gobierno vasco ha visto limitado el 'cambio' político en Euskadi
DAVID GUADILLA
Domingo, 27 de febrero 2011, 15:36
El primer Gobierno vasco con lehendakari no nacionalista arrancó pasadas las once de la noche del 1 de marzo de 2009. La toma de posesión de Patxi López no se produjo hasta dos meses después, pero fue aquella noche, tres horas después de cerrarse los colegios electorales, cuando el secretario general del PSE tomó su primera decisión, la que le llevaría a Ajuria Enea: dejar claro que iba en serio tras unos resultados históricos, pero que sabían a insuficientes porque el PNV se mantenía como partido mayoritario. «Me siento legitimado para liderar el cambio», proclamó el líder de los socialistas vascos a sus militantes. Comenzaba el llamado «cambio tranquilo».
El martes hará dos años de aquella escena. El ecuador de la legislatura. Desde entonces, el devenir del Ejecutivo del PSE ha estado marcado por una sucesión de luces y sombras, por un continuo intento de encontrar su lugar condicionado por la crisis económica, el marcaje al que le ha sometido el PNV -gracias, entre otras cuestiones, a la debilidad de José Luis Rodríguez Zapatero-, la esperanza de la paz y la firmeza de su pacto con el PP.
A mitad de mandato, las principales encuestas que se elaboran en Euskadi indican un cierto desgaste de López y su Gobierno. «Pero el hecho de que conserve los apoyos iniciales sin una impugnación rotunda en la opinión pública y sin una oposición mejor valorada hace que sean aceptables», sostiene Francisco Llera, director del Euskobarómetro, quien alude al contexto y a cómo arrancó el Gabinete.
Fueron los llamados «pecados originales». Un Ejecutivo liderado por un partido que no ganaba los comicios, que no llegaba al poder por «ningún vuelco electoral» y conformado por «los dos socios menos probables». «Y esa impugnación sigue funcionando en el seno del electorado nacionalista», subraya Llera.
Aun así, la alianza con los populares se demostró sólida desde el primer momento y se ha mantenido a salvo de la batalla entre el PSOE y el PP en el resto de España. Eso ha permitido al Gobierno salvar sin demasiados problemas asuntos clave como la aprobación de sus Cuentas en el Parlamento.
Junto a la estabilidad presupuestaria, uno de los mayores logros del Ejecutivo socialista ha sido la aceptación por parte de la sociedad vasca de su política de 'tolerancia cero' contra el entorno de ETA. Su puesta en marcha provocó las críticas de muchos nacionalistas. Dos años después se puede hablar de normalidad social a pesar de que algunas sentencias judiciales han censurado determinadas actuaciones del Departamento de Interior, dirigido por Rodolfo Ares. En este sentido, el cambio en el paisaje de Euskadi ha sido radical.
Para los sociólogos Ander Gurrutxaga y Xabier Aierdi hay otro elemento positivo que ha incorporado a Euskadi el Gobierno de López: «Demostrar que la alternancia es posible con relativa tranquilidad». Gurrutxaga también destaca que ha «desdramatizado» el debate identitario; algo que, a su juicio, le ha venido bien a la sociedad vasca. En este sentido, Aierdi considera que quizá ha habido un exceso de celo, «una obsesión 'aidentitaria'». «Hay un cierto miedo a lo vasco», añade.
Si la deslegitimación del terrorismo fue uno de los principales argumentos con los que se intentó apuntalar la llegada del PSE al poder, otro fue la atención a la Euskadi real frente a lo que los socialistas definían como «ensoñaciones nacionalistas». El equipo de López buscaba centrarse en áreas como la Sanidad, la Educación o el empleo. Pero ahí ha chocado con un hueso duro de roer: la mayor crisis económica en décadas.
Salida de la crisis
La Euskadi «real» necesita fondos, y escasean. Los datos son demoledores: si la recaudación de las diputaciones forales en 2008 fue de 12.834 millones de euros, el pasado año se quedó en 11.700. Y eso que fue mejor que 2009, en el que las arcas públicas se tuvieron que conformar con 10.792 millones.
Las cifras demuestran que hay una evolución positiva, sobre todo, a partir de mediados de 2010. El País Vasco ha salido de la recesión y cerró el último ejercicio con un crecimiento de su economía del 0,3% -0,8% en el trimestre final-, un resultado mejor del previsto, frente a la caída del 0,1% del conjunto de España.
El Ejecutivo se ha labrado una imagen positiva entre los empresarios, incluidos los más próximos al nacionalismo. Algunos de ellos han sido reconvenidos en privado por dirigentes del PNV por su buena relación con el lehendakari. Bernabé Unda, el consejero de Industria -una de las sorpresas del Gabinete-, ha sido el muñidor de buena parte de esa entente cordial. El turismo, una de las materias que dependen de él, ha crecido hasta alcanzar máximos históricos. Pero la crisis sigue ahí y muestra toda su crudeza en las tasas de paro. Los últimos datos del Servicio Público de Empleo (antiguo Inem) certificaban que a 31 de enero había en Euskadi 143.118 desocupados, un 5,48% más que el año anterior.
La falta de recursos económicos condiciona la gestión del Gobierno y frena la adopción de medidas que hagan más visible el 'cambio' en algunos departamentos. Además, le ha llevado a recortar salarios a los funcionarios y a impulsar medidas de control de gasto. Y esto ha puesto en pie de guerra a los sindicatos; en especial, a los abertzales. Desde que López está en Ajuria Enea, Euskadi ha vivido cuatro huelgas generales. La mayoría no iban dirigidas contra su gestión, sino contra las políticas de Zapatero, y se han saldado con un escaso éxito. Pero si a ellas se añaden los paros parciales en la Administración o las protestas en diversos sectores, el panorama es otro.
Todas las consejerías han tenido que apretarse el cinturón. Los empleados públicos ven cómo pierden poder adquisitivo y tienen que trabajar más horas. En Sanidad, por ejemplo, las principales centrales hablaron el viernes de un «alarmante deterioro» de los servicios. En Educación, las elecciones sindicales han supuesto un varapalo para el departamento de Isabel Celáa al triunfar las organizaciones más críticas con su gestión y las que han rechazado uno de sus planes estrella: el de Convivencia, que apuesta por la presencia de los testimonios de víctimas en las aulas. La bronca en el área pública se mantendrá en los próximos meses. Se prevén movilizaciones y que arrecien las críticas al Ejecutivo. Y, al final, esto provoca un evidente desgaste político.
Pero no solo es la crisis la que genera problemas al Gobierno. Otro de sus principales dolores de cabeza es la debilidad de Zapatero en Madrid, que le ha permitido al PNV rentabilizar al máximo sus seis diputados. Posiblemente, el pasado otoño fue una de las peores épocas para el Ejecutivo socialista. Un consejero del Gobierno admite que aquellos meses fueron un calvario y que estuvieron «asfixiados».
Transferencias
El elemento que más contribuyó a aquella agonía fue el traspaso de las políticas activas. La consejería de Empleo las había estado negociando durante meses con el Ejecutivo central. El objetivo del PSE era tenerlas en manos de la Administración vasca antes del pasado verano. De esta manera se evitaba que entrasen en las conversaciones presupuestarias de Madrid y fuesen utilizadas por el PNV como arma arrojadiza contra el lehendakari, tal y como había ocurrido en 2009. No solo no fue así, sino que los jeltzales las consiguieron en mejores condiciones. Además, lograron fijar un calendario para la transferencia de otro grupo de materias pendientes del Estatuto, así como un importante paquete inversor.
El Gobierno intentó ponerle sordina con el argumento de que será él quien las gestione -y eso se rentabilizará politicamente- y de que el PNV había vuelto a la senda estatutaria. «A Euskadi le viene bien que el PNV esté en la oposición para que se modere», dijo un dirigente socialista. Unos planteamientos que no convencen a Aierdi. «Quedaron con el culo al aire», destaca el sociólogo.
La polémica también ha llegado a las políticas sociales. Aunque este caso es diferente. El Ejecutivo apostó desde un principio por una redimensión de las ayudas a los desempleados y a los colectivos más desfavorecidos. El objetivo del Ejecutivo ha sido unir las políticas sociales con la inserción laboral. Resumiendo, se trata de que toda aquella persona en disposición de trabajar que reciba una subvención se comprometa a hacer todo lo posible para encontrar trabajo.
Desde el Gobierno se subraya que se trata de una decisión que cuenta con un importante apoyo ciudadano, pero también es cierto que diversos colectivos sociales insisten en que se están reduciendo las ayudas, lo que, a su vez, crea una imagen de conflictividad social que puede perjudicar al Gabinete socialista.
En todo caso, Gurrutxaga y Aierdi creen que, aunque algunos departamentos han pasado desapercibidos y ha habido «errores de bulto», no se puede hablar de mala gestión. Sin embargo, sí echan en falta algunas cuestiones. El primero apunta la ausencia de programas «fuertes» que marquen una época; el segundo ve al Ejecutivo «un poco acomplejado». «Progresa adecuadamente, pero para mí no llega al aprobado», sostiene al ser preguntado por la nota que merece el Gobierno.
Un escenario general al que se ha añadido la esperanza de la paz. López ha ido modulando su discurso durante los últimos meses a medida que los pasos dados por la izquierda abertzale avanzaban en la «dirección correcta». Del mensaje de firmeza al de la esperanza. El lehendakari ha puesto en marcha una ronda de partidos y ha comparecido de manera solemne cuando ETA proclamó el alto el fuego de enero o cuando Sortu presentó sus estatutos, gestos que los nacionalistas consideran insuficientes. De hecho, las fuerzas abertzales siguen poniendo en duda el liderazgo del jefe del Ejecutivo; quien, en un horizonte de posible final del terrorismo, tiene ante sí una oportunidad sin precedentes para pasar a la historia.
A grandes rasgos, Gurrutxaga, Aierdi y Llera coinciden a la hora de analizar la figura de López: creen que todavía es pronto para valorar en conjunto su papel en Ajuria Enea. «Los lehendakaris necesitan más tiempo», sostiene Gurrutxaga, quien alaba su apuesta por el perfil que ha dado a sus viajes al extranjero. «No creo que se pueda achacar a la imagen de López los problemas de este Gobierno. Lo del carisma es muy relativo, igual otros prefieren cercanía. La verdad es que se agradece que no chirríe», sostiene Aierdi. «Seguramente requiere más tiempo y actuaciones en las que haga ver a la ciudadanía su valía», concluye el director del Euskobarómetro.