De Euskaltel a San Pedro

Sergio De Lis ha dejado atrás dos años como profesional en el equipo naranja y ahora se ha alistado en el club de remo guipuzcoano

GAIZKA LASASAN SEBASTIÁN.
De Lis, en las instalaciones del club de remo San Pedro con el que entrena en la actualidad. ::
                             LUSA/
De Lis, en las instalaciones del club de remo San Pedro con el que entrena en la actualidad. :: LUSA

Fue algo más que la afición por la bicicleta la que empujó al adolescente Sergio De Lis a subirse al tren del ciclismo. Latía dentro la vocación de deportista de élite. El primer viaje le llevó lejos. En el maillot naranja del Euskaltel cargó, además de litros de agua y sales minerales para el resto de sus compañeros, dorsales llenos de prestigio: los del Tour Down Under, Tour de Suiza, Tour de Flandes o París Roubaix entre otros. La primavera pasada, su vigesimocuarta, puso punto y aparte a su trayectoria deportiva tras tres años como ciclista profesional -uno en Orbea y dos en Euskaltel-Euskadi-.

En diciembre inauguró una nueva etapa en su vida deportiva. «Seguía haciendo ejercicio pero me hacía falta una motivación y el compromiso de la competición. Ese aliciente, esa vida». Por eso, apareció en Kalparra, la factoría del club de remo de San Pedro. Con el equipaje indispensable para una nueva travesía: amor propio, ilusión y disciplina. Lo básico para pulir un atleta de 1,86 con una capacidad aeróbica de garantía.

El culo y las abdominales

Desde entonces reinició otro camino. Aquel primer dolor en un trasero postrado durante horas sobre el sillín de la bicicleta se ha acentuado. «Sobre todo en la trainera, el culo sufre mucho más. Tienes que sentarte casi en el borde. Muy incómodo». El gimnasio invernal de aquella etapa ciclista también se queda corto. «Es una pasada las abdominales que hay que hacer. Después de dar la palada hay que volver despacio y es matador».

Por lo demás, en el apartado físico, «ahora también tiene más importancia el trabajo de pesas. En el ciclismo hacía más hincapié en el fondo, pero había veces que de cinco horas de entrenamiento apenas pasaba de mi umbral. El remo es intensidad». Prefiere no comparar exigencias entre ambos deportes, aunque reconoce que «el horario para el remero es más flexible». Y no oculta su asombro al comprobar que «también aquí se mira con lupa el tema de la grasa y el peso».

Luego viene el gesto técnico. «La primera vez que salí al agua fue en una trainerilla y ya la lié un par de veces con enganchadas con el remo. Parece fácil pero tiene tela. Admiro a los de la primera embarcación y disfruto viéndoles entrenarse».

El pasado 26 de diciembre participó en la primera regata en Pasaia. Significó su estreno en la trainera. «Teníamos la instrucción de dar tres paladas fuertes para arrancar y luego veinte rápidas para coger velocidad. Creo que de esas veintitrés iniciales di unas diez. ¡Se me escapaban! No coordinaba. Luego mejor», relató el donostiarra.

Tiene callo en traducir fatiga y adversidad en satisfacción, y tampoco le cuesta mucho proyectar sueños. Facultades del DNI del deportista nato. «Claro que me gustaría algún día llegar a remar en La Concha pero de momento no me pongo metas», asumió.

Considera un buen campo de pruebas la Liga ARC 2 donde boga la segunda embarcación sanpedrotarra. Tan válido como le resultaron el club Donosti-Berri en su época junior, el Alfus vizcaíno como amateur o el Orbea Oreka SDA en el escalón inicial del profesionalismo. El gusanillo hará el resto.

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