¿Qué fue del campeón de Europa?

Penúltimo en la División de Honor B, el descenso es un mal menor para el Bidasoa, sin recursos para afrontar los pagos y en grave riesgo de desaparición

IGOR BARCIA IBARCIA@DIARIO-ELCORREO.COMIRÚN
Juantxo Villarreal y Beñardo García, con la Copa de Europa ganada en 1995./
Juantxo Villarreal y Beñardo García, con la Copa de Europa ganada en 1995.

En el pasillo superior de uno de los fondos del polideportivo Artaleku se encuentra la sede del CD Bidasoa. Un espacio reducido pero cargado de historia, con fotografías de diferentes épocas del club de balonmano de Irún. Un pequeño museo en el que sobresale la vitrina de trofeos, que pasa por ser una de las más importantes del balonmano español y continental y en la que el protagonismo, pese a acusar el paso del tiempo, lo acapara la única Copa de Europa que ha conquistado un club vasco. Aquel 22 de abril de 1995, el Bidasoa tocó en Zagreb la cima dentro de una década mágica, en la que el club fronterizo, de la mano de Elgorriaga, se hizo con todos los trofeos posibles. Una Copa de Europa, una Recopa de Europa, dos Ligas, dos Copas, una Copa Asobal, una Supercopa...

Hoy, aunque las imágenes del despacho todavía se empeñan en evocar un pasado glorioso, la realidad del Bidasoa es otra muy diferente. Los problemas económicos se acumulan en las mesas del presidente José Ángel Sodupe y su gerente José Antonio Errazquin, y arrastran al club irundarra a un precipicio llamado desaparición.

Aquel Bidasoa que fue grande en Europa hace apenas 16 años se arrastra hoy en día por la División de Honor B, donde es penúltimo y, por tanto, se encuentra en puesto de descenso a Primera Nacional, donde compiten equipos como los vizcaínos Trapagaran y Urdaneta, o los guipuzcoanos del Zarautz, Ereintza, Egia y Pulpo. Pero eso no es lo peor. Lo más grave es una deuda que estrangula al club, 550.000 euros que no le dejan a los responsables del Bidasoa ni un margen de maniobra. No hay dinero para nada. Ni para los jugadores, ni para pagar las deudas acumuladas con diferentes empresas. El mes que viene hay elecciones, pero todo apunta a que nadie se presentará para hacerse cargo de una entidad en grave riesgo de disolución, si nadie lo remedia.

El panorama del club bidasotarra es desolador. Así lo reconocen a EL CORREO tres personas con mucho peso en el club de Artaleku, como son el actual presidente, José Angel Sodupe; el presidente de honor, Beñardo García, con quien el Bidasoa alcanzó sus mayores éxitos, e Ivan Sopalovic, jugador y entrenador en los años noventa.

¿Por qué un club de la categoría del Bidasoa ha llegado a este punto? Y sobre todo, ¿es tan preocupante su situación? Sodupe asume la dramática realidad. «La situación es muy complicada. Tanto, que en estos momentos lo que más nos preocupa es la supervivencia del club, sea en la categoría que sea». Dicho así suena muy duro, pero dada la situación del Bidasoa, el mal menor es un nuevo descenso. «Estamos buscando situaciones rápidas porque estamos al límite de ingresos. Necesitamos poner en marcha un plan de viabilidad para que el club no desaparezca, aunque no quiero ni pensarlo porque el Bidasoa ha dado muchas alegrías a Guipúzcoa y Euskadi. Así que el objetivo es tener una reunión con las instituciones para que el club siga vivo en la categoría que sea», resume Sodupe sin rodeos.

Tras ocho años en el cargo, a donde llegó para sustituir a Javier Sesma, el actual dirigente de la entidad fronteriza reconoce que la mezcla entre la falta de patrocinadores, la crisis económica en España y errores de gestión ha llevado al Bidasoa a ser un enfermo al que sólo le queda un hilo de vida. «Cuando yo entré había algo de deuda, que la asumimos. Apostamos fuerte para la siguiente campaña, pero el batacazo fue aún más grande. Las cosas no salieron. Se gastó bastante dinero, porque teníamos unas cosas apalabradas que al final no se cerraron, los resultados no llegaron y el golpe económico fue muy importante. Y a partir de ahí hemos ido arrastrando el lastre, que se agravó con el descenso de categoría».

Problemas de gestión

Beñardo García, toda una institución en el Bidasoa, considera que buena parte del problema pasa por una mala gestión que ha terminado por ahogar al club. «No puedes gastar más de lo que tienes. Un año puede pasar, pero llevamos demasiados años en los que los ingresos no permiten afrontar todos los pagos».

Beñardo habla desde su experiencia -estuvo 20 años al frente de la entidad-, y responde con rapidez a aquellos que le recuerdan que con Elgorriaga como patrocinador todo era mucho más fácil. «Yo viví la época en la que el club jugaba en el frontón Uranzu y hacíamos rifas para subsistir. Después tuvimos la suerte de encontrar una empresa como Elgorriaga, pero también sabíamos cómo gestionar nuestros recursos, fichando gente de calidad que estaba a nuestro alcance. Y teníamos a Juantxo Villarreal, que era un fenómeno a la hora de analizar a los jugadores que nos hacían falta. Pero ya en 1997 había crisis», recuerda el legendario presidente. «Para que te hagas una idea, cuando ganamos la Recopa fui con un dossier excelente para buscar patrocinador, acompañado de una persona con influencias. Recorrí 127 empresas y no saqué nada. En todas me decían lo mismo, que éramos unos fenómenos, pero que no nos podían ayudar. El balonmano no vende nada, y ahora, en la situación del Bidasoa, mucho menos».

El presidente de honor de la entidad guipuzcoana se muestra muy pesimista por el futuro. «No veo solución. No hay nadie que quiera hacerse cargo del club, y creo que casi es mejor, porque si ahora aparece alguien, lo consideraría un temerario. ¿Quién con dos dedos de frente se va a meter en un sitio donde no puede hacer nada porque no hay un euro?», explica García, quien admite que «ver lo que hemos tenido y lo que tenemos ahora es terrible. La gente sigue pensando que somos campeones de Europa, y es un tremendo error. Lo fuimos un día, pero al siguiente ya había que trabajar. No se puede vivir de los recuerdos».

Morir de éxito

El primer gran éxito del Bidasoa llegó con la Liga de 1987, dos años después de que la directiva apostara por contratar extranjeros. El primero fue el yugoslavo Lubjomir Obradovic, al que después seguirían Grubic, Lakovic y una larga lista de figuras tan emblemáticas como Wenta, Perunicic y Svensson. Uno de aquellos balcánicos que recaló en la década de los 80 en Irún fue Ivan Sopalovic, procedente del Coimbra portugués. Tras acabar su ciclo como jugador, pasó a ocuparse de los juveniles del Bidasoa. Después, en la época dorada fue segundo de Juantxo Villarreal, y cuando éste cerró su ciclo, se hizo con las riendas del equipo, hasta ser cesado en 1998, «cuando el club ya había iniciado su cuesta abajo», recuerda desde el restaurante que regenta en un centro comercial a las afueras de Irún.

Aunque ya nada tiene que ver con el balonmano, Sopalovic sigue con tristeza la actualidad de la entidad de Artaleku, y tiene su teoría sobre su desplome, que tiene que ver con la idea de morir de éxito. «Creo que cuando ganamos todos aquellos títulos la gente quedó saciada. Se perdió la perspectiva y no se daba valor, por ejemplo, a quedar cuartos o quintos en la Liga. Todo era negativo y eso provocó que cundiera el desánimo, primero en la directiva, después en el público y al final en los propios jugadores».

Sopalovic considera que era mucho más complicado «sacar al Bidasoa de la nada hasta llevarlo a lo más alto que mantenerlo después en la élite», y lamenta que no hubiera visión para aprovechar aquel momento. «Irún se conoce en mi país por el balonmano, y creo que se podía haber aprovechado al equipo para hacer publicidad de la ciudad o del País Vasco, porque el balonmano es un deporte barato. Hoy en día, con 3 millones de euros, el Bidasoa seguiría entre los cuatro mejores de Europa. Pero se dejó pasar el momento y si soy sincero, creo que esto no tiene solución». Es más, Sopalovic cree que «este puede ser el último año del Bidasoa. Ojalá me equivoque».

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