«Me parece estúpido prohibir fumar en escena»

La actriz madrileña representa 'Almuerzo en casa de los Wittgenstein' esta tarde en el Teatro Principal

N. ARTUNDOVITORIA.
Carmen Machi interpreta a Dene en la obra 'Almuerzo en casa de los Wittgenstein'. ::                             EL CORREO/
Carmen Machi interpreta a Dene en la obra 'Almuerzo en casa de los Wittgenstein'. :: EL CORREO

Tan activa y versátil como en toda su trayectoria, Carmen Machi tiene ante sí proyectos televisivos para primavera y otoño, de cine para el verano y de teatro shakespeariano. De momento, hoy (20.30 horas) actuará en el Principal con Àngels Bassas y Mingo Ràfols.

-¿Qué tal se almuerza en casa de los Wittgenstein?

-Bien, de comienzo, y se acaba vomitando la comida. Bernhard tiene esa cualidad: que te va machacando hasta que estallas.

-Vienen a Vitoria con todo vendido de antemano. ¿Saberlo le hace sentirse aún más a gusto sobre las tablas?

-Es bueno, pero me influiría si fuera productora, algo que nunca que querido. No hay cosa más gratificante que un teatro lleno, pero la función se hace siempre para los que han venido. Y me parece muy interesante que la gente venga a ver a Thomas Bernhard.

-Su personaje es una actriz. ¿Cómo se mira al mundo del teatro en la obra?

-En general, Bernhard arremete contra la mala pose del arte. Y con los actores tiene una inquina que es pura pose. El nombre real de la función es 'Ritter, Dene, Voss', tres actores para los que él escribe los personajes. Tenía mucho respeto por los intérpretes, pero decía que si hacen mal su oficio convierten el mundo en algo vulgar. Pone en tela de juicio a estas dos hermanas que trabajan porque se aburren y su padre es accionista de un teatro en Viena.

-¿Y la enfermedad mental?

-El personaje masculino se basa casi al 100% en Ludwig Wittgenstein, el filósofo. Tenía relación con él a través de su sobrino, Paul, que era amigo tanto de él como de Hitler, porque fueron compañeros de clase. Pone en boca del filósofo la locura, pero no como una enfermedad sino como una lucidez extraordinaria, antre la falta de entendimiento mutuo entre él y la sociedad.

-¿Le parece que, en general, la familia es un microcosmos especialmente interesante para la dramaturgia?

-Muchísimo. Es fantástico. En cualquier tipo de escritura la familia nunca se queda corta. La realidad supera con creces a las familias de la ficción, aunque Bernhard es muy 'heavy'. Pero la domina muy bien.

-¡Qué casualidad! Hace 'El almuerzo' y publicita un producto alimenticio.

-Ja, ja, ja... ¡Qué bueno! No lo había pensado. A lo mejor les venían bien los yogures, porque la comida se les atraganta.

La televisión y el Max

-Y, luego, ¿un cigarro? ¿Qué le parece todo este revuelo por unos pitillos en escena en 'Hair'?

-Ahora estoy ensayando 'Falstaff', que dirige Andrés Lima de Animalario, para el Centro Dramático Nacional. Y me estoy fumando toda la función. No sé qué va a pasar. Estoy muy indignada con este tema. Dicen unas tonterías... Yo soy fumadora pero, también, respetuosa. Pero me parece una barbaridad prohibirlo en un espectáculo.

-Además, el que fuma es el personaje, ¿no?

-Claro. No es un añadido frívolo ni una chorrada. Espero acabar fumando en el Teatro Nacional. Es surreralista. Me parece tan estúpido que lucharé hasta el final por encender los cigarros en el escenario. ¿Qué le parece si lo hago en Vitoria después del almuerzo?

-Bueno, yo soy fumador...

-De los míos, menos mal.

-Ocho años largos de la mano de Aída. ¿Son para recordar o tiene ganas de que la gente deje de asociarla al personaje con tanta reposición?

-No sé qué contestar ya. No tengo nada en contra de algo que me ha dado tanto. Eso hace que siga vivo, pero le tengo cariño y lo recuerdo con mucho amor.

-Y se montó en 'La tortuga de Darwin', que le supuso varios premios y se sumaron al buen número que tiene en teatro, cine y televisión. ¿Dónde los guarda?

-En una estantería, pero no para que la gente los vea. Me da un poco de vergüenza. Son una cosa que te recuerda lo que hiciste en su momento. Hay que quererlos a todos, pero aprecio especialmente el Max de 'La tortuga'. Mi carrera empezó y siguió ahí, en el teatro. Pero cuando te han convertido en un fenómeno televisivo es como que eres un personaje y el de cine y teatro, un artista. Es bastante injusto. Por esto me emocionó más.

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