El equipo que bajó desde Arantzazu

Miguel Madariaga, el padre del proyecto, elige los momentos clave en el desarrollo de una escuadra que irá a por el Tour y la Vuelta El Euskaltel-Euskadi inició ayer la temporada de la mayoría de edad, la decimoctava

J. GÓMEZ PEÑABILBAO.
El equipo que bajó desde Arantzazu

Igor Antón, Samuel Sánchez, Sicard, Castroviejo, Isasi, Fernández de Larrea... Los 23 corredores del Euskaltel-Euskadi visitaron el miércoles el Santuario de Arantzazu, concentrados ya para la presentación ayer en San Sebastián de la decimoctava temporada del equipo naranja. Allí arriba seguían en pie, en alto, la basílica de Sáenz de Oiza, el ábside de Lucio Muñoz, las puertas de Chillida, la cripta de Basterretxea y los catorce apóstoles de Oteiza. Al escultor le preguntaron: «¿Por qué catorce?». «Porque no cabían más», respondió, irreverente, genial. Él convirtió el vacío en material para la escultura. El 6 de diciembre de 1993, en una mañana «de un frío apestoso», como recuerda Roberto Laiseka, hasta allí subieron los primeros apóstoles del equipo ciclista vasco: con Laiseka estaban, entre otros, Cabestany, Cuesta, Rubén Gorospe, Solaun, Sagasti, Barcina, González Salvador... Eran quince. ¿Por qué 15? «No había dinero para más», contesta Miguel Madariaga, el creador de aquel equipo Euskadi y de este Euskaltel. Ayer, antes de iniciar la temporada de la mayoría de edad, el mánager de la Fundación Euskadi escogió los momentos clave de ese largo viaje de ida y vuelta a Arantzazu.

La angustia

El proyecto había nacido en otro lugar santo, en la etapa del Tour 1992 que pasó por Lourdes. Madariaga y José Alberto Pradera, diputado general de Vizcaya, ocupaban mesa en una 'brasserie'. Un par de cervezas y un sueño. Compartían tasca con varios auxiliares del equipo holandés PDM, dominador entonces. Y prendió la pregunta de Pradera: «Miguel, ¿sería posible un equipo vasco?». Madariaga dirigía el conjunto amateur Beyena. Lo recuerda bien: «Al principio, pensábamos a lo grande. Era la época de Induráin». Pronto pisaron suelo. «Pasamos casi dos años con el proyecto y no cogía forma. Cometimos equivocaciones. Pensábamos que los ciclistas iban a sentir los colores y vimos que para muchos el único color es el del dinero». Resultó una gestación agónica: «Una angustia. No éramos conscientes de las dificultades que teníamos delante». Aun así, subieron por primera vez a Arantzazu: un equipo modesto, precario, de 15 apóstoles. «Aquella mañana, sinceramente, no sabía si íbamos a tirar hacia delante», relata Madariaga.

Sagasti

«Al principio nadie creía en nosotros». El equipo Euskadi eran tres 'Fiat', una 'Ducato', un grupo de chavales recién llegados como Cuesta o Laiseka, y veteranos de vuelta como Cabestany, Gorospe o Salvador. En abril de 1994 les tocó su primera Vuelta al País Vasco. Y también su primer éxito, el triunfo de Agustín Sagasti en el sector matinal de la última etapa. Tan agónico como el parto del equipo. Sagasti entró agotado, vacío, como una escultura de Oteiza. Pero ganó. «Ahí, la gente empezó a creer». Madariaga no vio la etapa. Aquella mañana tenía treinta personas en la lista de espera de su gabinete de masaje en Mungia. «No había dinero. El sueldo lo daba a la familia y todo lo que sacaba del masaje lo metía en el equipo», recuerda. «Llegaron a embargármelo todo». El Santuario de Arantzazu ha sufrido tres incendios. El Euskadi, aunque quemado, siguió, reforzado por Sagasti.

De la Vuelta al Tour

En 1997, las deudas ahogaban al equipo. Medio millón de euros. Más agobio. «José Luis Bilbao -ahora diputado general de Vizcaya- nos echó una mano, si no...». La otra mano la puso después la firma de telefonía Euskaltel. Las piernas eran cosa de Laiseka. Del ciclista de Algorta es la «victoria más importante»: la etapa que acabó en Abantos en la Vuelta 1999. «Le dio mucha confianza a nuestro nuevo patrocinador. Y nosotros vimos que éramos capaces de hacer cosas importantes». De Laiseka es también el bautizo en el Tour: la victoria más emocionante, la de Luz Ardiden en la ronga gala de 2001, la del debut. «Ir al Tour había sido siempre el gran objetivo y al fin pudimos cumplirlo», cuenta Madariaga.

El salto

Cuando, en 2001, David Etxebarria ingresó en el equipo, el Euskaltel inició su eclosión. Mayo, Zubeldia y Samuel Sánchez crecieron enseguida. Y mucho. El Tour 2003 encumbró a Mayo y a Zubeldia, a la altura de Armstrong y Ullrich en el Tourmalet. Gigantes. Hacía falta una cuerda sólida para atarles. El equipo sufría mal de altura. «En la jornada de descanso del Tour en Pau, José Luis Bilbao vino con el acuerdo de apoyo de la Diputación para los siguientes tres años y con el compromiso también de la Diputación de Guipúzcoa. Ahí empezamos a crecer de verdad y pudimos renovar a Mayo por tres años más». El Euskaltel-Euskadi fue elegido para el UCI Pro Tour, la cima del ciclismo.

La madurez

Madariaga, ya relevado por Igor González de Galdeano al frente de la plantilla profesional, ha disfrutado de 2010. Aquel esbozo de equipo que bajó de Arantzazu a finales de 1993 es ya otra cosa. Capaz de casi todo. «El año pasado he visto a ciclistas hechos aquí, nuestros, luchar por el podio del Tour (Samuel Sánchez) y por la general de la Vuelta (Igor Antón)». Con ellos subió el miércoles a Arantzazu y se presentó ayer en San Sebastián. 18 años.

Lo que espera

«La mayoría de edad trae sorpresas», advierte Madariaga. El Euskaltel ya pisa fuerte, aunque su deporte sea tan inestable. «Al futuro le pido que nos deje ver el final de la crisis». El dinero como tracción para un equipo romántico. Aquí, Madariaga se atreve a atisbar un cruce de caminos en el porvenir de su proyecto: «Puede que siga dependiendo de la Fundación Euskadi (del apoyo institucional) o que coja otros derroteros y se convierta en un equipo grande, con la Fundación ya aparte». El viaje continúa.

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