La Línea 4 de metro costará 370 millones y parará en el campus de Deusto y Plaza de Euskadi

El Gobierno vasco aprueba el estudio informativo del nuevo trazado, que necesitará de cuatro años de obras

JOSU GARCÍA JOSUGARCIA@DIARIO-ELCORREO.ESBILBAO.
La Línea 4 de metro costará 370 millones y parará en el campus de Deusto y Plaza de Euskadi

El Gobierno vasco cuenta ya en sus manos con el estudio informativo de la futura Línea 4 del metro. El anteproyecto, que sienta las bases del trazado que se ejecutará finalmente, tiene gran importancia porque introduce modificaciones sustanciales con respecto a los planes iniciales que habían barajado las instituciones en los últimos años. Tanto es así, que el documento esboza un nuevo ramal de 5 kilómetros de longitud que parte de Rekalde y que irá más allá de la estación de Moyua, donde en principio estaba previsto que muriera. Ahora, según el trabajo desarrollado por los ingenieros de Sener, se incorporarán dos nuevas paradas: Deusto-Universidad y Plaza de Euskadi. Además, se garantizará la interconectividad con el resto de la red de transporte ferroviario al desembocar en Matiko, donde existirá la posibilidad de enlazar con los trenes que llegarán a medio plazo al aeropuerto de Loiu.

Los expertos han programado la construcción de seis estaciones. La más importante será la de Moyua, donde una novedosa solución evitará que haya que perforar nuevas bocas. Las otras cinco terminales serán las ya conocidas de Rekalde, Deusto-Universidad, Plaza de Euskadi y Zabalburu e Irala. Los trabajos tendrán un plazo de ejecución de cuatro años, aunque hasta que se coloque la primera piedra queda un largo trabajo administrativo y político por delante.

El nuevo diseño de la Línea 4 supone ir mucho más allá de un mero tramo para comunicar el barrio de Rekalde con el centro. Todavía es un anteproyecto sujeto a aportaciones y cambios, pero representa una oportunidad para mejorar la movilidad hacia el campus universitario de Deusto, así como hacia uno de los futuros polos de desarrollo de la ciudad: la Plaza de Euskadi, donde se ubican proyectos tan importantes para la ciudad como el Museo de Bellas Artes, el Paraninfo de la UPV o Torre Iberdrola, que abrirá sus puertas este verano para dar cobijo a 3.000 operarios. La futura conexión con el ferrocarril que llevará al aeródromo de 'La Paloma' pondrá el remate a una iniciativa que promete revolucionar no sólo Bilbao, sino también el concepto actual del metro.

Es algo que ha defendido en el último año el actual consejero delegado, Iñaki Prego. En sus últimas comparecencias públicas había insistido en que las líneas 3 y 4 supondrán un punto de inflexión para el suburbano: «Generarán una serie de sinergias muy provechosas para toda la red». Esta teoría se basa en que el número de usuarios global del metro no será el resultado de sumar los viajeros de las líneas 1,2,3 y 4, sino que el crecimiento va a ser exponencial, no geométrico. De esta forma, la capilarización del suburbano permitirá llegar a una bolsa mucho mayor de potenciales clientes, que se moverán libremente entre los diferentes ramales y podrán desplazarse cómodamente a destinos que hace años eran inalcanzables.

Necesidad de consenso

Hasta aquí las ventajas, los beneficios del proyecto. Ahora, las dificultades que separan este escenario dibujado por los ingenieros y expertos de la realidad actual. El primer obstáculo a sortear es la financiación. A día de hoy, el presupuesto de la obra asciende a 372 millones de euros, exactamente el doble del coste de la Línea 3 (185 millones). Sufragar esta ingente cantidad de dinero supondrá un esfuerzo brutal para unas arcas públicas que se encuentran actualmente exhaustas por la crisis económica.

Reunir esta abultada suma requerirá de un fuerte consenso y compromiso entre los dos principales mecenas del metro: la Diputación y el Gobierno vasco. Las relaciones entre ambas instituciones atraviesan un momento delicado. En este contexto, el Ayuntamiento de Bilbao, el municipio más beneficiado por la actuación prevista, se presenta como un importante actor en medio del largo camino a recorrer.

La coyuntura económica recuerda en cierta manera a los inicios del metro, hace ahora unos 20 años, cuando Vizcaya se enfrentaba a un duro proceso de desindustrialización. Dos décadas después, nadie duda de que el medio de transporte más utilizado de Euskadi ha cambiado la forma de moverse de los vizcaínos y supuso un catalizador de la transformación de Bilbao.

Al margen del respaldo económico necesario, el estudio informativo identifica otras complicaciones. En su mayoría son de tipo técnico y no parece que vayan a ser ni mucho menos obstáculos insalvables. Como primer aspecto que destacan los ingenieros está el hecho de que la obra se llevará a cabo sobre «una trama urbana consolidada». Esto obligará a actuar con cautela, así como a ocupar terrenos, en su mayoría de forma temporal. Pero, además, será necesario comprar o expropiar suelo para dar cabida no sólo a las bocas y escaleras, sino también a las salidas de emergencia o los conductos de ventilación.

Grandes lucernarios

El trazado propuesto atravesará en una ocasión la ría y también se cruzará con varias líneas de Renfe y Feve. Asimismo, uno de los puntos «clave» del proyecto es la estación de Moyua. El estudio informativo prevé que la Línea 4 discurra por debajo del trazado actual. El subsuelo que ocupa la plaza donde se ubica el hotel Carlton será el punto neurálgico de la iniciativa. Los nuevos planes pasan por no excavar nuevas bocas y aprovechar los 'fosteritos' y entradas ya existentes. Todos los usuarios serían canalizados a un gran vestíbulo desde donde serían distribuidos hacia la línea 1-2 o hacia la 4.

La solución que se propone adoptar prevé que la distancia a recorrer entre ambos trazados, el espacio para hacer los transbordos, tenga una longitud máxima de 75 metros. Este recorrido para cambiar de convoy se realizará a través de un espacio «singular y luminoso». Será algo muy visual, insisten los ingenieros. La luz procederá, además, de la superficie, ya que está previsto que se abran dos grandes lucernarios para dejar pasar los rayos solares.

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