«Hemos fallado en exceso de utopía, en haber trabajado con el corazón»

TERESA FLAÑOSAN SEBASTIÁN.
Luis Chillida contemplaba ayer el exterior de Chillida-Leku desde el ventanal del caserío Zabalaga. ::                             NAGORE IRAOLA/
Luis Chillida contemplaba ayer el exterior de Chillida-Leku desde el ventanal del caserío Zabalaga. :: NAGORE IRAOLA

Hoy se cierra Chillida-Leku con un futuro incierto. Ayer, el rostro de Luis Chillida, su responsable durante estos diez años de funcionamiento, lo decía todo. «Va a ser un día muy triste, este proyecto me ha ocupado toda la vida», aseguraba sentado en el porche del caserío Zabalaga. «Pero a la familia nos queda la ilusión de haber intentado hacerlo bien. Siempre hemos sabido que era muy difícil llevar a cabo solos lo que estábamos intentando. Pero va a ser para bien, porque estamos trabajando en que sea un museo mejor».

- ¿Volveremos a ver abierto pronto Chillida-Leku?

- Me resulta muy difícil hablar de plazos porque llevamos mucho tiempo de conversaciones que se van dilatando. Veo difícil que lo que no se ha conseguido en cinco años se logre en un mes. Hay que buscar soluciones consensuadas. Todos buscamos lo mismo y hay que llegar a acuerdos, lograr lo mejor para el museo, sin enfrentamientos. No me gusta hablar de negociaciones sino de acuerdos. No tenemos nada que echar en cara a nadie. Mientras pudimos mantener el coste del déficit, las instituciones no tuvieron prisa. Hasta ahora han hecho aportaciones en actividades, pero el gasto corriente ha corrido de nuestra cuenta porque no encontraban la vía para financiar esa partida.

- Pero parece que las posturas, la institucional y la de la familia, están muy alejadas.

- Muy alejadas en cierto modo, pero también próximas. Nosotros tenemos que velar por una filosofía de museo que nos ha costado mucho, no sólo económicamente. Queremos que se continúe trabajando de esa manera. Es lógico que al pensar en el futuro del museo existan preocupaciones sobre cómo se va a financiar. Estoy seguro de que vamos a acercar posturas. Un museo está hecho para conservar la obra, pero también hay que darle vida y nosotros lo hemos intentado, siempre pensando en lo que opinaría aita en cada cosa que hacíamos. Queremos que eso continúe y no que de repente se pueda hacer cualquier cosa.

«Aita sería más inflexible»

- ¿Y qué opinaría su padre?

- Sería bastante más inflexible que nosotros. Ya en vida percibía que el futuro del museo iba a ser problemático. A pesar de toda su ilusión, había momentos en los que se enfadaba y decía que no seguía. Espero que esté orgulloso de nuestra labor.

- Esa labor ha llevado a la situación de tener que cerrar y, como mínimo, tendrán que cambiar la manera de funcionar.

- Pero es que no buscábamos una rentabilidad económica. El valor intrínseco de este museo, que es lo que le hace único en el mundo, es la partipación que tuvo mi padre. Esto le da cada vez más valor y no se puede perder. Otra cosa es que haya que buscar otros modelos de gestión para que no sea muy costoso. Otros muchos museos funcionan con financiación y generan un déficit de funcionamiento similar al nuestro.

- ¿Y en qué han fallado?

- En exceso de utopía, en trabajar con el corazón. Hemos trabajado como aita había planteado el proyecto y no era una persona que buscaba en su trabajo un rendimiento económico, eso llegaba luego. Decía que él ponía el valor a las cosas y el precio lo ponían otros. No me imagino a mi padre pensando que iba a hacer peor una escultura porque le iba a salir más barata. No podemos aplicar ese planteamiento al museo porque es una obra suya más. Nosotros somos bien conscientes de cómo hemos hecho las cosas y si alguien es responsable de cómo han salido somos nosotros, desde que empezó mi padre hasta sus hijos, que lo hemos continuado. Si no puede ser...

- Cuando se inauguró el museo usted comentó que no habían recurrido a las instituciones porque querían mantener su autonomía. ¿A qué parte de esa autonomía renunciarían para mantener abierdo Chillida-Leku?

- A una gran parte. Pero la autonomía fue a la hora de ejecutar el museo. Mi padre trabajaba con la máxima libertad. Si le hubiesen dicho qué hacer no existiría Chillida-Leku. Las instituciones le hubieran marcado plazos para acabar en cuatro años, y no en diecisiete, porque se acercaban unas elecciones. Él tenía los medios para hacerlo porque seguía generando trabajo y muy generosamente lo invertía en su obra cumbre. Cuando se abrió el museo ya sabíamos que iba a resultar muy difícil para nosotros mantenerlo porque no iba a tener los visitantes de un Guggenheim o un Aquarium. Ahora, con la crisis, el déficit se ha disparado.

- ¿Qué es irrenunciable para ustedes en los acuerdos?

- Todo es posible. Se puede hablar de todo y no pensar en los puntos de desencuentro.

- ¿Aceptarían que parte de la obra de Chillida-Leku pasara a integrar el Patrimonio Vasco?

- También. Todo se puede estudiar. Hay que ver en qué condiciones se pueden hacer las cosas. No renunciamos a nada. Tampoco a un pabellón donde hacer exposiciones temporales, siempre que no rompiera con la línea del museo y tuvieran relación con el trabajo de aita. En cambio, no contemplamos la posibilidad de abrir sólo unos meses al año. Eso no es serio.

«Debemos tener un control»

- Han señalado en varias ocasiones que no permitirían que se expusiera obra de otros artistas junto a la de su padre.

- Repito, todo tiene sus matices y se pueden buscar soluciones. Nosotros tenemos que tener un cierto derecho a decidir qué cosas se pueden hacer y cuáles no. Hay que tener presente que todo lo que se haga va ir bajo el paragüas del nombre de Chillida. El museo no sólo tiene obras, tiene un archivo, la responsabilidad de la edición de libros, las becas de los estudiantes. Debemos tener un control sobre lo que se va a hacer con nuestro nombre.

- ¿Cree que la sociedad les ha entendido?

- Una parte sí y otra no, a la que el arte y la cultura interesa muy poco porque no le ven ninguna rentabilidad. Los comentarios no me duelen, sí lo hace que no se quieran poner en el lugar de aquellos a los que la cultura les interesa y en cambio no les parezca caro invertir en un campo de fútbol o en un jugador.

- ¿Le duele que se comente que se ha llegado a esta situación porque son muchos los herederos entre los que hay que repartir el legado de Chillida?

- Somos muchos porque somos muchos. Cualquier persona tiene derecho a decidir lo que hacer con su patrimonio. Sí me parece una pena que el hecho de que mi padre haya sido un artista de prestigio internacional sea un incoveniente. Podía haber dejado su obra repartida por el mundo y no hubiese pasado nada.