La 'rana ágil' encuentra su hogar

Habilitan cuatro espacios en Orduña para garantizar la supervivencia de esta especie única en Vizcaya

L. PÉREZORDUÑA.
Este anfibio está incluido en el Catálogo Vasco de Especies Amenazas de la Fauna y Flora Silvestre y Marina. ::
                             AYUNTAMIENTO./
Este anfibio está incluido en el Catálogo Vasco de Especies Amenazas de la Fauna y Flora Silvestre y Marina. :: AYUNTAMIENTO.

La 'rana ágil' ha hallado su ángel de la guarda en Orduña. El Ayuntamiento, la Diputación y la Sociedad de Ciencias Aranzadi trabajan codo con codo para garantizar la supervivencia de la única población de esta especie en Vizcaya. También conocida como 'rana dalmantina' por su color marrón pálido y sus largas patas -que le hacen saltar hasta dos metros- ha visto peligrar su existencia en los últimos años. De hecho, se encuentra recogida en el catálogo vasco de especies amenazas. Para evitar su extinción, las tres instituciones han creado cuatro pequeños pozos en terrenos de titularidad municipal y foral. Allí, «la rana puede poner sus huevos en charcas donde nacerán y se desarrollarán los renacuajos», explicaron fuentes municipales.

Esta especie ha sufrido como muchos otros animales el deterioro de su principal hábitat. Espacios como Bigandi, la Rondina, la Paúl y la Muera, que durante años le servían de cobijo, han sufrido el azote humano. Por esta razón, desde el Consistorio reconocieron que «era necesario excavar las charcas de unos 50 metros cuadrados en Bigandi, cerca de la cumbre de San Pedro Beratza, Santa Clara y Larrinzar».

Concienciación social

Orduña es uno de los pocos puntos donde habita este anfibio. De hecho, a nivel de España su presencia se limita a algunas zonas de Álava y Navarra. Por esta razón insisten desde el Consistorio en la necesidad de «garantizar su supervivencia, una apuesta por salvaguardar esta especie que, además, arrancó este año declarado Internacional de la Biodiversidad».

Ya de paso, las entidades implicadas quieren que el proyecto contribuya a «concienciar a la población acerca de la consecuencias que tiene la disminución significativa de la fauna y la flora, tanto para el ecosistema, como para la calidad de vida de las propias personas». Los responsables de la iniciativa insistieron en que «la protección de la biodiversidad no es un capricho, sino un deber ético, porque todos los seres vivos cumplen su función en la naturaleza». Pusieron como ejemplo a la 'rana ágil', que contribuye a frenar el aumento de insectos y de la que el humano obtiene diferentes medicamentos.

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