Así es el nuevo mercado de La Ribera

La plaza ha abierto hoy sus puertas con aires de modernidad tras 17 meses de obras y cuatro intensos días de traslado

TERESA ABAJOBILBAO.
Ayer fue un día de trasiego de carretillas y cajas, un «palizón» coinciden en señalar los trabajadores. En la imagen, dos tenderas disponen las hortalizas en el mostrador de su flamante puesto. ::                             FOTOS: MITXEL ATRIO/
Ayer fue un día de trasiego de carretillas y cajas, un «palizón» coinciden en señalar los trabajadores. En la imagen, dos tenderas disponen las hortalizas en el mostrador de su flamante puesto. :: FOTOS: MITXEL ATRIO

Todo está servido en el mercado de La Ribera. A partir de hoy los ciudadanos encontrarán el género de siempre en un edificio renovado, que recrea el diseño original de Pedro Ispizua con aires de modernidad. Incluso los elementos que siempre han estado ahí, como las vidrieras y los torreones, parecen distintos. Cristal de intenso azul en el techo, rojo tierra y gris en la fachada, acero inoxidable en los puestos y escaleras automáticas. La plaza de abastos, con amplias superficies acristaladas, tiene otra luz por dentro y por fuera.

El horario también ha cambiado. Hoy abrirá a las nueve para dar un respiro a los comerciantes tras el traslado, pero el ritmo habitual será de ocho a dos y de cinco a ocho. El cierre se retrasa una hora, aunque los lunes y sábados no habrá actividad por la tarde, para adaptarse a las necesidades de los consumidores. Es una de las novedades que desde hoy se encontrarán los clientes, como el espacio abierto de 1.700 metros cuadrados que se ha ganado junto a la iglesia de San Antón.

Ayer por la tarde se desembalaron los siete bancos de esta pequeña plaza, que se asoma a la cristalera de la entrada. Desde aquí parte un paseo que recorre la trasera del inmueble frente a la ría. Con la reforma se ha recuperado el antiguo camino de sirga, un espacio que antes estaba ocupado por cámaras frigoríficas, cajas y almacenes. La transformación se ha consumado en 17 meses de obras y cuatro días de traslado, aprovechando el puente de la Constitución. «Un palizón», comentaban comerciantes y representantes municipales durante el último recorrido antes de la apertura.

En la recta final se ha trabajado las 24 horas, aunque el proyecto siempre ha estado pendiente del calendario. Cuando el Ayuntamiento rescató la concesión para tomar las riendas de la reforma, en mayo de 2008, ya se había perdido demasiado tiempo. En pocos meses se supo que el proceso corrosivo que afectaba al hormigón exigía una cirugía arquitectónica. La operación se puso en marcha en el verano de 2009 con el compromiso de no cerrar ni un día para mantener intactos los verdaderos cimientos de la plaza, la clientela. Incluso el martes del puente, ya en pleno traslado, se levantó la persiana.

Ayer era un día de trasiego de carretillas y cajas. «¡Cuidado, que mancho!», advertía en plena carrera un comerciante con su preciado cargamento de embutidos. Los 60 puestos se han mezclado como en una ensalada en las dos plantas comerciales, aunque es fácil identificarlos a distancia por el color de los letreros. Verde para las frutas y verduras, rosa para la charcutería... las aldeanas tienen dos zonas reservadas frente a la ría y los negocios que no llevan baldas en la parte de atrás, como las pescaderías, van junto a las fachadas. Desde el interior se ve la calle y en los cristales se reflejan las casas de la ribera. «Hemos recuperado la transparencia del mercado», resume el arquitecto Emilio Puertas, autor del proyecto.

Diez puestos provisionales

El lucernario de la segunda planta, que antes pasaba desapercibido, brilla como un imán. Aunque es blanco, parece malva por la iluminación. En la zona central del mercado hay diez puestos provisionales, mientras que los 50 del ala de San Antón ya son los definitivos. Cuando concluyan los trabajos en La Merced, que durarán año y medio, habrá espacio para dar cabida a nuevos inquilinos y a «actividades complementarias», según explicó el concejal de Salud y Consumo, Sabin Anuzita. Por ejemplo una cafetería, algo que ahora falta.

El Ayuntamiento ya ha recibido algunas solicitudes, aunque no hay prisa para pensar en futuras ampliaciones. Ayer era un día de mudanza y de felicitaciones. «Aquí ha habido más de cien personas trabajando con todas las ganas del mundo, porque este va a ser un elemento tractor para Bilbao y el Casco Viejo», destacó el concejal de Obras y Servicios, José Luis Sabas. Hoy les toca pronunciarse a los clientes. Apenas ha habido tiempo para la decoración navideña, aunque ya se ve lotería y alguna flor de Pascua, y los comerciantes tienen grandes esperanzas en esta campaña.

-Con tantos cambios, ¿tienen la tentación de subir los precios?

-Pensábamos triplicarlo, pero no -bromean-. Los clientes han sido muy fieles y se lo agradecemos. Han seguido viniendo con obras, con ruido. ¡Cómo nos han apoyado!

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