Comienza la reforma del edificio Cerámica de Llodio

El inmueble no se ha rehabilitado en los últimos veinte años

MARTA PECIÑALLODIO.
Un operario trabaja en la reforma de la chimenea. ::
                             JOSÉ MONTES/
Un operario trabaja en la reforma de la chimenea. :: JOSÉ MONTES

Una nueva piel de andamios recubre la Cerámica de Llodio. Su emblemática chimenea sigue reivindicando el honor de ser uno de los primeros edificios de la revolución industrial que dio lugar al Llodio actual. Su deterioro ha obligado a sus propietarios, las empresas que reparten sus oficinas en las tres plantas, a abordar una reforma en profundidad que de devuelva su brillantez. Desaparecerán los desconchones que han ido apareciendo desde que el edificio volvió a recuperarse para el uso, en 1986, así como los daños en la cubierta y las humedades que afectan a algunos locales

El proyecto de rehabilitación redactado por los propietarios asciende a 285.000 euros y cuenta con la colaboración de la sociedad Arabarri que se comprometió a financiar parte de las obras el año pasado, después de estudiar varias propuestas de recuperación. La elección del edificio Cerámica radica en que está catalogado como de interés industrial.

No es para menos. La fábrica de Cerámica fue fundada por el marqués de Urquijo e inició su actividad en 1903. Desde entonces, la zona cuenta con estación ferroviaria propia, hoy conocida como Santa Cruz, que servía para cargar y descargar las tejas que se fabricaban en la empresa. Sus modernas instalaciones acabaron con la elaboración artesanal de tejas, porque sus hornos Hoffman permitían una producción continua. El trabajo de la Fundación Amalur de recuperación de la memoria colectiva de Llodio señala que «tenía capacidad para albergar en su interior hasta 160.000 tejas al mismo tiempo». La producción era tan grande que en 1941, como consecuencia de un vendaval, muchas casas se quedaron sin tejado y el marqués ordenó regalar tejas a todos los vecinos que las necesitaran.

La cercanía del río y de la presa de Bisarrena facilitó el funcionamiento de la fábrica hasta que a mediados del siglo pasado fue adquirida por la cercana Aceros de Llodio. Desde entornes, se dedicó a la producción de moldes y ladrillos refractarios para la acería. La estación de Santa Cruz se utilizó entonces para descargar los vagones que llegaban cargados de piedra caliza y carbón, que se utilizaban en el proceso de producción del acero.

Inundaciones de 1983

El edificio fue acondicionado por última vez a finales de la década de los 80. La fábrica quedó seriamente dañada por las inundaciones de 1983, lo que provocó que quedara abandonada hasta 1986. Fue entonces cuando el arquitecto Iñaki Arrieta redactó un proyecto de rehabilitación que renovó completamente el interior, con una estructura metálica, y mantuvo su aspecto exterior, con su emblemática chimenea como elemento diferenciador.

La rehabilitación se realizó al mismo tiempo que se puso en marcha el Industrialdea de Llodio y su destino ha sido desde entones albergar oficinas. Las empresas que compraron despachos son ahora las propietarias del edificio, que no ha sufrido obras de restauración desde hace más de veinte años.

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