Hollywood en Bilbao

JON URIARTE
Bilbao no tardó en impregnarse del sentimiento evocador que rodea el mundo del cine. ::                             DIANE ARBUS/
Bilbao no tardó en impregnarse del sentimiento evocador que rodea el mundo del cine. :: DIANE ARBUS

La historia que hoy les traigo es una de las más bilbainas que conozco. Su descubrimiento se lo debo a dos personas y a una revista. El primero, Alberto López Echevarrieta. Escritor, erudito en temas de cine, y culpable de ponerla en negro sobre blanco. El segundo, José Mari Venero. Uno de los responsables de Hoy y Ayer, la revista de los antiguos alumnos de Jesuitas de Indautxu, en la que tuvo a bien incluirla para quitarle así el polvo y devolverle su esplendor. Se trata de un curioso 'susedido botxero'. Una película, rodada en Bilbao, por una apuesta.

Alex de la Iglesia va por el mundo cosechando éxitos y la villa presume de cineasta. No solo por su arte, algo que ya exhibieron otros antes, sino por su todo. Desde la seriedad que le ha dado a la academia que preside hasta el esmoquin que luce con señorío. Saber vestirse, según ocasión, es algo que la mayoría de sus colegas desconoce. Por todo ello, zorionak Don Alex. El caso es que, entre eso y el anunciado cierre de los Capitol, viene más a cuento que nunca contarles la relación entre el cine y el botxo. En 1896, meses después de que los Lumière llevaran a cabo su primera proyección en París, tuvo lugar otra en la sociedad El Sitio de Bilbao, por entonces en la calle Jardines. Es más, en 1911, un apasionado del cine llamado Fructuoso Gelabert construyó su propia cámara y rodó una película. 'Fiestas en El Sitio de Bilbao'.

Años más tarde, Aureliano González, fotógrafo, y Alejandro Olavarría, relojero con taller en un portal de Conde Mirasol, decidieron hacer una película. Hicieron dos. 'Un drama de Bilbao' y 'Lolita la huérfana'. Don Alejandro se enamoró de Lolita, de nombre Fany Lebrero, y la sociedad se rompió. Así es la pasión. Puede hasta con el cine. Pero un buen día apareció por allí un oficial de Correos. Se llamaba Telesforo Gil. Y durante una tertulia, que tuvo que ser de órdago, se jugó unas angulas en Casa Luciano. La apuesta: que hacía un largometraje, al estilo de los de Hollywood, en Bilbao. Con un par. Y con una cámara, supongo. Por entonces las angulas no se vendían en joyerías, así que debió ser más por orgullo que por billetes. Contactó con Aureliano González y, los muy castas, elaboraron un documento determinando el reparto de los beneficios. Pusieron 1.000 pesetas cada uno. El título: 'Edurne, modista bilbaína'. Un culebrón que ríase usted de Falcon Crest. Con su viuda, huérfana, señorito, casero acosador…

El presupuesto inicial era de 15.000 pesetas, pero apenas consiguieron 7.500. Aun así, la rodaron. El desalojo de los muebles se filmó, cito textualmente, aprovechando uno real. Con la cámara oculta se tomaron muchas de las escenas sin que nadie se diera cuenta. De ahí que los extras fueran los más baratos y naturales de la historia del cine. La película se estrenó en el Olimpia el 29 de diciembre de 1924. Estuvo cuatro días en cartel, lo que entonces era un éxito. Tanto, que los socios recibieron cinco veces lo invertido. Y estoy convencido de que Don Telesforo disfrutó de todas y cada una de aquellas angulas.

Casi como servidor, al conocer esta hermosa historia que ha tecleado con una sonrisa imposible de borrar. Porque hay cosas que te congratulan con la vida. Cuando los días grises se instalan en el ánimo, viene bien una pincelada txirene. No solo por la distracción momentánea, que también, sino por algo más. La certeza de que siempre hubo gente que nos señaló el camino. Si quieres algo, lucha por ello. Aunque parezca una locura. Así lo hicieron Telesforo Gil y Aureliano González. Dos bilbainos con diptongo. Paisanos que demostraron, hace ahora casi un siglo, que lo de Bilbao no es casualidad. Porque lo nuestro, sea en las apuestas, los negocios o en la vida, viene de viejo.