«A veces la gente exagera con la humildad de Nadal»

El 'creador' del líder del tenis mundial «no pierde el tiempo» en pensar cuándo se retirará su sobrino

JUANMA MALLO
Toni Nadal 'realiza' un saque. ::
                             SUSSANA SÁEZ/
Toni Nadal 'realiza' un saque. :: SUSSANA SÁEZ

Habla pausado, con calma. Resta importancia tanto a su trabajo, como al de su sobrino. «Lo que hacemos nosotros no es muy relevante», apunta. Como si modelar al mejor tenista del mundo, a un chaval de Manacor que con diez años ya apuntaba maneras, y convertirle en el gran dominador de este deporte, careciese de mérito. Pero Toni Nadal (21 de febrero de 1961, 49 años) se quita importancia. También a gestos como el que tuvo el ganador de nueve Grand Slams cuando derrotó en Australia a Roger Federer y el suizo se inundó en lágrimas. «A veces la gente exagera con la humildad de Nadal», asegura para echar la vista atrás y recordar ese proceso de formación, que narrará el próximo viernes en el II Congreso de Jóvenes 'Lo que de verdad importa', que se celebrará en el Palacio de Euskalduna organizado por ADEMÁS Proyectos Solidarios. Fue un crecimiento largo, basado en valores, como la educación, el respeto a los mayores y el esfuerzo, que se han ido evaporando en los últimos tiempos. Pero no en Rafael Nadal. Él, apunta su tío, siempre le obedeció. «Era un niño bueno», remonta su mirada al pasado en esta entrevista con EL CORREO.

- El viernes estará en Bilbao en un congreso sobre superación personal. Nadie mejor que usted con la experiencia de un joven de 24 años, que está en la élite, maduro, que sigue siendo el de siempre...

- Lo que hacemos nosotros no es una cosa muy relevante. En la vida hay un denominador común en todas las cosas: saber esforzarse para superar las adversidades.

- ¿Y cómo se modela a un chaval en estos tiempos en los que estos no quieren esforzarse, carecen de respeto a los mayores?

- Hay dos aspectos fundamentales. Por un lado, la formación. Dedicar empeño en la gente. Yo creo en la disciplina, básicamente. Y después hay otro tema fundamental, que hoy en día parece que está en desuso: la obediencia a la gente mayor.

- Eso se ha perdido...

- Es un síntoma de inteligencia de la gente que entiende que el que le precede en edad normalmente está más preparado que él mismo. Eso para mí es fundamental. Son valores que toda la vida habían existido y existen.

Atiborrarse de bollos

- Y que Rafael Nadal asumió desde el principio.

- He sido un entrenador bastante estricto cuando Rafael era joven. Por mi manera de ser, yo creía y creo en unos principios. Sobre todo lo creo en los demás, como entrenador. No significa que me los aplique a mí. Para nada. Pero si que entiendo que para una buena formación es básico aplicarlos a los jóvenes. Así todo es más fácil.

- ¿Cuántas veces ha tenido que echar la bronca a su sobrino, por ejemplo, por faltar al respeto a un rival?

- Nunca. Era, lo que se entiende, un niño bueno. Uno siempre hace observaciones, pero es lo normal. Es normal que un joven o un niño no haga todas las cosas bien... ¡Faltaría más!

- Ha contado en alguna ocasión que le regañó en un torneo por atiborrarse de bollos de chocolate antes de un partido...

- He intentado que fuera responsable desde pequeño. En el torneo de París, al inicio, vino con unos cuantos croissants de chocolate y Carlos Costa, manager y ex tenista, me dijo 'no le dejes que se coma eso'. Y yo le respondí: 'No, no, que se lo coma. Para que aprenda. Así tiene dolor de estómago. Es mejor que aprenda ahora que no después'.

- Nadal tiene humildad, serenidad... Quizá uno de los mejores ejemplos es cómo se levantó de los problemas familiares del pasado año.

- Todo el mundo lo haría. No creo que sea exclusivo de Rafael. En la vida hay mucha gente que tiene problemas y sigue adelante.

- ¿Temió que explotara?

- Ya estuvo mermado en el juego.

- Pero que se hundiese, que nunca se recuperase del golpe de la separación de sus padres.

- Claro que prefieres que las cosas vayan bien. Pero qué vas a hacer. No hay mal que cien años dure...

- Rafael ha recordado que en uno de sus primeros partidos usted le prometió que iba a hacer llover si perdía para detener el duelo... ¿Era una forma de estimularle?

- No lo hacía como estímulo, sino que lo hacía para divertirme, y para que él se divirtiera. Yo acostumbraba a hacerle creer todo tipo de cosas: desde que yo tenía magia, que había jugado en el Milan, que había ganado varios Tours de Francia... Era una simple diversión.

- Por cierto, ¿hasta cuándo puede durar Nadal? Muchos han hablado de que a los 28 años quizá anuncie su retirada.

- No lo sé. Cuando pase, pasará. Ahora mismo no voy a perder el tiempo pensando en cuánto va a durar.

- ¿Cómo se mantiene la motivación en una persona que lo ha ganado casi todo? Le falta el Másters, pero poco más.

- No creo que haya ganado todo. Para nada. La semana pasada perdió el torneo de Bangkok. Lo que se ha ganado, ganado está y olvidado. O si no está olvidado, al menos está aparcado. Cada semana que él siga jugando, vuelve a tener la misma motivación: la de ganar cualquier torneo. Y eso es también un tema educacional, de formación. Es una virtud que tiene Rafael. Virtud aprendida, quiero pensar. La vida no solo es dar importancia a los grandes eventos, en el caso del tenis Wimbledon, Roland Garros o el US Open. Todos los torneos son importantes. Si uno entiende que es importante irse a jugar a Bangkok, o a Tokio (donde está ahora), la motivación está ahí. Pero está claro que Rafael tiene que valorar lo que está haciendo, porque tiene la suerte de trabajar en lo que él le gusta. Entonces, faltaría más que no estuviera motivado...

- Motivado y siempre humilde. Esta semana ha vuelto a alabar a Roger Federer, al que también consoló tras ganar en Australia...

- Es lo que toca. No es que sea humilde. Toda la gente debería saber su ubicación en el mundo. Y el mundo es suficientemente grande, como para que tú no te sientas muy grande. A veces la gente exagera en este tema de la humildad. Yo creo que es más que un sentido de ubicación: tú sabes quien eres, tú sabes que el mundo seguirá exactamente igual sin ti... No hay que darle más importancia de la que tiene.