Lazkano saca todo su orgullo pictórico

El pintor vasco resume en 82 cuadros, expuestos en el Bellas Artes, la obra de la última década

IÑAKI ESTEBAN I.ESTEBAN@DIARIO-ELCORREO.COMBILBAO.
Jesús Mari Lazkano, al lado de una de las marinas que forman parte de la exposición. ::                             IGNACIO PÉREZ/
Jesús Mari Lazkano, al lado de una de las marinas que forman parte de la exposición. :: IGNACIO PÉREZ

Los cuadros de Jesus Mari Lazkano (Bergara, 1962) gustan nada más verlos. Paisajes que juegan con objetos y espacios familiares, casas históricas, sillas y floreros de arquitectos muy conocidos, bosques y mares en verdes y azules bañados por una luz poderosa. Es como si el refinamiento tuviera un portavoz en los lienzos del creador vasco, que sin embargo avisa de que toda esa belleza es un punto de partida para ir más allá, a los paisajes interiores, a las auténticas emociones.

El artista vasco expone en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, con el patrocinio de la BBK, 82 cuadros fechados entre 1999 y 2009, veinte de ellos inéditos. Comisariada por el propio autor, la muestra se titula 'De la arquitectura a la naturaleza', o de las grandes ciudades como Nueva York y Roma a los cielos rojizos y los suelos nevados, y viceversa. El propio museo vasco es el gran protagonista de la exposición, ya que sus volúmenes y sus exteriores le sirven a Lazkano para reinventar la realidad a su manera y ofrecer imágenes que parecen ser lo que no son. «La pintura es para mí una construcción intelectual, sutil, ambigua, extraña, que abre las puertas a distintas narraciones», sostuvo ayer el pintor.

La muestra se abre con un lienzo de 1999 en el que aparece el estanque de la pinacoteca y la estatua en homenaje a la música de Francisco Durrio. Y cierra con un pequeño y curioso gabinete de bocetos y pruebas del artista en pequeñas dimensiones, primeras tentativas luego corregidas y aumentadas en los cuadros de grandes dimensiones. Como reza el título de un cuadro de 2004, el museo es para Lazkano 'El corazón de Bilbao', el lugar donde se inició en el placer del arte, cuando de niño y de joven visitaba sus salas y admiraba las obras expuestas.

«Limpiar, casi callar»

El paso del tiempo, explicó el artista, es uno de los ejes fundamentales de la exposición. «Entiendo mejor los cuadros ahora que cuando los pinté hace diez años. El trabajo del pintor consiste en borrar, en ir eliminando lo anécdótico, en despejar, quitar, limpiar y casi callar».

De gran pureza lineal, la obra de Lazkano se ha fijado en la arquitectura desde sus inicios. En esta ocasión, la muestra revela las deudas del pintor con el racionalismo de Mies van der Rohe y con los rascacielos neoyorquinos, con los espacios interiores amplios, acristalados, comunicados con el exterior, fríos a primer golpe de vista pero que parecen esconder una gran concentración emocional, como los cuadros del romántico Caspar David Friedrich. Dentro de estos ejes hace su aparición el edificio más representado, la parte moderna del museo de Bilbao, obra de Álvaro Líbano y Ricardo Beascoa.

La famosa 'Casa de la cascada' de Frank Lloyd Wright, el arquitecto que construyó el Guggenheim de Nueva York, se exhibe en varias ocasiones; también el deslumbrante Foro romano, muy cerca de una vista aérea de Nueva York, como si ambas imágenes se reflejaran.

En toda la exposición hay homenajes del pintor a los artistas cuya obra admira; a Eduardo Chillida y a Jorge Oteiza, también a Piero de la Francesca, además de uno especialmente emotivo a José María Ucelay. Al pintor de Bermeo le cita en una gran marina con un cielo azul y nubes rojizas, como el que él pintó en su cuadro 'Jugando a los bolos en San Bartolomé', el barrio de Busturia en el que precisamente Lazkano tiene su estudio. La marina se titula 'Gure Uzelai zeruan zarana' (Ucelay nuestro que estás en los cielos, como el 'Padre Nuestro').

El creador vasco aborda en el prefacio al catálogo el tema del escaso prestigio de la pintura en la actualidad, fruto de «nuestra pobre y sesgada lectura de las vanguardias. Si los modernos nos empujaron a destruirla o a cuestionarla, ya es hora de la reconstrucción, sin miedo, con orgullo», reflexiona.

Toda la muestra es una celebración del arte pictórico y, esta vez sí, merece la pena acercarse al cuadro tanto como se pueda para examinar las pinceladas y alejarse para comprobar el efecto. El espectador se da cuenta de la impresionante altura técnica de Jesús Mari Lazkano y de su amplitud de miras.