Una artista gallega en la antesala del premio Turner

Ángela de la Cruz es la primera firma española que llega a la final del prestigioso galardón del Tate

LOURDES GÓMEZLONDRES.
Una artista gallega en la antesala del premio Turner

Una sala vacía, otra llena de monitores de televisión y cuadros rotos suspendidos de la pared de otro espacio del museo Tate Britain. Son trabajos de los artistas seleccionados al premio Turner, entre los que se encuentra la gallega Ángela de la Cruz. Afincada en Londres desde los años ochenta y con un transgresor estilo minimalista y conceptual, es la primera española que opta al reputado galardón de arte contemporáneo desde su instauración en 1984.

El Turner se centra en artistas menores de 50 años que residen o trabajan en Reino Unido. No premia una obra concreta, sino una exposición montada dentro o fuera del país en el último año. Tiene una dotación de 30.000 euros para el ganador y de 6.000 euros para los finalistas, además de ofrecerles la oportunidad de exponer sus respectivos trabajos en una muestra colectiva que se abre hoy al público. El premio se falla el próximo 6 de diciembre.

De la Cruz fue seleccionada por su exposición 'After' (Después), inaugurada en el Camden Arts Centre de Londres en la primavera pasada. Era su primera retrospectiva en Inglaterra y un importante evento que constató su retorno al estudio tras una ausencia de cinco años provocada por un derrame cerebral. «La reconstrucción tiene tanta o más importancia que la destrucción en el arte de esta artista», señalaba ayer Penelope Curtis, directora de Tate Britain y presidenta del panel de cuatro jurados del Turner.

De la Cruz parte de un acto violento -la ruptura del marco de sus telas- para traspasar las fronteras tradicionales de la pintura en series de instalaciones que cuestionan el volumen y la gravedad, la producción en masa o la coyuntura internacional. Entre las nuevas piezas que expone en Tate Britain destaca 'Deflated IX' (Desinflada), una aparentemente maltratada lona amarilla.

De la explosión de color y la luminosidad de la obra de la artista gallega se pasa a una sala vacía salvo por tres altavoces. La escocesa Susan Philipsz presenta aquí una instalación sonora, 'Lowlands', con repetitivas verberaciones de un lamento del siglo XVI sobre amantes reencarnados en fantasmas en las Tierras Bajas de Escocia. La fuerza melancólica del montaje se pierde entre las paredes de la Tate pero, como recuerda Curtis, «el Turner premia la ubicación original de las obras». Este trabajo se instaló bajo los puentes del río Clyde, en Glasgow, y con otra pieza que sonó en el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo, garantizó el acceso de Philipsz a la recta final del galardón.

«Es una selección muy variada. Es imposible comparar una obra con otra, pero sí podemos reconocer la mejor exposición del año», admite la presidente del jurado. Curtis apunta a la madurez y seriedad de los cuatro seleccionados como eje común del Turner 2010. El inglés Dexter Dallwood es, a sus 50 años, el más veterano del grupo y el único enfocado en la pintura como vía para revisar eventos históricos y socioculturales de trascendencia mediática.

Dallwood construye sus cuadros con capas de distintos elementos en los que siempre está ausente la figura del protagonista de la tela, ya sea William Borroughs o el científico David Kelly que se suicidó a consecuencia de un escándalo en torno a la Guerra de Irak. Referencias históricas entran también en el objetivo de The Otolith Group, integrado por Kodwo Eshun y Anjalika Sagar, quienes recuperan un documental sobre la antigua Grecia en una serie de 13 monitores instalados en Tate Britain.